Creo que más allá de la compresión, hay cosas que, de alguna manera, son muy similares a los sueños. Cosas más allá del amor, el dolor, el dinero o las alegrías que nos diferencian de los demás. Y existen personas que, a pesar de todo, pueden nombrar o identificar, entre otras cosas, sus sentimientos, y de una manera que casi nos hacen a caminar en sus zapatos o tacones. No fui dotado con palabras de plata, ni con cuchara de oro, pero si con algo que, orgullosamente, puede llevarse y, vaya la redundancia, hacia el más allá, y esto es la honestidad.
He vivido cosas de la vida, esas que nos llevan misteriosamente a experiencias o a momentos que jamas hubiésemos imaginado. Y a través de ese océano del tiempo, de la vida o de la muerte que somos, de repente llegamos a una isla donde una alegre soledad nos da la bienvenida.
Al llegar o al cruzarme a los Estados Unidos, por unos días viví de las bolsas y sobras de hamburguesas que la gente dejaba en los cestos de basura. Recuerdo que desde el monte yo salia, a la carrera o de prisa, hacia el área de descanso automovilista por esas bolsas y era para que la migración no me descubriera. Yo no podía creerlo, pero estaba ahi, con mis manos metidas en los cestos y extrañando la deliciosa comida mexicana que, días atrás, de las manos de mi madre entonces yo estaba gozando.
La suerte me acompañó y a duras penas y luego de unas 30 millas, encontré un trabajo, mismo que despues me sirvió para llegar a Houston, Texas. Ahi, en esta cuidad, sobre las carreteras que llevaban al aeropuerto, todos los días, mientras contaba el pasto de los jardines, me veía rodeado de agentes de la migración que ivan rumbo al aeropuerto, pero fue la suerte que siempre nomas me miraron.
Hace ya algunos años de esto, pero por primera vez me fui a cojer con una gringa, una buena amiga y muy rica de los pies a la cabeza, a las afueras, al monte, al aire libre, sobre el cofre del carro y dentro del arroyo. Pero resultó que, al final, no estábamos del todo solos. Nos llegó la policia a pie, nos pescaron en fraganti, en pelotas, nos advirtieron que estábamos en tierras federales y que si había una próxima vez nos multaban y que el costo era 4 veces más caro que un hotel. Yo tenia entonces 33 años y con esa misma amiga del monte, con ella fue que tuvimos un “ threesome” o un grupo de tres, vaya que experiencia.
“ Oye Fidel, mi sobrina me dice que le gustas, que le gustaría cojer con nosotros, ¿ qué piensas?
- pero tú eres su tía, ademas, me conoce tu familia, ¿qué pedos?
- Lo sé..yo no tengo ningún problema, somos una familia de amplio criterio, pero como me oye gritar cuando hacemos el amor, pues ella quiere que tambien la hagas gritar. Dijo la tía.
- bueno, ¿por qué no, ta de edad, formadita, pero que desafío, qué pasa sino grita del gusto? pero bueno, se hace la lucha. Me dije yo.
Ah, si una sola mujer puede ser una diabla, imaginate seis fabulosas manos, cuatro tetas, tres ombligos, felices y pasando el tiempo, tres bocas llenas de besos, tres pares de nalgas yendo hacia adentro y hacia afuera, dos panochas y una verga entrando, ferozmente, por esas ardientes puertas del amor...ah, y las curiosidades, en aquel momento del tiempo, todas eran posibles, y las fueron, a lo menos por un tiempo.
Fidel Guerra, Oregon, Sept 12, 2020.
He vivido cosas de la vida, esas que nos llevan misteriosamente a experiencias o a momentos que jamas hubiésemos imaginado. Y a través de ese océano del tiempo, de la vida o de la muerte que somos, de repente llegamos a una isla donde una alegre soledad nos da la bienvenida.
Al llegar o al cruzarme a los Estados Unidos, por unos días viví de las bolsas y sobras de hamburguesas que la gente dejaba en los cestos de basura. Recuerdo que desde el monte yo salia, a la carrera o de prisa, hacia el área de descanso automovilista por esas bolsas y era para que la migración no me descubriera. Yo no podía creerlo, pero estaba ahi, con mis manos metidas en los cestos y extrañando la deliciosa comida mexicana que, días atrás, de las manos de mi madre entonces yo estaba gozando.
La suerte me acompañó y a duras penas y luego de unas 30 millas, encontré un trabajo, mismo que despues me sirvió para llegar a Houston, Texas. Ahi, en esta cuidad, sobre las carreteras que llevaban al aeropuerto, todos los días, mientras contaba el pasto de los jardines, me veía rodeado de agentes de la migración que ivan rumbo al aeropuerto, pero fue la suerte que siempre nomas me miraron.
Hace ya algunos años de esto, pero por primera vez me fui a cojer con una gringa, una buena amiga y muy rica de los pies a la cabeza, a las afueras, al monte, al aire libre, sobre el cofre del carro y dentro del arroyo. Pero resultó que, al final, no estábamos del todo solos. Nos llegó la policia a pie, nos pescaron en fraganti, en pelotas, nos advirtieron que estábamos en tierras federales y que si había una próxima vez nos multaban y que el costo era 4 veces más caro que un hotel. Yo tenia entonces 33 años y con esa misma amiga del monte, con ella fue que tuvimos un “ threesome” o un grupo de tres, vaya que experiencia.
“ Oye Fidel, mi sobrina me dice que le gustas, que le gustaría cojer con nosotros, ¿ qué piensas?
- pero tú eres su tía, ademas, me conoce tu familia, ¿qué pedos?
- Lo sé..yo no tengo ningún problema, somos una familia de amplio criterio, pero como me oye gritar cuando hacemos el amor, pues ella quiere que tambien la hagas gritar. Dijo la tía.
- bueno, ¿por qué no, ta de edad, formadita, pero que desafío, qué pasa sino grita del gusto? pero bueno, se hace la lucha. Me dije yo.
Ah, si una sola mujer puede ser una diabla, imaginate seis fabulosas manos, cuatro tetas, tres ombligos, felices y pasando el tiempo, tres bocas llenas de besos, tres pares de nalgas yendo hacia adentro y hacia afuera, dos panochas y una verga entrando, ferozmente, por esas ardientes puertas del amor...ah, y las curiosidades, en aquel momento del tiempo, todas eran posibles, y las fueron, a lo menos por un tiempo.
Fidel Guerra, Oregon, Sept 12, 2020.
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