L
Luis Delamar
Invitado

Discutían en un prado
las flores más primorosas;
la Amapola, tan sencilla,
la señoritinga Rosa,
la alocada Campanilla,
y la Azucena chismosa.
Se tiraban de los pétalos
con palabrotas gratuitas
¡La flor del amor, soy yo!,
espetaban calentitas.
Llegó el Clavel reventón
para echar una manita
y solventar la cuestión:
¡Atiéndanme, señoritas!
¡Se acabó la discusión!,
porque mi flor favorita,
la que riega su primor
de una manera gratuita,
y deshojando el amor
hasta su cáliz marchita,
¡No está entre vosotras no!
pues vive en mi corazón,
y se llama Margarita.
Con todo cariño, para mi amiga Elisalle.
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