Colgado en el umbral de algún cortijo
sudando en los veranos asegura
del agua que atesora, su frescura,
con humildad el barro del botijo.
Su nombre puede ser un acertijo
viajando de Aragón a Extremadura:
según la voz del pueblo y su cultura
pipote, búcaro, pichín, botijo.
La física y sus cálculos, precisa,
resuelve la ecuación con que la brisa
lo accionará, sin térmico animismo.
No recuerda el reloj de la memoria
tampoco en los anales de la historia
un fallo en tan perfecto mecanismo.
sudando en los veranos asegura
del agua que atesora, su frescura,
con humildad el barro del botijo.
Su nombre puede ser un acertijo
viajando de Aragón a Extremadura:
según la voz del pueblo y su cultura
pipote, búcaro, pichín, botijo.
La física y sus cálculos, precisa,
resuelve la ecuación con que la brisa
lo accionará, sin térmico animismo.
No recuerda el reloj de la memoria
tampoco en los anales de la historia
un fallo en tan perfecto mecanismo.