La luna en plata se pintó en tus sienes
con una claridad que enloquecía
y eran tus pechos el puntal del día
igual que la cintura que sostienes.
Bailamos al compás de los vaivenes
del seno ardiente que en la nieve ardía,
y gozan de la suave melodía
mis manos que acarician lo que tienes.
Mi lengua es un panal. La miel es suya.
De flores y de azúcar satisfechos
libando cual abeja nuestra boca.
Y al besar dulcemente la flor tuya
se encumbra el alabastro de tus pechos
que un éxtasis salvaje nos provoca.
José Soriano Simón
Safe Creative
julio 2025
Última edición: