Un ventanal orientado al norte
es el ojo de una parte de mi vida.
Delante de él me levanto,
a su luz
los problemas cobran solución.
Mis hijos fueron
una pequeña morula,
un pequeño corazón
que surgieron en la cama
que siempre mira al cielo.
Los ratos mas tiernos
se abrazaron a mi
en torno al latido amarillo
de una farola
que ilumina mi calle
y mi ventana.
Mis esperanzas
amanecen entre las motas firmes de polvo
que cuajan mi cuarto.
Y mis tardes,
tan serenas ahora,
tan llenas de vida,
se alimentan del sutil ruido
que surge en la calle,
de la ligera tiniebla que penetra
en mi cuarto,
de mi alma,
que se pierde rondando poemas…
Del suave calor que mantenemos en casa
y de todas las luces
que alargan sus alas
volando a tientas
por las ventanas.
es el ojo de una parte de mi vida.
Delante de él me levanto,
a su luz
los problemas cobran solución.
Mis hijos fueron
una pequeña morula,
un pequeño corazón
que surgieron en la cama
que siempre mira al cielo.
Los ratos mas tiernos
se abrazaron a mi
en torno al latido amarillo
de una farola
que ilumina mi calle
y mi ventana.
Mis esperanzas
amanecen entre las motas firmes de polvo
que cuajan mi cuarto.
Y mis tardes,
tan serenas ahora,
tan llenas de vida,
se alimentan del sutil ruido
que surge en la calle,
de la ligera tiniebla que penetra
en mi cuarto,
de mi alma,
que se pierde rondando poemas…
Del suave calor que mantenemos en casa
y de todas las luces
que alargan sus alas
volando a tientas
por las ventanas.