Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Me gusta el orden, no las ordenanzas,
los uniformes de las enfermeras,
los delantales de las cocineras,
la prisión de unos labios sin fianzas.
El orden, sí, con mutuas confianzas,
con la ley de invertir en las quimeras,
no importa que no sean las primeras
si al final lo que cuenta es lo que alcanzas.
El orden, por supuesto, a él apelo,
me lo llevo si sabe a caramelo
y ayuda entre semana en el hogar.
Ya estoy harto del caos con patatas,
de los viajes sin vuelo ni azafatas;
me llamo al orden, vuelvo a comenzar.
los uniformes de las enfermeras,
los delantales de las cocineras,
la prisión de unos labios sin fianzas.
El orden, sí, con mutuas confianzas,
con la ley de invertir en las quimeras,
no importa que no sean las primeras
si al final lo que cuenta es lo que alcanzas.
El orden, por supuesto, a él apelo,
me lo llevo si sabe a caramelo
y ayuda entre semana en el hogar.
Ya estoy harto del caos con patatas,
de los viajes sin vuelo ni azafatas;
me llamo al orden, vuelvo a comenzar.
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