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El orgasmo

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"
De los placeres y su fantasía
fueron en nuestro amor, amor desierto,
una noche olvidada, un mal concierto,
un tálamo vacío cada día.


Acércame a tu pecho vida mía
y deja a la serpiente de lo incierto
que ascienda lujuriosa y con acierto
hacia un monte de Venus y ambrosía.


Que enredando mi sexo en sus vergeles
se embriagará de mirtos y claveles
y un deseo de límpido entusiasmo,


ya que al fundir los cuerpos sin temores
estallará la luz en mil colores
tras el trueno estridente de un orgasmo.
 
Mucho gusto, Pepesori.

Le reconozco que entré a leer su poema, solo porque el título me dio curiosidad, y sin expectativa (por prejuicio, porque sinceramente, el título no me gustó), y le confieso que finalmente el poema, para mi sorpresa, me terminó gustando.

Conozco de poética clásica, tanto como de fisión nuclear, o sea nada. Pero como simple lector en general (eso sí, lo soy, y bastante) le dejo aquí, ni siquiera una sugerencia; menos que eso; una -digamos- posible sugerencia.

Por un lado, como ya le conté, el título, al menos con migo, ha resultado ser muy efectista (despertó mi curiosidad y me hizo leer el poema). Eso en sí mismo, sin duda es toda una virtud para un título.

Pero sin embargo -y esto lo veo más como lector de cuentos, relatos breves- si el título fuese cualquier otro, el final del poema tendría, a mi ver, un efecto fulminante, sorprendente, decisivo (y eso, a pesar de que puntualmente a mí siga sin gustarme la mención del orgasmo en sí).

Tal vez se podría buscar un título que también despertase, como este, la intriga, la curiosidad, el deseo de entrar y leer, pero que no adelante el final, arruinando la sorpresa. Sé que no es la primera vez ni mucho menos, que el título de un poema adelanta el final, pero en este caso, el final tiene a mi ver, un impacto especial (impacto que, al haber sido adelantado en el título, se ve en el final del poema, neutralizado).

Le reitero que de poética clásica no sé nada. Y de poética en general, casi nada. O sea que, como dice un muy querido amigo mío, descendiente de vascos: tómelo como de quien viene.

Le mando desde Argentina un fraterno saludo, extensivo a Andalucía, la tierra natal de la madre de mi padre (de apellido Muñoz Trabajo, de Nerva).

Lisandro
 
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