Ya lo decía el poeta
a su burrito Platero,
con la voz de su tintero
le definió su silueta.
¡Ah, qué hermosa la pirueta!
"Verdinegra" la llamó,
la palabra le caló,
fué tan sonora su hondura,
tan misteriosa y oscura
que "el pozo" lo taladró.
Ayer volví al viejo hogar
por ver la lluvia de estrellas,
todas, todas, todas ellas,
quise en su fondo guardar.
¡Oh, que amargo despertar!
está mi pozo tan seco,
que ya no se oye ni el eco
de mi voz acongojada
que se diluyó en la nada
del vacío de su hueco.
¡Qué grande es tu herida, pozo!
con un desconsuelo atroz,
se va quebrando en mi voz,
el cristal de mi sollozo.
Guardas de mi infancia el gozo
de mi risa jubilosa.
Me he vuelto a sentir dichosa
al descubrir, por fortuna,
cómo en tu fondo aún mi luna,
secretamente reposa.
¡El pozo!... Platero, ¡qué palabra tan honda, tan "verdinegra", tan fresca, tan sonora! Parece que es la palabra la que taladra, girando, la tierra oscura, hasta llegar al agua fría.
Juan Ramón Jiménez (Platero y yo)
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