Vicente Fernández-Cortés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy es siempre todavía.
(Antonio Machado)
Estos días azules y este sol de la infancia,
esta luz cenital que me ilumina
no son ya mi trinchera ni mi guerra,
la antorcha funeral del holocausto.
¡Yunques, sonad, enmudeced, campanas!
que hasta mi cielo hispano elevo un grito
de violas mutiladas y rugientes.
Un resplandor torcido y homicida
amaneció en estruendo la paz de tu alborada
como un rayo asimétrico y sonoro.
Protegeré tu duelo, patria mía
resuelto en orfandad de caracolas
sobre el fúnebre son del infortunio.
Y acunaré tu llanto en esta orilla
ligero de equipaje, dolido en dos mitades,
la una en tierra extraña,
la otra en tus quebrantos.
Estos días azules y este sol de la infancia
ya no son los candiles que me alumbran
ni la fiel llamarada del farero
sino el vano fulgor de mi tristeza
y el postrero destello que me habita.
"Estos días azules y este sol de la infancia". Ya conocéis la existencia de este primer y único verso manuscrito encontrado en el abrigo de D. Antonio Machado tras su fallecimiento en Collioure, localidad costera francesa donde se exilió tras terminar la vergonzosa guerra civil que asoló España. Apelo a vuestra indulgencia por este atrevimiento que me permito a modo de homenaje a su memoria. ¡Machado eterno!
Si me decido a publicarlo en este subforo de Clásica se debe a dos razones: la una por incorporar la mayoría de versos en endecas y por otro por considerar que es aquí donde encuentro una crítica constructiva más fundamentada.
(Antonio Machado)
Estos días azules y este sol de la infancia,
esta luz cenital que me ilumina
no son ya mi trinchera ni mi guerra,
la antorcha funeral del holocausto.
¡Yunques, sonad, enmudeced, campanas!
que hasta mi cielo hispano elevo un grito
de violas mutiladas y rugientes.
Un resplandor torcido y homicida
amaneció en estruendo la paz de tu alborada
como un rayo asimétrico y sonoro.
Protegeré tu duelo, patria mía
resuelto en orfandad de caracolas
sobre el fúnebre son del infortunio.
Y acunaré tu llanto en esta orilla
ligero de equipaje, dolido en dos mitades,
la una en tierra extraña,
la otra en tus quebrantos.
Estos días azules y este sol de la infancia
ya no son los candiles que me alumbran
ni la fiel llamarada del farero
sino el vano fulgor de mi tristeza
y el postrero destello que me habita.
"Estos días azules y este sol de la infancia". Ya conocéis la existencia de este primer y único verso manuscrito encontrado en el abrigo de D. Antonio Machado tras su fallecimiento en Collioure, localidad costera francesa donde se exilió tras terminar la vergonzosa guerra civil que asoló España. Apelo a vuestra indulgencia por este atrevimiento que me permito a modo de homenaje a su memoria. ¡Machado eterno!
Si me decido a publicarlo en este subforo de Clásica se debe a dos razones: la una por incorporar la mayoría de versos en endecas y por otro por considerar que es aquí donde encuentro una crítica constructiva más fundamentada.
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