"...tu tiempo es un vidrio,
tu amor un fakir,
mi cuerpo una aguja,
tu mente un tapiz..."
-Charly García-
Miré al cielo apretando
el cuadernito contra el pecho,
y con el lápiz y el corazón
en la mano,
le pedí a las musas un poema.
A poco me cagó una gaviota.
Después otra y para serte franco
me puse un poco tenso.
Al tercer bostazo sólo me cabía
una certeza:
los espíritus sutiles
me habían correspondido.
Igual es raro porque,
en realidad,
lo que pasó luego,
y lo que siguió a la tarde,
y toda la jornada, te diría:
fue sólo el obsceno
mormaso del verano,
la palidez de la libreta,
el jaque con torre y caballo,
-bebiendo solo-
el jugo de lima sin un miserable
cubito de hielo, la falsa
escuadra de la mesa, (la misma mesa
que me heredara abuela Berta,
con la única condición de que la usara
para todo y lo que quisiera,
incluso para hacer el amor,
pan,
o papel picado,
pero jamás para hacer poesías)
el conito de pop, la desolación
de Smaug, el señor de los anillos,
y por si fuera poco,
y atrás del murito
del fondo de casa,
la voz
entrecortada de mi octogenaria
vecina, la Gretel, que, otra vez,
(tal como lo viene haciendo el último
año y medio) me quiere
convencer a toda costa
de los alienígenas ancestrales.
tu amor un fakir,
mi cuerpo una aguja,
tu mente un tapiz..."
-Charly García-
Miré al cielo apretando
el cuadernito contra el pecho,
y con el lápiz y el corazón
en la mano,
le pedí a las musas un poema.
A poco me cagó una gaviota.
Después otra y para serte franco
me puse un poco tenso.
Al tercer bostazo sólo me cabía
una certeza:
los espíritus sutiles
me habían correspondido.
Igual es raro porque,
en realidad,
lo que pasó luego,
y lo que siguió a la tarde,
y toda la jornada, te diría:
fue sólo el obsceno
mormaso del verano,
la palidez de la libreta,
el jaque con torre y caballo,
-bebiendo solo-
el jugo de lima sin un miserable
cubito de hielo, la falsa
escuadra de la mesa, (la misma mesa
que me heredara abuela Berta,
con la única condición de que la usara
para todo y lo que quisiera,
incluso para hacer el amor,
pan,
o papel picado,
pero jamás para hacer poesías)
el conito de pop, la desolación
de Smaug, el señor de los anillos,
y por si fuera poco,
y atrás del murito
del fondo de casa,
la voz
entrecortada de mi octogenaria
vecina, la Gretel, que, otra vez,
(tal como lo viene haciendo el último
año y medio) me quiere
convencer a toda costa
de los alienígenas ancestrales.
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