Tiene la granada el fruto
rojo como la alegría,
son un enjambre de granos
que ilustran mi alegoría:
Se dividen en panales
que guardan en su entretela
el frescor de las mañanas
y aromas de primaveras;
sus racimos tan menudos
se abrazan y compenetran
mucho mejor que las gentes
y el gobierno que gobierna;
lucen mismo colorido
a la derecha o la izquierda
pues no es cuestión de colores
el fruto que da la tierra.
Se reparten por iguales
y llevan la misma esencia
tan igual y tan humilde,
de igualitaria conciencia;
cada piña de rubíes
tiene su propia vivienda
sin ocupar propiedades
ni avasallar casa ajena;
es por ello que en justicia
sin tener inteligencia
disfrutan de los derechos
que dio la naturaleza.
Es a la vez cada grano
el árbitro de las reglas,
el vate que siempre rima
o el pensador que interpreta.
Y poco a poco se enlazan
en un collar de mil perlas
para formar el trenzado
de una sociedad perfecta.
Por eso al abrir los ojos
ante la granada abierta
siempre pienso que debemos
poner la rodilla en tierra.
rojo como la alegría,
son un enjambre de granos
que ilustran mi alegoría:
Se dividen en panales
que guardan en su entretela
el frescor de las mañanas
y aromas de primaveras;
sus racimos tan menudos
se abrazan y compenetran
mucho mejor que las gentes
y el gobierno que gobierna;
lucen mismo colorido
a la derecha o la izquierda
pues no es cuestión de colores
el fruto que da la tierra.
Se reparten por iguales
y llevan la misma esencia
tan igual y tan humilde,
de igualitaria conciencia;
cada piña de rubíes
tiene su propia vivienda
sin ocupar propiedades
ni avasallar casa ajena;
es por ello que en justicia
sin tener inteligencia
disfrutan de los derechos
que dio la naturaleza.
Es a la vez cada grano
el árbitro de las reglas,
el vate que siempre rima
o el pensador que interpreta.
Y poco a poco se enlazan
en un collar de mil perlas
para formar el trenzado
de una sociedad perfecta.
Por eso al abrir los ojos
ante la granada abierta
siempre pienso que debemos
poner la rodilla en tierra.
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