Luis Rubio
Moderador ENSEÑANTE/Asesor en Foro Poética Clásica
Miembro del equipo
Moderadores
Moderador enseñante
Los humanos rebajan los perfiles
de las piletas para hacerlos gratos
a las aves, los perros y los gatos.
Sienten que son más justos y civiles
si hay una ciénaga en mitad de un predio,
o en un jardín, una piscina en medio.
Construyen sus edenes con ladrillos
en jaujas nuevas o en antiguos momios
y aunque a veces parezcan manicomios
no hay clase media que no pazca en brillos.
Quirón busca los huéspedes del cuco
en la genética común del luco.
Las libélulas son, junto a las ranas,
precursoras de mirlos y de ardillas,
especies que hacen guerras de guerrillas
con unas tropas que se tienen ganas.
En un jardín donde anidaba un mirlo
vino una ardilla roja a destruirlo.
También había una culebra terca
rondando el nido, gruesa como un brazo,
que recibía un fuerte picotazo,
cada vez que del mirlo estaba cerca.
La vándala miraba aquellos huevos,
o con ojos alanos, o con suevos.
Aunque el verde bardal, tupido establo,
sirviese al nido de jardín de infancia,
mayor mampuesto no evitó a Numancia
caer, como los ángeles y el diablo.
Pues conociendo el fin que tuvo Euterpe
el virgiliano mirlo habló a la sierpe:
“Tened piedad, reptil, de mi miseria
y utilizad mejor los bisturís
de vuestra boca en ese petigrís
de rojo abrigo, pero de Siberia.
Si ponemos mi nido de carnaza
os llenaréis el vientre con la caza”.
Aunque hubiese tentado un mirlo blanco
al áspid más cerril del paraíso
haría la serpiente caso omiso
a tan amable cláusula de un banco.
No le sirve al fenómeno tal baza
cuando la ley que entiende es la amenaza.
La que la Santa Inmaculada pisa
advirtió un gavilán de aspecto grave
y aunque, en rigor, solo someta al ave,
inmaculada quiso su camisa.
Sin tener pies, los puso en polvorosa,
junto al mirlo y la ardilla, temerosa.
El falso gavilán usa ese truco
para dejar que su señora ponga
un solo huevo de apariencia oblonga
en nido ajeno. Así procede el cuco.
Cuando el mirlo volvió a la paz del nido
quiso salir de Europa el Reino Unido.
Con orgullo crio al amado intruso
y con amor le dio sus apellidos,
pero quien parasita tantos nidos
solo cree en la fuerza del abuso.
Por más que hagamos puertas y cerrojos
quien cría cuervos pierde nido y ojos.
de las piletas para hacerlos gratos
a las aves, los perros y los gatos.
Sienten que son más justos y civiles
si hay una ciénaga en mitad de un predio,
o en un jardín, una piscina en medio.
Construyen sus edenes con ladrillos
en jaujas nuevas o en antiguos momios
y aunque a veces parezcan manicomios
no hay clase media que no pazca en brillos.
Quirón busca los huéspedes del cuco
en la genética común del luco.
Las libélulas son, junto a las ranas,
precursoras de mirlos y de ardillas,
especies que hacen guerras de guerrillas
con unas tropas que se tienen ganas.
En un jardín donde anidaba un mirlo
vino una ardilla roja a destruirlo.
También había una culebra terca
rondando el nido, gruesa como un brazo,
que recibía un fuerte picotazo,
cada vez que del mirlo estaba cerca.
La vándala miraba aquellos huevos,
o con ojos alanos, o con suevos.
Aunque el verde bardal, tupido establo,
sirviese al nido de jardín de infancia,
mayor mampuesto no evitó a Numancia
caer, como los ángeles y el diablo.
Pues conociendo el fin que tuvo Euterpe
el virgiliano mirlo habló a la sierpe:
“Tened piedad, reptil, de mi miseria
y utilizad mejor los bisturís
de vuestra boca en ese petigrís
de rojo abrigo, pero de Siberia.
Si ponemos mi nido de carnaza
os llenaréis el vientre con la caza”.
Aunque hubiese tentado un mirlo blanco
al áspid más cerril del paraíso
haría la serpiente caso omiso
a tan amable cláusula de un banco.
No le sirve al fenómeno tal baza
cuando la ley que entiende es la amenaza.
La que la Santa Inmaculada pisa
advirtió un gavilán de aspecto grave
y aunque, en rigor, solo someta al ave,
inmaculada quiso su camisa.
Sin tener pies, los puso en polvorosa,
junto al mirlo y la ardilla, temerosa.
El falso gavilán usa ese truco
para dejar que su señora ponga
un solo huevo de apariencia oblonga
en nido ajeno. Así procede el cuco.
Cuando el mirlo volvió a la paz del nido
quiso salir de Europa el Reino Unido.
Con orgullo crio al amado intruso
y con amor le dio sus apellidos,
pero quien parasita tantos nidos
solo cree en la fuerza del abuso.
Por más que hagamos puertas y cerrojos
quien cría cuervos pierde nido y ojos.