De vuelta...
Han pasado muchísimos años desde que visitó su ciudad natal.
Los arces azucareros todavía están allí, rodeando el estacionamiento
cubierto de cemento. Alguna vez fue un patio de juegos con césped
donde en primavera, después de los duros inviernos, los niños
jubilosos jugaban. ella era tímida y rara vez participaba. En cambio,
caminaba sola bajo los árboles, maravillándose ante los capullos de
color verde neón que brillaban como estrellas en miniatura.
Hoy camina entre los mismos árboles, viendo caer y alejarse las
cegadoras hojas amarillas, llevando susurros de risa de quienes
han pasado.
Ramas dobladas
suspiran en el viento,
primeros copos.