Las olas del corazón no estallarían en tan bellas
espumas ni se convertirían en espíritu si chocaran
con el destino, esa viaja roca muda.
Friedrich Hölderlin
espumas ni se convertirían en espíritu si chocaran
con el destino, esa viaja roca muda.
Friedrich Hölderlin
HELECHOS DESGARRADOS
Es la lengua como un esférico caldo,
quizás la veo como la hierbabuena
fluctúando entre cuerdas decoloradas
para sentir la necesidad de un coro.
En succión extrema la albúmina rasca
distorsionando las ambiguas modestias
donde los desmayos ya arbolan quijadas
entre una confesión de vientre y memoria.
Nace así el verdadero canto, ser viola
gotas embriagadas, vientre de deseos
tal vez leyes de precios y aromas para
el acecho de esos hinchados niños.
Vivo ese ámbito, mi jaula de sentidos,
fiebre desfigurada y a la vez molde
entre aquellas ruinas naranjas y plenas
que son manantial de sueños relativos.
Queda asi la tela y el frunce, los siglos
un mal de ojo, la pirámide y sus formas
en la columna cortante de ese vaso
ceñido desde todo amor funerario.
Son ejemplos, rodillos casi cortantes
en el vagón de la sirga que se atiende
abriendo costumbres agazapadas, más
poliedros donde Imhotep ya sonríe
a las velas de los presagios sin precio.
* * * * * * *
(luzyabsenta)
Es la lengua como un esférico caldo,
quizás la veo como la hierbabuena
fluctúando entre cuerdas decoloradas
para sentir la necesidad de un coro.
En succión extrema la albúmina rasca
distorsionando las ambiguas modestias
donde los desmayos ya arbolan quijadas
entre una confesión de vientre y memoria.
Nace así el verdadero canto, ser viola
gotas embriagadas, vientre de deseos
tal vez leyes de precios y aromas para
el acecho de esos hinchados niños.
Vivo ese ámbito, mi jaula de sentidos,
fiebre desfigurada y a la vez molde
entre aquellas ruinas naranjas y plenas
que son manantial de sueños relativos.
Queda asi la tela y el frunce, los siglos
un mal de ojo, la pirámide y sus formas
en la columna cortante de ese vaso
ceñido desde todo amor funerario.
Son ejemplos, rodillos casi cortantes
en el vagón de la sirga que se atiende
abriendo costumbres agazapadas, más
poliedros donde Imhotep ya sonríe
a las velas de los presagios sin precio.
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(luzyabsenta)
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