Los aires están jugando
con la floresta aromada.
De entre las ramas del parque,
el invierno deja suaves
besos en la tarde tibia
llenándome la cabeza
con alegrías pasadas.
¡Brisas y vientos que no
lleváis a ningún sitio
y llegáis a todas partes,
venís a mi a tormentarme
agitando las cadenas
de la oxidada nostalgia,
como el gorrión con sus trinos
llega a rincones del parque...
Deberíais de saber,
que lo vivido no vuelve
y nunca recobrará
su solidez y destello
por mucho que se alcen voces
hacia el techo del eterno!
Voy viviendo el día a día
con el corazón mohoso,
en grises o azules cielos
como la fuente del parque
que ve llegar a la gente
y pasan sin detenerse
ante su callada boca.
Hay unos niños, que alegres
juegan y corretean
por los columpios del parque
llevándome a recordar,
que yo también jugaba y
correteaba como ellos,
en el mismo viejo parque,
bajo el mismo viejo cielo.
¡Cómo me recuerda el alma,
aquellos días lejanos!
Voy viviendo el día a día,
abrazando cada instante,
a todas partes mirando
mas sin detenerme en nadie,
yo solo, conmigo mismo,
sin amores y sin llantos...
y en la nostalgia del parque,
un ocaso de esplendores
y de delicados ósculos,
se despide reflejándose
en el solitario estanque.
El silencio me acompaña
mientras se agranda mi sombra,
y entre aromas y silencios,
en las escaleras del
estanque, me siento con
mi libro, que no he leído.
Luis