Tengo una carta de una novia de la adolescencia, una carta con un poema que desde que lo leí me capturó. Creo ella escribió la carta, pero toda su familia la firmó, incluidas las huellas de una garra del gato al reverso de la hoja.
La familia fue siempre muy amigable conmigo y me invitaban a convivir con ellos, como si me debieran un favor. En realidad, el favor se los debía yo por haberse mudado del Sur al Norte de Mexico con su hija que, en un amanecer de un día del año 1985, a mirada fija hicimos un big bang pequeño.
Si, estoy en medio del recuerdo y me siento bien, agradecido por las experiencias de la vida, complacido que hayan pasado y que sigan viajando conmigo. Así que voy a empezar a contar desde su mirada porque allí fue donde todo comenzó o al menos donde creo que todo se originó y donde feliz planté mis entonces adolescentes sueños. A pesar del tiempo, ella sigue siendo la misma mujer que conocí; desenvuelta, real, bonita y tan sonriente como si cada momento fuese una nueva experiencia o un saber que las estaciones vuelven, mas no el espíritu del instante que no somos ya.
No se si podremos recordar o agradecer a todas las personas que hemos conocido, ni si con todas las urgencias y fuerzas en puño cerrado habremos de retener un solo segundo de lo vivido. Lo que sé es que los escritos satisfacen y me ayudan a vivir la vida, mas no a entenderla porque esa no es mi misión.
Para la mujer que me escribió el primer poema de mi vida, aquel poema de aquellos días que ocupa a los que ahora vivo. Yo le agradezco!
Fidel Guerra.
La familia fue siempre muy amigable conmigo y me invitaban a convivir con ellos, como si me debieran un favor. En realidad, el favor se los debía yo por haberse mudado del Sur al Norte de Mexico con su hija que, en un amanecer de un día del año 1985, a mirada fija hicimos un big bang pequeño.
Si, estoy en medio del recuerdo y me siento bien, agradecido por las experiencias de la vida, complacido que hayan pasado y que sigan viajando conmigo. Así que voy a empezar a contar desde su mirada porque allí fue donde todo comenzó o al menos donde creo que todo se originó y donde feliz planté mis entonces adolescentes sueños. A pesar del tiempo, ella sigue siendo la misma mujer que conocí; desenvuelta, real, bonita y tan sonriente como si cada momento fuese una nueva experiencia o un saber que las estaciones vuelven, mas no el espíritu del instante que no somos ya.
No se si podremos recordar o agradecer a todas las personas que hemos conocido, ni si con todas las urgencias y fuerzas en puño cerrado habremos de retener un solo segundo de lo vivido. Lo que sé es que los escritos satisfacen y me ayudan a vivir la vida, mas no a entenderla porque esa no es mi misión.
Para la mujer que me escribió el primer poema de mi vida, aquel poema de aquellos días que ocupa a los que ahora vivo. Yo le agradezco!
Fidel Guerra.
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