Muchas gracias Danie por el comentario, sobre todo por el que cito arriba. Creo que no hace falta que te exponga lo que yo creo al respecto, pero te diré, como a Luis, que no estoy de acuerdo con lo que opináis de la tauromaquia; pero eso sí, te respeto y respeto tu opinión, aunque tú al empezar ya me has dado una pista:"Yo no sé nada de la tauromaquia. Lo único que sé, y creo que muchos ya saben, que me resulta repulsiva la idea de que esto sea considerado un arte. El arte de cómo matar." y sobre todo por eso es normal que lo veas de manera distinta a como lo veo yo, y nunca como le pasa a Luis, cambiarás de opinión, se que es difícil y tampoco lo pretendo. Pero aún así os quiero, como al toro. jajaja.
Un fuerte abrazo Danie. José I.
Hola, José… si antes le di me gusta a tu anterior comentario, el que le hiciste a luis, creo que te imaginas que es porque mantienes el respeto y una buena forma de debatir ante un tema tan caliente como este. Pero con respecto a todo lo que dices… creo que te imaginas que no estoy de acuerdo. Con respecto a lo que dije antes de la tauromaquia, de no saber un pepino sobre ella. Bueno, es un poco de mentira. Sinceramente no fui a España a verla, y aunque estuviese ahí ni podría verla, no me daría el estómago. Pero si he leído artículos, libros, noticiarios… y verdaderamente saco mis conclusiones en base a eso. Primero, nunca se podría comparar la matanza de un animal para alimentarse que la matanza por el solo hecho de entretener. Aunque después se diga que se comen al toro. Son dos cosas completamente distintas, y yo como Luis, muchas veces no puedo ni justificar la matanza de un animal para alimentarse.
Por otro lado, seamos sinceros y digamos la verdad. Desde que el toro entra a la arena está sufriendo y está en desventaja. Esto te lo puedo comprobar con cientos de artículos… creo que no es necesario.
Después se dice que la tauromaquia es una arte y un deporte.
Es cierto que hay muchos periódicos lo anuncian como un deporte, otros ni lo presentan, y otros lo muestras con otros puntos de vista.
Pero voy a ir a los errores conceptuales de esos periódicos que lo presentan como un deporte.
Primero, y apelando a la definición del Diccionario de la Real Academia Española, el deporte se entiende de la siguiente forma: “Actividad física ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.” Visto así, el fenómeno taurino no es una manifestación de ejercicio físico significativa, tampoco, una acción que goce de complejidad en sus normas, y mucho menos, una ejecución fundamentada en la competencia.
Si algo es distintivo del deporte, es la emoción de sus participantes. La
fiesta brava, si fuera deporte, fuera celebrada con el consentimiento de las partes y, en ningún momento, destacaría a víctimas o victimarios. La suerte del toro no se publica en los periódicos, pero un acto de conmiseración invade las principales planas cuando el “matador” sufre la embestida y castigo de los pitones.
Luego, al consultar la amplísima definición de arte, un segundo error se hace presente. El término se considera como: “Obra o actividad humana a través de la cual el hombre puede expresar lo inmaterial, crear belleza y suscitar emociones.” Si bien el toreo es una actividad humana, el animal es el protagonista o materia prima de una realización carente de rasgos estéticos que doten de belleza a la matanza de la bestia.
El tipo de emociones que suscita
la fiesta brava son distintas a las provocadas por el arte. Establecer una lógica comparativa entre ambas actividades es inútil, pues el fin que persiguen les contraría. La sola presencia de sangre, podría cuestionar la legitimidad de la belleza. Situar al toreo dentro de la tipología artística exigiría también, un esfuerzo conciliatorio entre la violencia hacia el animal y las pretensiones humanistas del arte.
Durante una corrida, el toro se enfrenta a tres rivales. El primero, con el afán de tomar ventaja bajando la cabeza del animal, es un picador que inserta sobre los músculos del cuello unos ganchos filosos de más o menos, 20 cms de largo. El segundo se encarga de clavar seis banderillas cuya punta perfora pulmones, genera hiperventilación y causa dificultades para respirar. El tercero, con más ventaja, penetra con un estoque.
Aún con los pulmones colapsados, lesiones en diafragma u órganos internos, el animal no muere. Sólo después de 20 minutos y, a escondidas de los espectadores, el animal perece. Sus restos, en algunos países como Ecuador, se aprovechan para el consumo humano.
Finalmente, sometidas a este rigor conceptual, las corridas de toros no pueden ser catalogadas como deporte o arte. Ninguno de los términos contempla el deceso de los participantes o productores. Las faenas son un espectáculo, una tradición. La matanza de un animal en forma deliberada no puede escudarse en las virtudes de una terminología que promueve el desarrollo sano de las civilizaciones.
Ahora, lo que sí no sé es sobre las políticas españolas, y los partidos que pueden estar a favor o en contra de esto, y a su vez sus simpatizantes.
Pero lo que sí sé es que el torero y su ritual con el toro entran en un plano más de la costumbre, una costumbre arcaica que ya se tenía que haber terminado hace mucho.
José, a veces me gusta viajar en el tiempo sólo con la mente. Qué pasaría si vamos un par de siglos atrás, a la época del Coliseo regido por los gladiadores bajo las órdenes del Cesar. La plebe lo tomaba como una fiesta. Y se derrochaba mucha sangre humana, pero no era sangre de la clase alta, ni del senado. Era sangre de los soldados enemigos, de los extranjeros, de los esclavos, etc. O sea que no pasaba nada, se podían divertir con ese espectáculo ya que era la sangre de una clase inferior a ellos. Bueno, José. Yo pienso que algo parecido pasa con la muerte de los toros en el ruedo.
Y sí, con respeto a los cazadores, se considera muy mal el concepto de deporte. Lo único que podrían tener a favor que los cazadores no matan al animal con tanta agonía. Es una muerte más directa, pero igual es una mierda ya que buscan la diversión y el placer en la muerte de un animal que a nadie molesta.
Un abrazo grande José. Y mil disculpas que continúe con el debate; pero me parecía que habían cosas de mi parte que no se comprendían muy bien.
Yo también estoy empezando a apreciarte, amigo José, a pesar de que tengamos nuestras diferencias. Por otro lado, es bueno tener diferencias, se abre la mente a otras ideas.