La cruz

Victoria M.

Poeta recién llegado
Mientras en la estancia todo eran lamentos
y en el lecho yo vivía mis últimos momentos
¡lo admito! Allí sí tuve miedo

Mientras me untaron con aceite bendito
y casi sin fe recibí el último sacramento
¡lo admito! Allí sí tuve miedo

Mientras me ahogaba entre gemidos
y el dolor ahondaba mi cuerpo
¡por supuesto! También tuve miedo.

Y sin embargo,
mientras expiraba mi último aliento
y mis ojos con la cruz de la pared coincidieron,
cuando vi al <<rey de los judíos, Jesús el Nazareno>>
¡Aquí sí lo admito! Solo pude rogarle “llévame contigo”.
 
Mientras en la estancia todo eran lamentos
y en el lecho yo vivía mis últimos momentos
¡lo admito! Allí sí tuve miedo

Mientras me untaron con aceite bendito
y casi sin fe recibí el último sacramento
¡lo admito! Allí sí tuve miedo

Mientras me ahogaba entre gemidos
y el dolor ahondaba mi cuerpo
¡por supuesto! También tuve miedo.

Y sin embargo,
mientras expiraba mi último aliento
y mis ojos con la cruz de la pared coincidieron,
cuando vi al <<rey de los judíos, Jesús el Nazareno>>
¡Aquí sí lo admito! Solo pude rogarle “llévame contigo”.

No quedaba más solución que encomendarse a quien quizás podría llevarte a un buen fin.

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Muchas gracias por tu comentario. Para realizar estos versos me inspiré en una experiencia que viví recientemente, pues estuve ingresada en el hospital por una pulmonía y lo pasé bastante mal. No obstante, en la pared de la estancia había un crucifijo y me proporcionó cierto sosiego (soy creyente). Igualmente, el protagonista de esta poesía no soy yo, sino un personaje inventado. Yo nunca estuve al borde la muerte.

Por cierto, veo que mi publicación se ha traspasado a este hilo. Mis disculpas por equivocarme.
 
Mientras en la estancia todo eran lamentos
y en el lecho yo vivía mis últimos momentos
¡lo admito! Allí sí tuve miedo

Mientras me untaron con aceite bendito
y casi sin fe recibí el último sacramento
¡lo admito! Allí sí tuve miedo

Mientras me ahogaba entre gemidos
y el dolor ahondaba mi cuerpo
¡por supuesto! También tuve miedo.

Y sin embargo,
mientras expiraba mi último aliento
y mis ojos con la cruz de la pared coincidieron,
cuando vi al <<rey de los judíos, Jesús el Nazareno>>
¡Aquí sí lo admito! Solo pude rogarle “llévame contigo”.
Con este poema sólo me comprueba tu gran inspiración y creatividad que posees. Grato visitar tus letras, un abrazo
 

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