La mujer del bosque

Amo los bosques pero me la pensaré
dos veces antes de ir a uno por la noche,
a menos de estar segura de que no asesine
a alguien.
Maravillosas letras, siempre me estremecen
tus lineas tan llenas de arte y belleza, aun
en el miedo se reconoce lo maravilloso.
Un placer inmenso leerte!!!!
 
Impresionante dulcinita, yo me sé una historia también de un hombre que se perdió en un bosque que conocía como la palma de su mano, esas cosas pasan a veces

Encantada de leerte, amigo

mi saludo cordial
 
Saludos Dulcinista.

Historia que atrapa y deja ver como la conciencia tratando de evadirla, aniquila con extraños juegos mentales Dulcinista. Saludos.
 
En esta historia se puede ver el abuso contra la mujer, por el machismo de la fuerza que termino en tragedia con la muerte de la joven, como dice el dicho a hierro mata a hierro muere,el espiritu de gabino lo ajusticio,saludos
 
Me encantó. No tengo palabras para describir tan tremendo relato. Felicidades.
 
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Eustaquio Ezeiza vivía en una cabaña rodeada por un frondoso bosque. Una noche, al volver del pueblo, extravió el rumbo. No creía lo que le estaba pasando. Conocía aquel bosque como la palma de su mano. Le echó la culpa de su extravío a la espesa niebla que se había levantado. No reconocía el lugar; hasta los árboles eran distintos. Era otoño. El viento arrastraba las amarillentas hojas de los árboles. Le pareció ver pasar junto a él una sombra. Oyó un grito a su espalda. Vio un resplandor a lo lejos. Se acercó a él. Llegó hasta un pozo. Un perro dormía junto al brocal. Una mujer surgió de entre los árboles. Era hermosa y esbelta. Le pidió que la siguiera. Lo hizo. Llegaron a una explanada sin árboles. Entraron en una cabaña. Le asombró lo que vio en ella: un hombre y una mujer forcejeaban entre sí; la mujer era la aparición del bosque y el hombre era él mismo. Miró a su acompañante. Había desaparecido. Seguía viéndose a sí mismo peleando con la mujer. Vio cómo la aparición, que era él sin serlo realmente, la mataba. Vio el cuchillo clavado en el corazón de la mujer. Huyó despavorido. Le pareció que algo o alguien lo perseguía. Vio al perro que dormía junto al pozo siguiendo sus pasos; sus ojos, de un penetrante color rojo, desprendían un brillo flamígero; lo perseguía con una insistencia de fiera. Oyó gritos en la profundidad del bosque.
Cuando abrió los ojos lo primero que vio fueron las relucientes estrellas. Se había quedado dormido bajo un árbol. Pensó en lo extraños que son algunas veces los sueños. Pensó en lo agradable que era reconocer nuevamente el bosque por el que tantas veces había transitado. Se sintió a salvo de todo. Se alegró de poder volver a casa. Oyó ladridos de perros y gritos de personas. Supuso que lo estarían buscando al haberse perdido. Se alegró de que todo volviera a la normalidad. A lo lejos, divisó a los hombres y a los perros. Como un relámpago, cruzó por su mente la verdad: no lo buscaban, sino que lo perseguían. Recordó lo sucedido la noche pasada: en un ataque de celos había matado a la hija de Gabino Oquendo, el que fuera médico del pueblo, ya fallecido. Cada vez estaban más cerca los perseguidores. Se dio la vuelta pensando en huir. Frente a él había un hombre; sus ojos, de un penetrante color rojo, desprendían un brillo flamígero. Eustaquio se quedó paralizado por el terror. El hombre tenía el mismo rostro que Gabino Oquendo. Lo agarró de un brazo y lo arrastró hasta un pozo escondido en la espesura del bosque. Lo arrojó dentro. No gritó ni opuso resistencia porque antes de ser arrojado al pozo ya estaba muerto. Como la muchacha que yacía dentro y que él había asesinado la noche anterior. Muerto el cuerpo en el pozo y el alma sufriendo en el infierno.

Eladio Parreño Elías

20-Septiembre-2011


Eladio, amigo hermoso,

Eustaquio tuvo un sueño pero la realidad que vivía era más atroz que la pesadilla. En el sueño vio un perro que lo asustaba y en la realidad vio nada mas y nada menos que el espiritu de Gabino. Me pregunto.... a veces la realidad no es más cruel y despiadada que la fantasía? Buenas reflexiones siempre salen de tu verbo mi precioso amigo. Abrazotes del tamaño del universo con todo mi cariño.
Clau
:::lengua1:::


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Wow!!! hasta me dio calosfrios leer tu relato, me gustan tus cuentos... sabes dar la imágen perfecta a tus letras...el sentido, el lugar bien descrito. Te felicito mi amigo, te doy infinitas gracias por invitarme a leerlo... Yo en cambio trato y trato pero sin resultados... he publicado un cuento y no he tenido respuestas... me gustaria que lo leyeras y me dieras tu opinión... sin adornos... con franqueza... se trata de aprender, de corregir las falencias... Por ello antes que nada te vuelvo a dar las gracias

http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-melancolicos/384891-el-ocaso-de-un-verano.html

Estrellas y un café
 
Lo de los nombres de tus personajes se las trae eh? casi sorprenden más que los miedos de Eustaquio.

Un abrazo compañero...
 
Querido amigo Dulcinista aveces pienso si te visitan demonios para inspirarte en tan macabros relatos que de la primera linea me ponen los pelos de punta, aunque me encantan porque me trasportan a la escena y a vivir las emosiones de los personajes, siempre sorprendentes y cargados de sorpresas nada agradables por cierto, qué miedo!!!!!!!!!!!!! valgame Dios que nunca he entrado en un bosque !!! te dejo un beso en medio de un millon de estrellas. Rànula.
 
Estimado poeta,me gusta tu pluma ,pero alguna vez me gustaria leer algo alegre si puedes

hasta pronto:::sorpresa1:::
 
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Eustaquio Ezeiza vivía en una cabaña rodeada por un frondoso bosque. Una noche, al volver del pueblo, extravió el rumbo. No creía lo que le estaba pasando. Conocía aquel bosque como la palma de su mano. Le echó la culpa de su extravío a la espesa niebla que se había levantado. No reconocía el lugar; hasta los árboles eran distintos. Era otoño. El viento arrastraba las amarillentas hojas de los árboles. Le pareció ver pasar junto a él una sombra. Oyó un grito a su espalda. Vio un resplandor a lo lejos. Se acercó a él. Llegó hasta un pozo. Un perro dormía junto al brocal. Una mujer surgió de entre los árboles. Era hermosa y esbelta. Le pidió que la siguiera. Lo hizo. Llegaron a una explanada sin árboles. Entraron en una cabaña. Le asombró lo que vio en ella: un hombre y una mujer forcejeaban entre sí; la mujer era la aparición del bosque y el hombre era él mismo. Miró a su acompañante. Había desaparecido. Seguía viéndose a sí mismo peleando con la mujer. Vio cómo la aparición, que era él sin serlo realmente, la mataba. Vio el cuchillo clavado en el corazón de la mujer. Huyó despavorido. Le pareció que algo o alguien lo perseguía. Vio al perro que dormía junto al pozo siguiendo sus pasos; sus ojos, de un penetrante color rojo, desprendían un brillo flamígero; lo perseguía con una insistencia de fiera. Oyó gritos en la profundidad del bosque.
Cuando abrió los ojos lo primero que vio fueron las relucientes estrellas. Se había quedado dormido bajo un árbol. Pensó en lo extraños que son algunas veces los sueños. Pensó en lo agradable que era reconocer nuevamente el bosque por el que tantas veces había transitado. Se sintió a salvo de todo. Se alegró de poder volver a casa. Oyó ladridos de perros y gritos de personas. Supuso que lo estarían buscando al haberse perdido. Se alegró de que todo volviera a la normalidad. A lo lejos, divisó a los hombres y a los perros. Como un relámpago, cruzó por su mente la verdad: no lo buscaban, sino que lo perseguían. Recordó lo sucedido la noche pasada: en un ataque de celos había matado a la hija de Gabino Oquendo, el que fuera médico del pueblo, ya fallecido. Cada vez estaban más cerca los perseguidores. Se dio la vuelta pensando en huir. Frente a él había un hombre; sus ojos, de un penetrante color rojo, desprendían un brillo flamígero. Eustaquio se quedó paralizado por el terror. El hombre tenía el mismo rostro que Gabino Oquendo. Lo agarró de un brazo y lo arrastró hasta un pozo escondido en la espesura del bosque. Lo arrojó dentro. No gritó ni opuso resistencia porque antes de ser arrojado al pozo ya estaba muerto. Como la muchacha que yacía dentro y que él había asesinado la noche anterior. Muerto el cuerpo en el pozo y el alma sufriendo en el infierno.

Eladio Parreño Elías

20-Septiembre-2011





Es una historia muy bien llevada y con un final lleno de giros que su desenlace sorprende. Buena imaginación y mejor pluma.
Me gusto mucho amigo mío.

MAESE JOSMAN
 
Última edición:

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