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La sangre obscena

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"
¿Oyes, toro? ¿Percibes los temores
que en el tendido sol, al sol condena?
¿Y sientes el ardor que te enajena
esa vil banderilla de colores?

¿Y no ves que se enciende en mil fulgores
tu sangre en el albero tan obscena?
Es un rojo clavel, que de la arena
asciende al aire en tristes resplandores.

Lleva el traje de luces grana y oro
el relicario, madre, de la suerte.
Y el reloj se paró, ya es tu hora, toro.

Ve a la cita y, aunque eres el más fuerte
demuéstrale tu casta sin desdoro
y así cambiar su gloria por tu muerte.


Pepe Soriano Simón
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Sencillamente sobrecogedor. Has retratado con maestría la barbarie de la fiesta nacional desde la perspectiva de la víctima, pura nobleza, a la que se humilla y tortura para regocijo del demonio.
Mis aplausos, querido amigo. Un abrazo fuerte con mis mejores deseos
 
¿Oyes, toro? ¿Percibes los temores
que en el tendido sol, al sol condena?
¿Y sientes el ardor que te enajena
esa vil banderilla de colores?

¿Y no ves que se enciende en mil fulgores
tu sangre en el albero tan obscena?
Es un rojo clavel, que de la arena
asciende al aire en tristes resplandores.

Lleva el traje de luces grana y oro
el relicario, madre, de la suerte.
Y el reloj se paró, ya es tu hora, toro.

Ve a la cita y, aunque eres el más fuerte
demuéstrale tu casta sin desdoro
y así cambiar su gloria por tu muerte.


Pepe Soriano Simón
Safe Creative
el verso que remata el soneto este es de antología y solo por él valen la pena los 13 anteriores. Pareciera que hayas escrito el soneto al revés, empezando por el último. Pareciera también que tras el pase de pecho final de una brillante faena de muleta el toro de ha quedado clavado mirando la espalda del diestro que se dirige a las tablas a por el estoque de acero. En todo caso un magnífico soneto extraordinariamente bien cimentado.

un abrazo grande.

Salva.
 
¿Oyes, toro? ¿Percibes los temores
que en el tendido sol, al sol condena?
¿Y sientes el ardor que te enajena
esa vil banderilla de colores?

¿Y no ves que se enciende en mil fulgores
tu sangre en el albero tan obscena?
Es un rojo clavel, que de la arena
asciende al aire en tristes resplandores.

Lleva el traje de luces grana y oro
el relicario, madre, de la suerte.
Y el reloj se paró, ya es tu hora, toro.

Ve a la cita y, aunque eres el más fuerte
demuéstrale tu casta sin desdoro
y así cambiar su gloria por tu muerte.


Pepe Soriano Simón
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Lo tengo claro, si la tauromaquia es arte, la antropofagia es gastronomía fina. Oportuno poema de denuncia contra la barbarie, querido amigo.

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el verso que remata el soneto este es de antología y solo por él valen la pena los 13 anteriores. Pareciera que hayas escrito el soneto al revés, empezando por el último. Pareciera también que tras el pase de pecho final de una brillante faena de muleta el toro de ha quedado clavado mirando la espalda del diestro que se dirige a las tablas a por el estoque de acero. En todo caso un magnífico soneto extraordinariamente bien cimentado.

un abrazo grande.

Salva.

Muchas gracias Salvador otro abrazo para ti
 
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