Muchas gracias, Maroc. Es gracioso, a excepción de cuando te toca el papel de protagonista del bodivorcio.
Un saludo
Qué razón llevas; cada uno ve la guerra según le ha ido en ella.
Para acompañar la tristeza de esos corazones afligidos por los lazos que, en ocasiones, se rompen o descosen durante la vida te contaré un cuento que me contaron hace años y que versa sobre el tema:
Lucas era un hombre sencillo, joven, soñador, despistado y a la vez atento, Lucas tocaba el clarinete y, sobre todo los "finde", se acercaba por un parque de su gran ciudad donde tocaba junto a otros músicos para disfrute de todos y de paso sacarse unas perrillas. El cantante del grupo era un Británico con una bella y potente voz que utilizaba sin ayuda de micro, además eran: una flauta travesera, un acordeonista, un par de saxofonistas, un violinista, un percusionista y alguno que se apuntaba muy de vez en cuando con un trombón de varas o cualquier otro instrumento. Pasadas dos o tres horas el Británico tenía que dejar de cantar porque su voz no daba más de si, entonces Lucas recogía su instrumento, las perras que le tocaran, y se iba para otro lugar del parque donde se encontraba una estatua ecuestre dentro de un semicírculo de columnas que daban lugar a una plaza con forma de teatro romano, donde había un banco corrido en el cual se sentaban los Senegaleses a tocar los instrumentos típicos de aquel país, y a Lucas le gustaba escucharlos y hablar con ellos.
Allí es donde Lucas conoció a María, a Lucas le gustó María desde el principio y se hicieron amigos. María tenía pareja; salía con una mujer del Sur de América, pero eso no le importaba a Lucas, con todo el descaro se dirigía a aquella persona diciéndola:
- Me gusta mucho tu amiga.
Y así pasaron los días de Lucas; entre su trabajo de mierda mal pagado y con muchas horas y los días fantásticos de música en el parque. Un día cualquiera, en la plaza rodeada de columnas, María se sentó junto a Lucas y así, de sopetón, le dijo:
-¿Me das un beso?
Lucas no se lo pensó ni un segundo, acerco sus labios a los de María, con suavidad, y le plantó un beso con toda la delicadeza del mundo, a ese besos siguieron otros , las manos se entrelazaron y las caricias surgieron. Aquella misma noche ambos durmieron juntos en el pequeño apartamento de Lucas situado en una callejuela céntrica de la gran ciudad, e hicieron el amor durante toda la noche, y surgió el interrogante de Lucas:
- No sabía que te gustaran los chicos.
- Sí, he tenido relaciones con hombres muy satisfactorias, pero ahora a quien amo es a mi pareja -se sinceró María-.
Paso el tiempo y se siguieron viendo en el pequeño apartamento de Lucas, hasta que una tarde María hizo la gran pregunta:
-Lucas... ¿a ti te importaría dejarme embarazada?
Lucas se sobresaltó:
-¡Pero qué enormidad me estas contando María!
Entonces las palabra empezaron a surgir de la boca de ella como una fuente:
-Sí, Lucas, quiero tener un hijo, un hijo para mi y compañera, pero ella no puede hacerlo y yo... había pensado que tú, tú... podrías...
Lucas se quedó a cuadros, callado, intentado digerir aquella proposición tan extrema, en cierto modo... y hablaron largo tiempo y pasaron las semanas hasta que Lucas espetó a María entre el silencio:
-Lo he pensado mucho, con tranquilidad, y voy a hacerte ese favor que me estás pidiendo.
Y así fue como nació aquel acuerdo para concebir una nueva vida. Hicieron unas pruebas médicas que consideraron necesarias para aquel propósito y se siguieron viendo, siempre en el pequeño apartamento de Lucas, durante algunas semanas, hasta que llegó el momento.
-Ya está-dijo María a secas-.
-¿Te has hecho la prueba?
- Sí, y ya está.
María cogió a Lucas de la mano y sobraron las palabras, a él se le escapó un lagrimón. María desapareció de un día para otro y Lucas jamás la volvió a ver ni la buscó, se hizo la pregunta: "¿por qué quiso pedírmelo y no lo hizo sin que yo me enterara, sería para que dejara de usar preservativos...? Y se la respondió: probablemente.
Los que conocen a Lucas, ahora que han pasado muchos años de aquello, dicen que sigue siendo tan sentido y dicharachero como siempre.
Yo, personalmente, creo que a Lucas quizá le hubiera gustado acariciar la tripa de María con la criatura dentro, sólo eso, y que sin duda fue un acto de generosidad que no se puede pagar de ningún modo, seguramente Lucas ya no se acuerde nunca de María y haya olvidado casi por completo sus gestos y rostro. María... María puede que cada vez que aparezca su hij@ vea la mirada de Lucas en los ojos de su vástago.
Espero que te haya gustado, y perdón por mi pésima ortografía y la redacción... apresurada.
Un saludo cordial y un deseo: muchos años de vida y felicidad.