danie
solo un pensamiento...
Estas manos
que se asemejan a un viejo cansado
dilapidando sombras…
escriben encerradas
en sus burbujas de tiempo.
Escriben
inmóviles, petrificadas, paralizadas
con los ojos largos de dedos.
Ojos que crecen en las uñas
y llegan al horizonte y acarician;
y dan la vuelta
en la esquina del barrio a paso lento, a un compás
que muere en la arritmia;
y se enredan en los enrizados cabellos del día,
y en las noches untan palabras
largas de silencio.
Estas manos que usan el abecedario de los mudos,
la tristeza de las mujeres que callan “no por no saber,
sino por mejor no saber”,
la runas de la inocencia dormida en su cuna
y vuelven a escribir mirando hacia atrás
pensando en una manera de gritar los rostros,
los perdones de tinta negra.
Es que estas manos saben que los años
traen arrugas, dedos más finos y huesudos,
artritis infecciosa, espasmos de soledad
y…
Y nada más que más años.
que se asemejan a un viejo cansado
dilapidando sombras…
escriben encerradas
en sus burbujas de tiempo.
Escriben
inmóviles, petrificadas, paralizadas
con los ojos largos de dedos.
Ojos que crecen en las uñas
y llegan al horizonte y acarician;
y dan la vuelta
en la esquina del barrio a paso lento, a un compás
que muere en la arritmia;
y se enredan en los enrizados cabellos del día,
y en las noches untan palabras
largas de silencio.
Estas manos que usan el abecedario de los mudos,
la tristeza de las mujeres que callan “no por no saber,
sino por mejor no saber”,
la runas de la inocencia dormida en su cuna
y vuelven a escribir mirando hacia atrás
pensando en una manera de gritar los rostros,
los perdones de tinta negra.
Es que estas manos saben que los años
traen arrugas, dedos más finos y huesudos,
artritis infecciosa, espasmos de soledad
y…
Y nada más que más años.
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