Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se puso una neurona su pijama
para dormir de forma placentera
y al verla dormitar, su compañera
se fue tras ella en busca de otra cama.
Era el punto inicial del melodrama.
Y muchas más, con actitud certera
emulan con rigor a la primera
y ensombrecen de miedo el panorama.
Y Dios perdió el reloj, ¡vaya tortura!
sin poder despertarlas de su sueño,
¡qué cruda situación, qué tesitura!
Solo queda el amor y mucho empeño
frente a un rostro sereno, de ternura,
que otrora fue feliz y harto risueño.
para dormir de forma placentera
y al verla dormitar, su compañera
se fue tras ella en busca de otra cama.
Era el punto inicial del melodrama.
Y muchas más, con actitud certera
emulan con rigor a la primera
y ensombrecen de miedo el panorama.
Y Dios perdió el reloj, ¡vaya tortura!
sin poder despertarlas de su sueño,
¡qué cruda situación, qué tesitura!
Solo queda el amor y mucho empeño
frente a un rostro sereno, de ternura,
que otrora fue feliz y harto risueño.
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