Estimados:
Alguna consideración metodológica:
En nuestro análisis de la realidad política inevitablemente elegimos algunos hechos en los que nos basamos para formar nuestra opinión. No disponemos de tiempo ni de información para ver y ponderar todos los hechos. En una metáfora que me parece adecuada, aplicamos una lente a ciertos aspectos, dejando de lado otros. Esta circunstancia, inevitable como ya lo dije, es muy bien aprovechada hoy día por las corporaciones mediáticas, que se dedican esencialmente a gobernar nuestra lupa. Una clara muestra de esto es la discusión que se ha suscitado en este tema, donde pareciera que algunos hechos de corrupción son suficientes para valorar y condenar doce años de gestión del gobierno kirchnerista. Es lo que se llama la batalla por «el relato». A mi modo de ver se contrapone a estas incidencias coyunturales de los temas en boga la MEMORIA.
Una de mis primeras experiencias impactantes en el uso de mi razón política fue el retorno, en 1973, de Perón a la Argentina. De familia antiperonista, descubrí en ese momento un fenómeno singular. Perón volvió de España, donde fue amigote de Franco, se presentó a elecciones y logró el 60% de los votos. Esto después de ser derrocado en 1955 y combatido por todos los medios durante casi veinte años. ¿Cómo entender ese fenómeno? Existe la memoria de los pueblos, y esta memoria encarna en las diversas generaciones, muta de contenidos, pero pervive larguísimo tiempo. En este caso la memoria era de un gobierno cuya gestión, de una manera u otra, contribuyó al bienestar económico de millones de personas, avanzando además en importantes asuntos institucionales, el voto femenino por mencionar uno. Siempre hubo corrupción en el peronismo, siempre hubo López Regas e Isabelitas, y sin embargo... Sin embargo, Perón vuelve, o el peronismo vuelve.
Cristina no es Perón, no lo fue Néstor tampoco, pero a mi modo de ver fueron bastante fieles al legado de Perón en su política socioeconómica. Recuperaron poder para el estado, y reconstruyeron en buena medida el tejido social: vigencia irrestricta de las paritarias, lucha contra el desempleo, recuperación y extensión de las jubilaciones, asignación universal por hijo, etcétera. ¿De qué vale?: de nada vale si los beneficiarios de esas medidas te son absolutamente indiferentes. Que los que hoy viven en las viviendas construidas en Jujuy por el movimiento cooperativo respondan de qué valió la lucha de Milagro Sala.
Hubo importantes diferencias, sin embargo, entre la gestión kirchnerista y la de Perón. Doce años de irrestricta institucionalidad, sin represión violenta del movimiento social, con la histórica reparación de los derechos humanos, con el poder de las fuerzas armadas que tanto mal hicieron en mi patria reducido a su mínima expresión. ¿De qué vale? Lo digamos los que hemos sufrido en carne propia los desmanes asesinos de los «protectores» del orden y la propiedad, la religión y las buenas costumbres.
Hubo también, y esta es posiblemente la verdadera causa del odio que se vislumbra en algunos comentarios, una política exterior independiente de los mandatos de las grandes corporaciones internacionales, encarnados en la política del FMI y, en general, el gobierno norteamericano de turno. Una política latinoamericanista, promoviendo el sueño bolivariano de la Patria Grande, tan difícil de realizar en un mundo donde el capital financiero no vacila en hundir gobiernos o provocar guerras.
Llamar «patrañas» a estas cosas es un signo irrefutable de desprecio hacia mi pueblo.
¿Hubo corrupción? Sí, hubo corrupción. Pero muchos argentinos hemos dejado el chupete hace años, incluso el chupete televisivo, y sabemos como vivimos los últimos diez años, y sabemos como estamos viviendo ahora. Y, desgraciadamente, adivinamos como viviremos el año que viene.
La prisión de Milagro Sala es símbolo de este agudo cambio, a mi modo de ver hoy. ¿Que puedo equivocarme? Por supuesto, ¿quién no?
¿De qué vale? De dignidad, estimado Orees, de dignidad. Hablo de mi dignidad, de la dignidad de los que tienen memoria. Cosas sin relevancia a tus ojos, posiblemente.
saludos
Jorge Rodolfo Busch Wernicke