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Liras a Granada

lesmo

Poeta veterano en el portal


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!
 
Están preciosas estas liras, deberías presentarlas a algún premio literario. En ellas seduces e inspiras. Te permites incluso un endecasílabo no tradicional (no voy a indicarlo). A mí me han cautivado, aunque debo decir que cada vez que llegaba a un punto y aparte pensaba: en la próxima hablará de los terremotos. Pero no. Excelente trabajo. Un saludo. Luis
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!


Impresionante, Salva, por si no nos habíamos enamorado aún de Granada, con todo su esplendor y su belleza, tú nos seduces mostrándola arrebatadora, para terminar diciendo que "¡he dicho con lo mucho, apenas nada!"
Estuve en granada, hace unos años, invitada por mi empresa, inolvidables rincones, y como dices aquí, ese sentimiento de quedarnos con los ojos absortos del asombro ante la belleza de la Alhambra.

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Felicidades y gracia por compartir; me has traído bellos recuerdos.
Un abrazo, Salva.
Isabel
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!

Preciosas y aleccionadoras liras que he leído con mucho agrado Salvador, desde los tiempos de Boabdil en que no estaba bien visto que los hombres llorasen, hasta los insignes pintores que la inmortalizaron.- abrazo.
Miguel.
 
¿Dónde estas corazón? ¡Malhaya!
El tuyo ya sabemos donde se haya.
Me alegro de vol-verte a ver.

Malhaya!
I. 1. interj. Mx, Gu, Co; Bo, Ar:NO, rur. Expresa añoranza o deseo vehemente de algo.
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!
Que bien la describes. Me haces rememorar mi fugaz estancia en la Alhambra. Cierto que como bien dices en tu último verso, Granada tiene mucho que cantar.
Un abrazo y cuidado con el Covid y los terremotos que dice Luis.
Rique.
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!
Un sueño para mí es Granada. En tus versos la describes con arrebato, magia y arte. Fue -sin lugar a dudas- una grata lectura, querido Salvador. Un gran abrazo.
 
Hermosas liras Salva, no conozco Granada pero me dicen que es mágica, y si tenía
alguna duda, ya con tus maravillosas letras las he disipado. Un destino que tendré
que agregar a mis deseados. Besitos cariñosos apretados en tus mejillas.
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!
Salvador, aplaudo de pie estas hermosísimas liras, a travé de ellas te haces merecedor como poeta, de toda la honra que profesas e esta hermosa Granada de mis sueños. Si hay una ciudad del mundo que me haya enamorado sin conocerla es esta, la Granada que bien describes.
Vaya a ti toda mi admiración.
Un abrazo fraterno
MANUEL
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!
Bellísimas, Salvador! Un deleite, realmente.
Abrazo.
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!
Qué maravilla de liras, me he emocionado
con tus versos con esa cadencia musical. Mi reconocimiento a tu trabajo. Un abrazo afectuoso.
Miguel
 


A Marisa, mi hermana.

... Granada,
agua oculta que llora.

[...]

Canto a Andalucía

Manuel Machado.

Liras a Granada

El alma se deshace
del peso de la vida, casi vuela,
y en la paz que se hace,
sin gravedad anhela
ser campana en la Torre de la Vela.

Acaso cuando sale
un deseo del alma, cuando brota,
entonces, ¿qué ley vale?
¿Quién detiene la nota
de las cuerdas o la garganta rota?

Ante tanta hermosura
de la torre, la almena, del Palacio
Nazarí en esa altura,
¿quién puede ser reacio
bajo el cielo de un raso azul topacio?

¿Quién puede ver la Alhambra
sin los ojos absortos del asombro?
¿Quién con rumor de zambra
no siente que del hombro
se aligeran tristezas que no nombro?

Mil penas en Granada
tuviera, con dejarla, el Rey Boabdil
y en su triste mirada
se quedó tal pensil,
y el llanto caudaloso en el Genil.

Poetas y cantores
llevaron a Granada en sus barruntos,
y en sus versos mejores
plasmaron sus asuntos,
y se alzaron, con ella, todos juntos.

“Agua oculta que llora”,
de Granada escribió Manuel Machado,
pero ¡cómo enamora
su verso destilado,
de escogidas palabras, y acordado!

En la pérfida Albión,
Don Francisco Martínez de la Rosa
abrió su corazón,
y una copla preciosa
brotó por su Granada presurosa.

Federico García
Lorca, grande entre grandes, de una mano
asesina moría,
y su pueblo gitano,
se quedó sin el alma, ¡tan temprano!...

Vibrando reverbera
con Tárrega y Albeniz la hermosura;
pasando La Carrera,
y los Tristes se apura,
revolando, a sonar la partitura.

Y con López Mezquita,
los pinceles, también con Rusiñol,
tuvieron una cita
con los rayos del Sol
andaluz, granadino, y español.

Tal vez en esta lira,
aun siendo, en tal manera bien hallada,
del que amante suspira
nostalgias de Granada,
¡he dicho con lo mucho, apenas nada!
Valió la pena el viaje, valió la pena tanta poesía...aún resuenan las espadas en la falda de la hermosa...
Un verdadero placer.
Saludos cordiales.
 

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