Los extraños esposos

Ya nos tienes tan acostumbrados a tan geniales relatos que de mi parte no se que decirte para decir (qué enredo) que eres genial, talentoso y....Lo màximo, te mando un beso y te recuerdo que nunca estoy lejos. Rànula
 
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Llegué a casa y mi mujer había salido. Dos horas después todavía no había llegado. La llegada de la tarde ya presagiaba la llegada de la noche. Miré el reloj y sonreí con la esperanza de que esta vez se cumpliera mi sueño de perderla de vista para siempre. Ya bien entrada la noche se presentó acompañada por un hombre. Como de costumbre, al entrar en casa, me ignoró. Los escuché hablar en la habitación de matrimonio. Ella habló de un muerto llamado Edwann. ¿Quién será ese que se llama lo mismo que yo?, pensé.
Desde hace algún tiempo me estoy dando cuenta de que nada es lo que parece. Hasta yo mismo dudo que sea realmente quien creo ser.
Cuando se marcha el hombre que acompañaba a mi mujer se despide con estas palabras: -Si Edwann te viese como estás ahora volvería nuevamente a la vida.-
Quisiera responderle al muy cretino que no pienso volver, que se la quede toda para él. Por curiosidad me acerco a la habitación para verla. Su cuerpo sería hermoso si no fuese porque las flores del ataúd donde duerme ya están putrefactas y huelen mal.
¿Y el hombre que se acaba de marchar? Es posible que sea el mismo diablo.
¿Y quién soy yo? No sé qué contestar. Entro en la habitación, aparto una rata del cuerpo de mi esposa y me tumbo junto a ella en el espacioso ataúd donde dormimos cada noche. Mi dulce Carlota se despierta e intenta abrazarme; aparto su brazo y me vuelvo dándole la espalda como cuando estábamos vivos.

Elñadio Parreño Elías

7-Mayo-2013



Magnífico relato, como siempre, tanto talento no puede ser en vano. :-) Usted es ingenioso. :-) De verdad. :-) Especialmente me encantó el final, jajaja. ;-) Pero francamente, esto es una maravilla. :-) Saludos. :-)

A.B. :-)
 
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Llegué a casa y mi mujer había salido. Dos horas después todavía no había llegado. La llegada de la tarde ya presagiaba la llegada de la noche. Miré el reloj y sonreí con la esperanza de que esta vez se cumpliera mi sueño de perderla de vista para siempre. Ya bien entrada la noche se presentó acompañada por un hombre. Como de costumbre, al entrar en casa, me ignoró. Los escuché hablar en la habitación de matrimonio. Ella habló de un muerto llamado Edwann. ¿Quién será ese que se llama lo mismo que yo?, pensé.
Desde hace algún tiempo me estoy dando cuenta de que nada es lo que parece. Hasta yo mismo dudo que sea realmente quien creo ser.
Cuando se marcha el hombre que acompañaba a mi mujer se despide con estas palabras: -Si Edwann te viese como estás ahora volvería nuevamente a la vida.-
Quisiera responderle al muy cretino que no pienso volver, que se la quede toda para él. Por curiosidad me acerco a la habitación para verla. Su cuerpo sería hermoso si no fuese porque las flores del ataúd donde duerme ya están putrefactas y huelen mal.
¿Y el hombre que se acaba de marchar? Es posible que sea el mismo diablo.
¿Y quién soy yo? No sé qué contestar. Entro en la habitación, aparto una rata del cuerpo de mi esposa y me tumbo junto a ella en el espacioso ataúd donde dormimos cada noche. Mi dulce Carlota se despierta e intenta abrazarme; aparto su brazo y me vuelvo dándole la espalda como cuando estábamos vivos.

Elñadio Parreño Elías

7-Mayo-2013
ha caray que interesante lo del cretino, grato leerte dulcito
 
Interesante relato,
extraños somos los vivos, un beso
 
Última edición por un moderador:
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Llegué a casa y mi mujer había salido. Dos horas después todavía no había llegado. La llegada de la tarde ya presagiaba la llegada de la noche. Miré el reloj y sonreí con la esperanza de que esta vez se cumpliera mi sueño de perderla de vista para siempre. Ya bien entrada la noche se presentó acompañada por un hombre. Como de costumbre, al entrar en casa, me ignoró. Los escuché hablar en la habitación de matrimonio. Ella habló de un muerto llamado Edwann. ¿Quién será ese que se llama lo mismo que yo?, pensé.
Desde hace algún tiempo me estoy dando cuenta de que nada es lo que parece. Hasta yo mismo dudo que sea realmente quien creo ser.
Cuando se marcha el hombre que acompañaba a mi mujer se despide con estas palabras: -Si Edwann te viese como estás ahora volvería nuevamente a la vida.-
Quisiera responderle al muy cretino que no pienso volver, que se la quede toda para él. Por curiosidad me acerco a la habitación para verla. Su cuerpo sería hermoso si no fuese porque las flores del ataúd donde duerme ya están putrefactas y huelen mal.
¿Y el hombre que se acaba de marchar? Es posible que sea el mismo diablo.
¿Y quién soy yo? No sé qué contestar. Entro en la habitación, aparto una rata del cuerpo de mi esposa y me tumbo junto a ella en el espacioso ataúd donde dormimos cada noche. Mi dulce Carlota se despierta e intenta abrazarme; aparto su brazo y me vuelvo dándole la espalda como cuando estábamos vivos.

Elñadio Parreño Elías

7-Mayo-2013



Un relato corto extraordinario amigo Eladio.

Tienes un don , y tu pluma lo confirma día tras día.
He disfrutado de este intenso relato maravilloso
Abrazos
 
Tienes un don maravilloso que tu pluma va certificando día tras día.
El don del buen escritor.
El relato me ha encantado . Intenso , ingenioso y maravillosamente construido
Te felicito amigo.
De las prosas que más me han gustado de las que leí en el foro
Abrazos




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Llegué a casa y mi mujer había salido. Dos horas después todavía no había llegado. La llegada de la tarde ya presagiaba la llegada de la noche. Miré el reloj y sonreí con la esperanza de que esta vez se cumpliera mi sueño de perderla de vista para siempre. Ya bien entrada la noche se presentó acompañada por un hombre. Como de costumbre, al entrar en casa, me ignoró. Los escuché hablar en la habitación de matrimonio. Ella habló de un muerto llamado Edwann. ¿Quién será ese que se llama lo mismo que yo?, pensé.
Desde hace algún tiempo me estoy dando cuenta de que nada es lo que parece. Hasta yo mismo dudo que sea realmente quien creo ser.
Cuando se marcha el hombre que acompañaba a mi mujer se despide con estas palabras: -Si Edwann te viese como estás ahora volvería nuevamente a la vida.-
Quisiera responderle al muy cretino que no pienso volver, que se la quede toda para él. Por curiosidad me acerco a la habitación para verla. Su cuerpo sería hermoso si no fuese porque las flores del ataúd donde duerme ya están putrefactas y huelen mal.
¿Y el hombre que se acaba de marchar? Es posible que sea el mismo diablo.
¿Y quién soy yo? No sé qué contestar. Entro en la habitación, aparto una rata del cuerpo de mi esposa y me tumbo junto a ella en el espacioso ataúd donde dormimos cada noche. Mi dulce Carlota se despierta e intenta abrazarme; aparto su brazo y me vuelvo dándole la espalda como cuando estábamos vivos.

Elñadio Parreño Elías

7-Mayo-2013
 

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