TARDE GRIS
Poeta que considera el portal su segunda casa
El murmullo de la niebla acaricia tu semblante,
lastimera, te oculta la luz de la luna en el escaparate de sus sombras.
El silencio no es presencia y las notas del instante donde lates
ha moldeado un sentimiento ajeno con el viento por testigo.
Tus latidos se confunden, no eres vida, eres muerte
y tu pulso vive en esa vida que se pierde,
vida y muerte son polvo, son vigilia o deseo y costumbre
alargando las horas del tintero en ese cuerpo mudo.
Anuncias ahora al que dentro yace,
enarbolas su figura, su huella y camino,
olvidas piedra que tuvo errores, secretos y pecados,
olvidas piedra que ahora lates albergando el nombre
de un don nadie.
Porque ya convertidos en despojos,
todos somos lo mismo, no hay oro ni plata
ni sexo, ni llamas, no existen las palabras,
no hay dolor, no te llevas nada,
y hasta la inscripción en ti tallada se envuelve de mala hierba
que cubre tu espalda y oculta en la penumbra
un alma deshabitada con sus pliegues escondidos
en la cerradura del suelo
dentro de una cripta helada.
Blanca N. García GonzálezTARDE GRIS