Luis Libra
Atención: poeta en obras
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Magia es sacudir las nubes y hacerlas nevar
a voluntad y capricho sobre el alarmante
recalentamiento del motor de tu mente.
Es bailar con lobos al ritmo de su bosque.
Respirar sin oxígeno y dormir con fantasmas
que no te rozan en agosto, pero te abrigan
como mullidos edredones o fieles amantes
cada una de tus bancarrotas invernales.
Magia es un autobús o un tren supersónicos
sonrientes y con legañas que te esperan
todas las mañanas, como un palo, a la misma hora,
en el mismo cruce y en la misma estación;
o el dibujo de una nave futurista contigo dentro,
diseñada durante los diez minutos mágicos
de desayuno por alguien que quizás hoy
(primer lunes de abril) te echa mucho de menos.
Magia es también descifrar mapas invisibles
y galaxias trasnochadas con el revés de los ojos,
el eco celestial de la ducha
o la lipotimia en el momento justo de algunos.
Es reconstruir alas de cera, hospitales para sirenas cojas
y aeropuertos internacionales
para cerebros con password
sobre solares alfombrados por millones
de dientes afilados, magnéticos y unicolor.
Magia son los superpoderes de una madre,
las lágrimas del monstruo, la duda del terco,
la arquitectura de tu ser al reír, y unas manos
firmes que alzan sueños de ladrillo o cierran
como hipopótamos cabezotas hemorragias.
Magia
es la mosca coñazo que inspira a mi amiga Rosa
y el perro imaginario de mi amigo Marius.
Es la voz de un artilugio de madera,
la paciencia de un árbol,
Madrid anocheciendo, o la luz medicinal
y en diferido de una estrella sin prisas
ni hambres gravitatorias cualquiera.
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Magia es sacudir las nubes y hacerlas nevar
a voluntad y capricho sobre el alarmante
recalentamiento del motor de tu mente.
Es bailar con lobos al ritmo de su bosque.
Respirar sin oxígeno y dormir con fantasmas
que no te rozan en agosto, pero te abrigan
como mullidos edredones o fieles amantes
cada una de tus bancarrotas invernales.
Magia es un autobús o un tren supersónicos
sonrientes y con legañas que te esperan
todas las mañanas, como un palo, a la misma hora,
en el mismo cruce y en la misma estación;
o el dibujo de una nave futurista contigo dentro,
diseñada durante los diez minutos mágicos
de desayuno por alguien que quizás hoy
(primer lunes de abril) te echa mucho de menos.
Magia es también descifrar mapas invisibles
y galaxias trasnochadas con el revés de los ojos,
el eco celestial de la ducha
o la lipotimia en el momento justo de algunos.
Es reconstruir alas de cera, hospitales para sirenas cojas
y aeropuertos internacionales
para cerebros con password
sobre solares alfombrados por millones
de dientes afilados, magnéticos y unicolor.
Magia son los superpoderes de una madre,
las lágrimas del monstruo, la duda del terco,
la arquitectura de tu ser al reír, y unas manos
firmes que alzan sueños de ladrillo o cierran
como hipopótamos cabezotas hemorragias.
Magia
es la mosca coñazo que inspira a mi amiga Rosa
y el perro imaginario de mi amigo Marius.
Es la voz de un artilugio de madera,
la paciencia de un árbol,
Madrid anocheciendo, o la luz medicinal
y en diferido de una estrella sin prisas
ni hambres gravitatorias cualquiera.
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