Mariana

nomar

Poeta que considera el portal su segunda casa
Era uno de esos días rutinarios donde, arrastrando el alma y taladrando el suelo con los ojos, se va andando hacia el trabajo con ansias ya de regresar.

---Pssst, pssst, señor---Escuché una voz detrás de mí

La curiosidad me hizo volverme. Allí, en el portal de una de esas casas que cada día veo sin prestarle atención, una viejecita con el torso erguido sobre su sillón de madera, me miraba fijamente. A su lado, otra mujer mucho más joven, me hacía señas para que me acercara.

---!Uf! ?Y ahora qué?---Pensé. Por un momento se me ocurrió continuar camino para no llegar tarde, pero una inmensa dulzura en los ojos de la anciana creaban un escenario imposible de eludir.

---Perdone señor que lo detenga pero quisiera dejarle saber algo que nos ha sucedido---Se expresó la mujer con pena y volviéndose hacia su compañera, que no paraba de observarme, prosiguió---Durante todo un año la he sentado en ese sillón para que sienta la brisa y vea, al menos, a los autos y las personas pasar, sin embargo, no le presta atención a nada. Su mirada siempre está fija en el horizonte, excepto cuando usted pasa, en las mañanas y las tardes.

---Bueno señora---Respondí un poco confundido---Me alegra que yo sea motivo de atención para ella, pero no tengo ni idea de qué ve en mí.

---Pero yo sí y quiero mostrárselo---Acto seguido, tomó una foto y me la enseñó en su mano.

!Diablos! para mi sorpresa el hombre de la foto tenía un gran parecido a mí, tanto que, anonadado, no alcancé a proferir palabra. Gracias a Dios que, viendo mi estupor, la señora rompió el silencio respondiendo la pregunta que rondaba mi mente.

---Era su hijo y mi hermano, el hombre más dulce que jamás haya conocido. Venía a verla a menudo con un presente para ella, era su reina, su motivo de alegría---Pausó un momento para controlar la emoción. Luego siguió---La colmaba de besos, de abrazos y palabras lindas todo el tiempo y al final, terminaba pidiéndole que tocara una pieza en el piano... siempre lo hizo, hasta un día en que no regresó jamás. Hace un año murió en un accidente automovilístico.

Esas palabras finales marcaron un silencio interminable, ahogando sus ojos en lágrimas contenidas, anudando mi garganta y liberando mis suspiros. No pude menos que arrodillarme ante aquella personita frágil de ojos suplicantes y tomar sus manos temblorosas. Algo mágico ocurrió entonces: Ella apretó las mías con toda la fuerza que pudo y, con una sonrisa triste, recostó la cabeza sobre mi hombro susurrándome al oído: !Ronald!. Y fui feliz en ese instante, feliz de haberle arrancado una sonrisa a la tristeza; de sentirme el hijo pródigo que devuelve el brillo a su mirada ausente y da consuelo a la madre tierna que nunca tuve.

Desde entonces, la visitaba a menudo en las tardes, después de las faenas de mi empleo. Le llevaba regalitos y la colmaba de palabras dulces, como hacía Ronald. Al principio solo sonreía, después fue abriendo su corazón para contarme las historias más bellas de su vida que, tal vez un día escriba para perpetuar su memoria. Finalmente, me sentó junto a su tesoro, el piano, y con orgullo, como si fuera a revelar un gran secreto, levantó la tapa y se dispuso a tocar. !No sabría describir lo que acarició a mis oídos! !Las notas más hermosas y tiernas que jamás he escuchado! Resultaba increíble ver cómo sus escuálidos dedos se deslizaban con tal maestría, perfección y elegancia, que evocaban a bailarinas en el lago de los cisnes, enamorando mi corazón.

Fueron seis meses de una relación hermosa y pura, hasta que comprendí que no hay nada eterno en esta vida. Cierto día, al regresar del trabajo, encontré la casa totalmente vacía, solo el silencio de sus paredes auguraba calamidad. Mariana estaba en el hospital reclamando mi presencia, y, aunque parezca asombroso, me atrevería a afirmar que esperaba mi llegada. Al verme, extendió sus brazos y me apretó contra su pecho y en un susurro imperceptible para todos, pronunció su nombre favorito: !Ronald!. Entonces, con una sonrisa hermosa, cerró sus ojos para siempre.

Mariana se ha ido y con ella mis tardes alegres y mi papel de hijo que tanto amaba. Ya no cruzo su calle para no recordar su sonrisa ni escuchar las bellas notas de su piano, sin embargo, no puedo evitar volver la vista cuando alguien llama:

---Pssst, pssst.

Creyendo que veré de nuevo a la viejecita de ojos dulces erguida sobre su sillón de madera, suplicando mi presencia.
 
Última edición:
Era uno de esos días rutinarios donde, arrastrando el alma y taladrando el suelo con los ojos, se va andando hacia el trabajo con ansias ya de regresar.

__Pssst, pssst, señor__Escuché una voz detrás de mí

La curiosidad me hizo volverme. Allí, en el portal de una de esas casas que cada día veo sin prestarle atención, una viejecita con el torso erguido sobre su sillón de madera, me miraba fijamente. A su lado, otra mujer mucho más joven, me hacía señas para que me acercara.

__!Uf! ?Y ahora qué?__Pensé. Por un momento se me ocurrió continuar camino para no llegar tarde, pero una inmensa dulzura en los ojos de la anciana creaban un escenario imposible de eludir.

__Perdone señor que lo detenga pero quisiera dejarle saber algo que nos ha sucedido__Se expresó la mujer con pena y volviéndose hacia su compañera, que no paraba de observarme, prosiguió__Durante todo un año la he sentado en ese sillón para que sienta la brisa y vea, al menos, a los autos y las personas pasar, sin embargo, no le presta atención a nada. Su mirada siempre está fija en el horizonte, excepto cuando usted pasa, en las mañanas y las tardes.

__Bueno señora__Respondí un poco confundido__Me alegra que yo sea motivo de atención para ella, pero no tengo ni idea de qué ve en mí.

__Pero yo sí y quiero mostrárselo__Acto seguido, tomó una foto y me la enseñó en su mano.

!Diablos! para mi sorpresa el hombre de la foto tenía un gran parecido a mí, tanto que, anonadado, no alcancé a proferir palabra. Gracias a Dios que, viendo mi estupor, la señora rompió el silencio respondiendo la pregunta que rondaba mi mente.

__Era su hijo y mi hermano, el hombre más dulce que jamás haya conocido. Venía a verla a menudo con un presente para ella, era su reina, su motivo de alegría__Pausó un momento para controlar la emoción. Luego siguió__La colmaba de besos, de abrazos y palabras lindas todo el tiempo y al final, terminaba pidiéndole que tocara una pieza en el piano... siempre lo hizo, hasta un día en que no regresó jamás. Hace un año murió en un accidente automovilístico.

Esas palabras finales marcaron un silencio interminable, ahogando sus ojos en lágrimas contenidas, anudando mi garganta y liberando mis suspiros. No pude menos que arrodillarme ante aquella personita frágil de ojos suplicantes y tomar sus manos temblorosas. Algo mágico ocurrió entonces: Ella apretó las mías con toda la fuerza que pudo y, con una sonrisa triste, recostó la cabeza sobre mi hombro susurrándome al oído: !Ronald!. Y fui feliz en ese instante, feliz de haberle arrancado una sonrisa a la tristeza; de sentirme el hijo pródigo que devuelve el brillo a su mirada ausente y da consuelo a la madre tierna que nunca tuve.

Desde entonces, la visitaba a menudo en las tardes, después de las faenas de mi empleo. Le llevaba regalitos y la colmaba de palabras dulces, como hacía Ronald. Al principio solo sonreía, después fue abriendo su corazón para contarme las historias más bellas de su vida que, tal vez un día escriba para perpetuar su memoria. Finalmente, me sentó junto a su tesoro, el piano, y con orgullo, como si fuera a revelar un gran secreto, levantó la tapa y se dispuso a tocar. !No sabría describir lo que acarició a mis oídos! !Las notas más hermosas y tiernas que jamás he escuchado! Resultaba increíble ver cómo sus escuálidos dedos se deslizaban con tal maestría, perfección y elegancia, que evocaban a bailarinas en el lago de los cisnes, enamorando mi corazón.

Fueron seis meses de una relación hermosa y pura, hasta que comprendí que no hay nada eterno en esta vida. Cierto día, al regresar del trabajo, encontré la casa totalmente vacía, solo el silencio de sus paredes auguraba calamidad. Mariana estaba en el hospital reclamando mi presencia, y, aunque parezca asombroso, me atrevería a afirmar que esperaba mi llegada. Al verme, extendió sus brazos y me apretó contra su pecho y en un susurro imperceptible para todos, pronunció su nombre favorito: !Ronald!. Entonces, con una sonrisa hermosa, cerró sus ojos para siempre.

Mariana se ha ido y con ella mis tardes alegres y mi papel de hijo que tanto amaba. Ya no cruzo su calle para no recordar su sonrisa ni escuchar las bellas notas de su piano, sin embargo, no puedo evitar volver la vista cuando alguien llama:

__Pssst, pssst.

Creyendo que veré de nuevo a la viejecita de ojos dulces erguida sobre su sillón de madera, suplicando mi presencia.

Nomar, ha sido un placer disfrutar esta prosa que muy bien la ubicas en melancólica aunque la mezcla amorosa es indescriptible.
Excelente estilo donde mezclas la narrativa con enlaces dialogados, perfectamente comentados, manteniendo un hilo conductor de la historia, mas el elemento suspenso que mantiene cautivo al lector por la curiosidad novelesca de saber que sucederá. Ese toque onomatopéyico me ha encantado le da mas atractivo a la imaginación. En cuanto a la descripción de la escena, nada mas hermoso que esos detalles cotidianos que hacen de la vida un verdadero paraíso sentimental.

Hago un punto y aparte para el contenido. ¡WOW! amigo NOMAR, has desbordado mi sensibilidad, casi no podía terminar de leer, tu poder como escritor para hacer del lector participe de la historia es maravilloso, estas historias ocurren, si, pero tu has hecho de esta un buen trabajo en prosa que ineludiblemente ha llegado a mis sentidos.
FELICIDADES Y FELICITACIONES, gracias por compartir tu talento narrativo, quiero mas jajaja, en serio sigue escribiendo en prosa a mi muy humildemente me parece que lo haces estupendamente bien.
Mi afecto y admiración quedan contigo y para recordar a Mariana te dejo una melodía.

 
Un maravilloso retrato lleno de belleza, cariño y por supuesto melancolía, pero ella siempre vivirá en un pedacito del alma lo mismo que las notas de su piano. Un placer disfrutar de su magnífica prosa, nomar, reciba mi más afectuosa felicitación y saludo.
 
Gracias por tu paso muchachita. A decir verdad, tu comentario es más hermoso que mis letras. Te voy a contratar como mi crítica literaria personal:D. Yo sé que son tus ojos y ese corazón inmenso que tienes. Un abrazote tan grande como él. ;). Ah, y gracias por tu lindo regalo.
 
Última edición:
Un maravilloso retrato lleno de belleza, cariño y por supuesto melancolía, pero ella siempre vivirá en un pedacito del alma lo mismo que las notas de su piano. Un placer disfrutar de su magnífica prosa, nomar, reciba mi más afectuosa felicitación y saludo.


Gracias Daniel, amigo, es grato para mí saber que dedicas un poco de tu valioso tiempo a leer mi modesto trabajo. Un saludo grande
 
Era uno de esos días rutinarios donde, arrastrando el alma y taladrando el suelo con los ojos, se va andando hacia el trabajo con ansias ya de regresar.

__Pssst, pssst, señor__Escuché una voz detrás de mí

La curiosidad me hizo volverme. Allí, en el portal de una de esas casas que cada día veo sin prestarle atención, una viejecita con el torso erguido sobre su sillón de madera, me miraba fijamente. A su lado, otra mujer mucho más joven, me hacía señas para que me acercara.

__!Uf! ?Y ahora qué?__Pensé. Por un momento se me ocurrió continuar camino para no llegar tarde, pero una inmensa dulzura en los ojos de la anciana creaban un escenario imposible de eludir.

__Perdone señor que lo detenga pero quisiera dejarle saber algo que nos ha sucedido__Se expresó la mujer con pena y volviéndose hacia su compañera, que no paraba de observarme, prosiguió__Durante todo un año la he sentado en ese sillón para que sienta la brisa y vea, al menos, a los autos y las personas pasar, sin embargo, no le presta atención a nada. Su mirada siempre está fija en el horizonte, excepto cuando usted pasa, en las mañanas y las tardes.

__Bueno señora__Respondí un poco confundido__Me alegra que yo sea motivo de atención para ella, pero no tengo ni idea de qué ve en mí.

__Pero yo sí y quiero mostrárselo__Acto seguido, tomó una foto y me la enseñó en su mano.

!Diablos! para mi sorpresa el hombre de la foto tenía un gran parecido a mí, tanto que, anonadado, no alcancé a proferir palabra. Gracias a Dios que, viendo mi estupor, la señora rompió el silencio respondiendo la pregunta que rondaba mi mente.

__Era su hijo y mi hermano, el hombre más dulce que jamás haya conocido. Venía a verla a menudo con un presente para ella, era su reina, su motivo de alegría__Pausó un momento para controlar la emoción. Luego siguió__La colmaba de besos, de abrazos y palabras lindas todo el tiempo y al final, terminaba pidiéndole que tocara una pieza en el piano... siempre lo hizo, hasta un día en que no regresó jamás. Hace un año murió en un accidente automovilístico.

Esas palabras finales marcaron un silencio interminable, ahogando sus ojos en lágrimas contenidas, anudando mi garganta y liberando mis suspiros. No pude menos que arrodillarme ante aquella personita frágil de ojos suplicantes y tomar sus manos temblorosas. Algo mágico ocurrió entonces: Ella apretó las mías con toda la fuerza que pudo y, con una sonrisa triste, recostó la cabeza sobre mi hombro susurrándome al oído: !Ronald!. Y fui feliz en ese instante, feliz de haberle arrancado una sonrisa a la tristeza; de sentirme el hijo pródigo que devuelve el brillo a su mirada ausente y da consuelo a la madre tierna que nunca tuve.

Desde entonces, la visitaba a menudo en las tardes, después de las faenas de mi empleo. Le llevaba regalitos y la colmaba de palabras dulces, como hacía Ronald. Al principio solo sonreía, después fue abriendo su corazón para contarme las historias más bellas de su vida que, tal vez un día escriba para perpetuar su memoria. Finalmente, me sentó junto a su tesoro, el piano, y con orgullo, como si fuera a revelar un gran secreto, levantó la tapa y se dispuso a tocar. !No sabría describir lo que acarició a mis oídos! !Las notas más hermosas y tiernas que jamás he escuchado! Resultaba increíble ver cómo sus escuálidos dedos se deslizaban con tal maestría, perfección y elegancia, que evocaban a bailarinas en el lago de los cisnes, enamorando mi corazón.

Fueron seis meses de una relación hermosa y pura, hasta que comprendí que no hay nada eterno en esta vida. Cierto día, al regresar del trabajo, encontré la casa totalmente vacía, solo el silencio de sus paredes auguraba calamidad. Mariana estaba en el hospital reclamando mi presencia, y, aunque parezca asombroso, me atrevería a afirmar que esperaba mi llegada. Al verme, extendió sus brazos y me apretó contra su pecho y en un susurro imperceptible para todos, pronunció su nombre favorito: !Ronald!. Entonces, con una sonrisa hermosa, cerró sus ojos para siempre.

Mariana se ha ido y con ella mis tardes alegres y mi papel de hijo que tanto amaba. Ya no cruzo su calle para no recordar su sonrisa ni escuchar las bellas notas de su piano, sin embargo, no puedo evitar volver la vista cuando alguien llama:

__Pssst, pssst.

Creyendo que veré de nuevo a la viejecita de ojos dulces erguida sobre su sillón de madera, suplicando mi presencia.
Una historia que conmueve y muestra tu gran valor como persona al repartir desde tu ser sonrisas y momentos felices que se harán inolvidables. Recibe un saludo y gran abrazo.
 
Una historia que conmueve y muestra tu gran valor como persona al repartir desde tu ser sonrisas y momentos felices que se harán inolvidables. Recibe un saludo y gran abrazo.


Gracias Nancita. No me podía faltar tu presencia. Ya si no vienes te extraño :). Y gracias también por verme de ese modo. Sabes que te aprecio. Un abrazote.
 
Un hermoso y grato relato bañado en ternura nos dejas. Excelente temática. Saludos cordiales.

Utilizas unos guiones bajos para los diálogos que confunden y dificultan la lectura.

Muchas gracias por su visita y por sus animadoras palabras. Gracias también por la sugerencia, la pongo en práctica enseguida. Un saludo.
 
Era uno de esos días rutinarios donde, arrastrando el alma y taladrando el suelo con los ojos, se va andando hacia el trabajo con ansias ya de regresar.

---Pssst, pssst, señor---Escuché una voz detrás de mí

La curiosidad me hizo volverme. Allí, en el portal de una de esas casas que cada día veo sin prestarle atención, una viejecita con el torso erguido sobre su sillón de madera, me miraba fijamente. A su lado, otra mujer mucho más joven, me hacía señas para que me acercara.

---!Uf! ?Y ahora qué?---Pensé. Por un momento se me ocurrió continuar camino para no llegar tarde, pero una inmensa dulzura en los ojos de la anciana creaban un escenario imposible de eludir.

---Perdone señor que lo detenga pero quisiera dejarle saber algo que nos ha sucedido---Se expresó la mujer con pena y volviéndose hacia su compañera, que no paraba de observarme, prosiguió---Durante todo un año la he sentado en ese sillón para que sienta la brisa y vea, al menos, a los autos y las personas pasar, sin embargo, no le presta atención a nada. Su mirada siempre está fija en el horizonte, excepto cuando usted pasa, en las mañanas y las tardes.

---Bueno señora---Respondí un poco confundido---Me alegra que yo sea motivo de atención para ella, pero no tengo ni idea de qué ve en mí.

---Pero yo sí y quiero mostrárselo---Acto seguido, tomó una foto y me la enseñó en su mano.

!Diablos! para mi sorpresa el hombre de la foto tenía un gran parecido a mí, tanto que, anonadado, no alcancé a proferir palabra. Gracias a Dios que, viendo mi estupor, la señora rompió el silencio respondiendo la pregunta que rondaba mi mente.

---Era su hijo y mi hermano, el hombre más dulce que jamás haya conocido. Venía a verla a menudo con un presente para ella, era su reina, su motivo de alegría---Pausó un momento para controlar la emoción. Luego siguió---La colmaba de besos, de abrazos y palabras lindas todo el tiempo y al final, terminaba pidiéndole que tocara una pieza en el piano... siempre lo hizo, hasta un día en que no regresó jamás. Hace un año murió en un accidente automovilístico.

Esas palabras finales marcaron un silencio interminable, ahogando sus ojos en lágrimas contenidas, anudando mi garganta y liberando mis suspiros. No pude menos que arrodillarme ante aquella personita frágil de ojos suplicantes y tomar sus manos temblorosas. Algo mágico ocurrió entonces: Ella apretó las mías con toda la fuerza que pudo y, con una sonrisa triste, recostó la cabeza sobre mi hombro susurrándome al oído: !Ronald!. Y fui feliz en ese instante, feliz de haberle arrancado una sonrisa a la tristeza; de sentirme el hijo pródigo que devuelve el brillo a su mirada ausente y da consuelo a la madre tierna que nunca tuve.

Desde entonces, la visitaba a menudo en las tardes, después de las faenas de mi empleo. Le llevaba regalitos y la colmaba de palabras dulces, como hacía Ronald. Al principio solo sonreía, después fue abriendo su corazón para contarme las historias más bellas de su vida que, tal vez un día escriba para perpetuar su memoria. Finalmente, me sentó junto a su tesoro, el piano, y con orgullo, como si fuera a revelar un gran secreto, levantó la tapa y se dispuso a tocar. !No sabría describir lo que acarició a mis oídos! !Las notas más hermosas y tiernas que jamás he escuchado! Resultaba increíble ver cómo sus escuálidos dedos se deslizaban con tal maestría, perfección y elegancia, que evocaban a bailarinas en el lago de los cisnes, enamorando mi corazón.

Fueron seis meses de una relación hermosa y pura, hasta que comprendí que no hay nada eterno en esta vida. Cierto día, al regresar del trabajo, encontré la casa totalmente vacía, solo el silencio de sus paredes auguraba calamidad. Mariana estaba en el hospital reclamando mi presencia, y, aunque parezca asombroso, me atrevería a afirmar que esperaba mi llegada. Al verme, extendió sus brazos y me apretó contra su pecho y en un susurro imperceptible para todos, pronunció su nombre favorito: !Ronald!. Entonces, con una sonrisa hermosa, cerró sus ojos para siempre.

Mariana se ha ido y con ella mis tardes alegres y mi papel de hijo que tanto amaba. Ya no cruzo su calle para no recordar su sonrisa ni escuchar las bellas notas de su piano, sin embargo, no puedo evitar volver la vista cuando alguien llama:

---Pssst, pssst.

Creyendo que veré de nuevo a la viejecita de ojos dulces erguida sobre su sillón de madera, suplicando mi presencia.
Ayyy Nomar qué historia tan conmovedora, tu relato está lleno de emoción, nos atrapa en la lectura que no se puede interrumpir ni por un solo momento hasta llegar al final, me ha encantadoooo, muchísimo. Mi enhorabuena por ser tan buen prosista y mis gracias por compartir tus bellas y emotivas letras. Besazos con cariño y admiración....muááááácksss...
 
Ayyy Nomar qué historia tan conmovedora, tu relato está lleno de emoción, nos atrapa en la lectura que no se puede interrumpir ni por un solo momento hasta llegar al final, me ha encantadoooo, muchísimo. Mi enhorabuena por ser tan buen prosista y mis gracias por compartir tus bellas y emotivas letras. Besazos con cariño y admiración....muááááácksss...


Son los ojitos de tu corazón los que me ven así, Lomita y se los agradezco. Me alegra muchísimo que te haya gustado. Un abrazote.
 
Ternura arropada en un ensimismamiento que se adjunta para hacer del
relato un canto que atrapa en el envoltorio de unos dialogos que son
dinamismo y pureza para expresar esa melancolia dinamica que mantine
la atencion sobre el escrito. felicidades. luzyabsenta


Gracias amigo, me alegra recibir tan agradable comentario y gracias también por visitar mis humildes letras. Un saludo.
 
libro-y-rosa-jpg.31607



Prosa del MES


(Seleccionada por la administración entre las propuestas remitidas por moderadores y/o usuarios)

Muchas FELICIDADES
MUNDOPOESIA.COM

 
libro-y-rosa-jpg.31607



Prosa del MES


(Seleccionada por la administración entre las propuestas remitidas por moderadores y/o usuarios)

Muchas FELICIDADES
MUNDOPOESIA.COM



Gracias Mamen por tan grata noticia. Gracias también a todos los que hicieron posible este reconocimiento que aprecio en gran manera. Un saludo agradecido a todos.
 
Última edición:
Que gusto me da este merecido reconocimiento Nomar, lo mereces porque de verdad que escribes muy bien y en prosa te destacas de lo lindo, un abrazototote y mi admiración.

30922.gif


Gracias Mireyita, es un gusto sentir tus pasos por acá. Mi abrazo y buenos deseos están contigo.
 
Que lindo. Me encantó y me hizo imaginar el relato mientras leía (no son lágrimas en mis ojos, es una basurita que me acaba de caer).

Saludos.

Gracias Hannah por tu lindo comentario. Te confieso, esa espontánea basurita en tus ojos, me conmovió el corazón. Agradecido de verte. Un saludo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba