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Mensaje cifrado

Ayer tuve ocasión de consultar el epistolario completo de García Lorca en la edición de Cátedra con la esperanza de encontrar alguna referencia a esta "noche serena y oscura". No tenía demasiado tiempo, pero valiéndome de los índices pude comprobar que las menciones de estos sonetos en las cartas de Lorca son muy escasas: apenas tres o cuatro solamente, y no aparece nada relacionado con el soneto que nos ocupa. Otro día con más tiempo haré alguna búsqueda más detenida con otros criterios, ya os contaré.
 
Ayer tuve ocasión de consultar el epistolario completo de García Lorca en la edición de Cátedra con la esperanza de encontrar alguna referencia a esta "noche serena y oscura". No tenía demasiado tiempo, pero valiéndome de los índices pude comprobar que las menciones de estos sonetos en las cartas de Lorca son muy escasas: apenas tres o cuatro solamente, y no aparece nada relacionado con el soneto que nos ocupa. Otro día con más tiempo haré alguna búsqueda más detenida con otros criterios, ya os contaré.
Por mi parte he comprobado, si damos fe a la wikipedia, que el «Soneto de la carta» fue publicado en 1940, en una edición bilingüe traducida por Rolfe Humphries. junto al «Soneto de la dulce queja», como apéndice a «El diván de Tamarit». Te había mencionado este hecho como para explicar, quizás, la diferencia de tratamiento con el que mencionaste en tu primer comentario. No he podido hallar en internet esta primera edición, quizás la busque en una biblioteca.

abrazo y gracias por tu interés
Jorge
 
Última edición:
Ya tengo una buena colección de artículos sobre estos sonetos, Hermano, y en niguno dice nada de esa rima, algunos alaban la perfección clasicista del conjunto. Creo que el título de «príncipe de los chacales» está en juego, ¿o no?

abrazo
j.

He encontrado un artículo que Epicteto José Díaz Navarro, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, publicó en Draco: Revista de literatura española, ISSN 0214-9842, Nº 2, 1990, págs. 35-51. El artículo se titula: El «Amor oscuro» en los sonetos de García Lorca. Te dejo un enlace por si deseas descargarlo (http://rodin.uca.es/xmlui/bitstream/handle/10498/10095/18488523.pdf?sequence=1&isAllowed=y) y te adelanto algunos segmentos del análisis del soneto de Lorca («Soneto de la carta») que ha inspirado este hermosísimo poema tuyo:

El siguiente soneto en que aparece la «oscuridad» es en el «Soneto de la carta», que Mario Hernández relaciona con Soto de Rojas. Este poema, dentro de la tradición epistolar, es un envío suplicante de «el poeta» (según consta en una copia, de mano desconocida, que conserva la familia de García Lorca) en el que «pide a su amor que le escriba» (9) En los dos primeros versos del segundo cuarteto se dice: «El aire es inmortal, la piedra inerte/ ni conoce la sombra ni la evita». Esta «sombra» tiene un claro significado negativo (el paso del tiempo, la muerte) que no resulta amenazante para el aire o la piedra, por ser inanimados, pero sí para el hablante, y por ello se relaciona con la «sombra» que veíamos en el «Soneto de la guirnalda de rosas».

En los tercetos se suceden, primero, la rememoración y, luego, la formulación del deseo:

Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

En el primer verso el sujeto recuerda al amor una relación pasada: «yo te sufrí» querría decir también «yo te gocé» y, al ·igual que «rasgué mis venas», contiene el significado destructivo del «amor pasión». La singularidad de ese acto amoroso, su violencia y ternura, se expresa mediante la doble conjunción de lo destructivo (tigre y mordiscos) y lo amoroso (paloma y azucenas). Andrew Anderson señala que «paloma» y «azucena» también se dan juntos en «Fábula y rueda de los tres amigos» y «A Mercedes en su vuelo», y, acertadamente, añade que «the white dove, associated with the Virgin and Venus, connotes purity, gentleness and lave».

La conclusión del segundo terceto, casi es obvio señalarlo, está modelada sobre la «Noche oscura del alma» de San Juan de la Cruz. Esa «noche oscura», según la explicación de su autor, «trata de cómo podrá una alma disponerse para llegar en breve a la divina unión»; es, como se sabe, uno de los pasos en la escala gradual hacia lo divino Noche-Cántico-Llama (10) En los versos de Lorca la disyuntiva que se ofrece al amor es la comunicación o el olvido. Las adiciones de «serena» y «para siempre» modifican el significado del título del que parten, ya que la «serenidad» sería la del que no tiene pero tampoco desea, la resignación del sujeto al olvido. Por tanto, aquí la «oscuridad» representa el deseo apagado, es el alejamiento del objeto amoroso y la no correspondencia de éste.


_________________
9. Candelas Newton analiza este soneto junto con el «Soneto de la dulce queja» y el «Soneto gongorino» como poemas «de la ausencia y la búsqueda». Los dos primeros insisten en la enajenación del poeta, cuya vida sin amor se compara a la existencia de la 'piedra inerte'.
10. Hay otra alu.sión a la poesía de San Juan en el primer verso del primer cuarteto: «Amor de mis entrañas, viva muerte», en el que, como en muchos versos de estos poemas, la expresión popular, desgarrada, es seguida por una antítesis que conectaría con la tradición petrarquista. Igualmente, en el último verso de «El poeta habla por teléfono con el amor», se da un contraste similar: de la alusión a San Juan en «oscura corza herida» pasamos a «Lejana y dulce en tuétano metida».


Me resulta extraño, y hasta decepcionante, que en una interpretación aparentemente tan perfecta y tan detallada no se haga referencia al error en la consonancia de las rimas. He pensado que, como esos poemas fueron publicados inicialmente en Francia, se desvirtuó su contenido en las primeras traducciones. La otra hipótesis es que algún transcriptor, neófito en asuntos de versificación, haya cometido algún error propio de su oficio. Sirve a mi necesidad de argumentos lo que ISABEL M. REVERTE, refiriéndose a los detalles de la publicación de estos sonetos de Lorca, publica en http://www.abc.es/20120902/cultura-libros/abci-lorca-historia-oculta-sonetos-201209021620.html

Fueron unos meses de trasiego constante», recuerda Manuel Fernández Montesinos, «cada día sacábamos los documentos del banco y los llevábamos a mi casa, o a casa de mi tía Isabel, y de allí otra vez al banco. Había que leer la letra ilegible de mi tío, ordenar las cuartillas. Era agotador. Hasta que al fin los trasladamos a una sucursal de la Caja de Ahorros de Madrid, cerca de aquí».

Los investigadores eran el irlandés Ian Gibson, los franceses Marie Laffranque y André Belamich. Y los españoles Eutimio Martín y Francisco Giner. Dos especialistas españoles y tres extranjeros. «Todos vieron todos los documentos… cualquiera pudo copiarlos», dice Montesinos.

En 1981, André Belamich publicó las obras completas de García Lorca en la prestigiosa colección «La Pleiade», de la editorial Gallimard. Esta edición en francés, incluía los Sonetos del Amor Oscuro bajo la supervisión de la hispanista y amiga de la familia Marcelle Auclaire. Era una traducción, de modo que los errores de lectura del original, que los hay, se deducen desde esa traducción. Y ahí comenzaron la aventura y el misterio de los Sonetos que habrían de llamarse «del Amor Oscuro». «El amor que no tiene nombre», que diría Oscar Wilde, del que hablaron Vicente Aleixandre, Pablo Neruda o Rafael de León.

Un abrazo infinito, hermano.
¡Buen provecho!
 
Última edición:
Ya tengo una buena colección de artículos sobre estos sonetos, Hermano, y en niguno dice nada de esa rima, algunos alaban la perfección clasicista del conjunto. Creo que el título de «príncipe de los chacales» está en juego, ¿o no?

abrazo
j.
Jajaja Pues, yo no tengo ningún problema en cederte mi título, Hermano. Me ha costado sangre, sudor, arrecheras y lágrimas, pero consciente estoy de que aquí no hay sucesor más digno que tú.
Un abrazo y seguimos en contacto.
 
Jajaja Pues, yo no tengo ningún problema en cederte mi título, Hermano. Me ha costado sangre, sudor, arrecheras y lágrimas, pero consciente estoy de que aquí no hay sucesor más digno que tú.
Un abrazo y seguimos en contacto.
Bueno, bueno, no es necesario que abdiques tan fácilmente. Podríamos proponer un concurso de chacales, a ver cuál aúlla más fuerte... ¿Los chacales comen moscas? Vaya descubrimiento para la zoología...
abrazo
 
Hay algo más que un retruécano, querido Luis, en decir que es diferente la «carnalidad de la unión mística» de la «mistica de la unión carnal». Quizás las «declaraciones» de Juan de Yepes tengan como objetivo desplazar el énfasis hacia la primera opción, mientras que Lorca elige releerlo poniendo el énfasis en la segunda. Quizás esa ambigüedad del último verso del soneto, ese espanto ante la blasfemia, sea la sustancia de lo que intuyo como posible causa de este «error» en la rima, motivo de mi soneto.
Recuerdo ahora los intentos del siglo XVI, en la pluma de Sebastián de Córdoba, de adaptar el amor cortés de los poemas de Garcilaso y Boscán al trato con la divinidad, tan alejados de esta carnalidad de la unión de la que hablamos...

gracias y un abrazo
Jorge
 
Última edición:
En un sutil error de tu soneto
me dejaste la duda de tu llama,
esa duda del alma que reclama
la respuesta en el místico secreto.

Tímido fruto de tu sueño inquieto
el orden perturbado en anagrama,
la ausencia de la letra que derrama
sobre tu verso un silencioso veto.

Para siempre esa sombra luminosa
de tu pluma en la noche vacilante
gritando su mensaje de candela.

Para siempre del alma temblorosa
fluya la oscura sangre del amante
regando nuestra lengua con su esquela.



El soneto al que hago referencia en el primer verso es el llamado «Soneto de la carta», de Federico García Lorca.
Sin lugar a dudas un hermoso poema Musador, lleva la magia de Garcia Lorca, sin lugar a dudas.
Felicitaciones poeta
Siempre un placer aprender de usted
MANUEL
 
Sin lugar a dudas un hermoso poema Musador, lleva la magia de Garcia Lorca, sin lugar a dudas.
Felicitaciones poeta
Siempre un placer aprender de usted
MANUEL
Gracias, estimado Manuel, me alegro de que el poema te gustara. Lejos está de mi ánimo la osadía de emular a García Lorca, que ya leerlo es bastante audacia si se lo hace con pasión.

abrazo
Jorge
 
Esta tarde he podido acercarme a la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada para intentar documentar un poco el tema que nos ocupa: la rima defectuosa de la palabra "serena". Voy a intentar compartir con vosotros lo que he podido encontrar tanto allí como en Internet, con el fin de poder ordenar yo mismo las ideas.

1) Partimos del hecho de que las ediciones usuales del soneto que manejamos contienen la mencionada deficiencia, hecho que nos hizo notar recientemente Jorge: el singular "serena" es unánime en las ediciones usuales.

2) Pero además es también un hecho que el singular "serena" parece ser unánime en todas las ediciones. Esto lo afirmo después de consultar en la biblioteca de la Universidad y en la mía personal las siguientes ediciones de las obras completas de García Lorca:
  • Guillermo de Torre (ed.), Obras Completas (11ª edición), LOSADA, Buenos Aires 1956.
  • Arturo del Hoyo (ed.), Obras Completas, AGUILAR, Madrid 1973, 1977, 1986, 1987 (reimpresión) y 1991.
  • Miguel García-Posada (ed.), Obras Completas, GALAXIA GUTENBERG (ed. antigua sin año y ed. 2016) = AKAL (1989) = DEBOLSILLO (2004, reimpr. 2015). Nota: las tres editoriales mencionadas, más RBA Editores (no consultada), ofrecen el texto preparado por García-Posada.
En todas, antiguas o recientes, aparece invariablemente el singular "serena". He consultado también otra edición ya antigua del soneto fuera de las obras completas:
  • Diván del Tamarit, Llanto..., Sonetos [1924-1936], edición, introducción y notas Mario Hernández, Alianza Editorial, Madrid 1981. Las notas finales que enriquecen esta edición informan acerca de las variantes que presenta el soneto según las fuentes y ediciones remotas, no se indica nada acerca de la rima defectuosa.
He curioseado también una traducción francesa a cargo de un equipo encabezado por otro afamado lorquista, André Belamich:
  • Poèsies, trad. A. Belamich-P. Darmangeat-Cl. Couffon-B. Sesé-J. Supervielle-J. Prévost, Gallimard 1963.
En esta traducción los tercetos de "Le poète demande à son amour de lui écrire" son

Mais moi je souffre et j'ai ouvert mes veines
dans un tourment de lys et de morsures,
tigre et colombe au-dessus de ton sein.

Apaise donc d'un mot cette brûlure
ou bien laisse-moi vivre en ma sereine
nuit de l'âme à tout jamais obscure.

Como puede verse, el singular se mantiene incluso en esta traducción rimada.

3) Así, pues, parece que hay que admitir que el defecto de rima ha pasado desapercibido a toda la crítica lorquiana, incluso a aquellos que, como Andrew A. Anderson, ha rastreado la compleja historia textual de este soneto. Anderson cataloga hasta doce fuentes (entre manuscritos y ediciones) que coteja minuciosamente, tras de lo cual señala las siguientes divergencias que resumo telegráficamente aquí:
  • En la puntuación
  • En el título: Soneto de la carta / El poeta pide a su amor que le escriba / El poeta exige a su amor que le escriba / El poeta se queja de que su amor no le escriba
  • En el determinante de "serena": la serena / mi serena
Variantes también señaladas por Mario Hernández en la nota final de su edición de los sonetos en 1981. Pero ni una palabra acerca de la rima defectuosa en este esmeradísimo estudio cuya previsualización está disponible en la web:

Andrew A. Anderson, New Light on the Textual History of García Lorca's Sonetos del amor oscuro, en David Tatcher Gries (ed.), Negotiating Past and Present: Studies in Spanish Literature for Javier Herrero, Rookwood Press, Charlottesville (Virginia) 1997, pp. 109-126.

4) Por alguna razón que no acabamos de comprender, no sólo a la crítica y a los lectores, sino incluso hasta al mismo Lorca le pudo pasar desapercibido el detalle. En otras palabras, me inclino a pensar, después de todo lo estudiado, que el error de rima es imputable al propio poeta, y no a los copistas, editores, herederos y demás personas que manejaron sus originales. Para justificar esta hipótesis recurro a un texto que nos ofrece Anderson en el excepcional artículo que acabamos de citar, donde recoge unas curiosas afirmaciones de Manuela Manzanares (primera editora del soneto en Bogotá en 1939):

El soneto que damos a continuación es desconocido y, según mis noticias, todavía inédito. No fue escrito por Federico para publicarlo, sino que lo improvisó una noche en la tertulia del café, al suscitarse una discusión sobre la dificultad de hacer un buen soneto y cómo es distintivo de un gran poeta el lograrlo (cit. en Anderson, op. cit. p. 115).​

Como no he tenido acceso al texto completo de Manzanares no puedo saber cuáles son las fuentes en que se basa la autora para hablarnos acerca de esa apasionante competición poética. Pero Anderson, inmediatamente, nos previene contra el supuesto carácter "improvisado" del soneto lorquiano: sin duda Lorca ya lo tenía compuesto, pues existen de hecho fuentes anteriores, de modo que el poeta no tuvo más que escribirlo, realizando, muy probablemente imagino yo, una de sus celebradas actuaciones en que se representaba "a sí mismo en el papel de improvisador genial" (Margarita Ucelay informa, con estas mismas palabras, de un hecho similar cuando Federico escribió "improvisadamente" el poema "Amor, amor / que vengo herido" para el final del cuadro segundo de su Perlimplín durante los ensayos; cf. Margarita Ucelay (ed.), Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, Cátedra, Madrid 1996, p. 163).

Es curioso notar que precisamente el error aparece ya en este contexto de duelo poético (de donde pasa a todas las ediciones, como se puede apreciar en el muy aclarador esquema de Anderson en la página 120). En todo caso el manuscrito de 1935 tenido por originario debió de incluir también el singular; de otro modo Anderson lo habría hecho notar y todo quedaría aclarado. De modo, pues, que debemos retrotraer el fallo de rima hasta el mismo García Lorca, y reconocer que ha sido fielmente reproducido por todas las ediciones y que ha pasado sorprendentemente inadvertido para todos los estudiosos (que sepamos).

Por razones obvias la investigación documental ha de detenerse aquí y no puede ir más allá (a no ser que algún día apareciera un manuscrito o una fuente antigua hoy desconocidos). Otro asunto es el esclarecimiento del origen de este evidente error: si fue un simple fallo del poeta (como dice el refrán, el mejor escribano echa un borrón); si fue un fallo no tan simple que encierra una autocensura de su inconsciente (lo cual sería objeto de un psicoanálisis forense, al estilo de los que Sigmund Freud hizo con Dostoyevski y su novela Los hermanos Karamázov); o si fue un fallo percibido y consentido (opción, ésta, que parece realmente improbable, a no ser que Lorca considerase aún el poema en fase de elaboración y no conozcamos, pues, la versión definitiva). Pero la investigación ulterior, más allá de la crítica textual, acerca de esa "autocensura" religiosa que sugiere Jorge merece un estudio también detenido. Creo que en los próximos días podré preparar algo.

Espero no haber aburrido a nadie con esta larga contribución. O mejor: lamento haberos torturado con estos datos sin duda arduos. Pero reconozco que no he podido resistirme a indagar un poco para saber algo más de este bellísimo soneto y de ese fallo, descubierto para nosotros por Jorge, y que ha pasado inadvertido durante años o décadas para muchos. Para mí desde luego. Saludos.
 
Última edición:
A mí no me has aburrido en absoluto, prcantos, todo lo contrario, te digo que comentarios como este le dan verdadera categoría a este foro y naturalmente a ti que lo has hecho.

Gracias por regalarnos esta investigación, amigo.

Un abrazo.

Esta tarde he podido acercarme a la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada para intentar documentar un poco el tema que nos ocupa: la rima defectuosa de la palabra "serena". Voy a intentar compartir con vosotros lo que he podido encontrar tanto allí como en Internet, con el fin de poder ordenar yo mismo las ideas.

1) Partimos del hecho de que las ediciones usuales del soneto que manejamos contienen la mencionada deficiencia, hecho que nos hizo notar recientemente Jorge: el singular "serena" es unánime en las ediciones usuales.

2) Pero además es también un hecho que el singular "serena" parece ser unánime en todas las ediciones. Esto lo afirmo después de consultar en la biblioteca de la Universidad y en la mía personal las siguientes ediciones de las obras completas de García Lorca:
  • Guillermo de Torre (ed.), Obras Completas (11ª edición), LOSADA, Buenos Aires 1956.
  • Arturo del Hoyo (ed.), Obras Completas, AGUILAR, Madrid 1973, 1977, 1986, 1987 (reimpresión) y 1991.
  • Miguel García-Posada (ed.), Obras Completas, GALAXIA GUTENBERG (ed. antigua sin año y ed. 2016) = AKAL (1989) = DEBOLSILLO (2004, reimpr. 2015). Nota: las tres editoriales mencionadas, más RBA Editores (no consultada), ofrecen el texto preparado por García-Posada.
En todas, antiguas o recientes, aparece invariablemente el singular "serena". He consultado también otra edición ya antigua del soneto fuera de las obras completas:
  • Diván del Tamarit, Llanto..., Sonetos [1924-1936], edición, introducción y notas Mario Hernández, Alianza Editorial, Madrid 1981. Las notas finales que enriquecen esta edición informan acerca de las variantes que presenta el soneto según las fuentes y ediciones remotas, no se indica nada acerca de la rima defectuosa.
He curioseado también una traducción francesa a cargo de un equipo encabezado por otro afamado lorquista, André Belamich:
  • Poèsies, trad. A. Belamich-P. Darmangeat-Cl. Couffon-B. Sesé-J. Supervielle-J. Prévost, Gallimard 1963.
En esta traducción los tercetos de "Le poète demande à son amour de lui écrire" son

Mais moi je souffre et j'ai ouvert mes veines
dans un tourment de lys et de morsures,
tigre et colombe au-dessus de ton sein.

Apaise donc d'un mot cette brûlure
ou bien laisse-moi vivre en ma sereine
nuit de l'âme à tout jamais obscure.

Como puede verse, el singular se mantiene incluso en esta traducción rimada.

3) Así, pues, parece que hay que admitir que el defecto de rima ha pasado desapercibido a toda la crítica lorquiana, incluso a aquellos que, como Andrew A. Anderson, ha rastreado la compleja historia textual de este soneto. Anderson cataloga hasta doce fuentes (entre manuscritos y ediciones) que coteja minuciosamente, tras de lo cual señala las siguientes divergencias que resumo telegráficamente aquí:
  • En la puntuación
  • En el título: Soneto de la carta / El poeta pide a su amor que le escriba / El poeta exige a su amor que le escriba / El poeta se queja de que su amor no le escriba
  • En el determinante de "serena": la serena / mi serena
Variantes también señaladas por Mario Hernández en la nota final de su edición de los sonetos en 1981. Pero ni una palabra acerca de la rima defectuosa en este esmeradísimo estudio cuya previsualización está disponible en la web:

Andrew A. Anderson, New Light on the Textual History of García Lorca's Sonetos del amor oscuro, en David Tatcher Gries (ed.), Negotiating Past and Present: Studies in Spanish Literature for Javier Herrero, Rookwood Press, Charlottesville (Virginia) 1997, pp. 109-126.

4) Por alguna razón que no acabamos de comprender, no sólo a la crítica y a los lectores, sino incluso hasta al mismo Lorca le pudo pasar desapercibido el detalle. En otras palabras, me inclino a pensar, después de todo lo estudiado, que el error de rima es imputable al propio poeta, y no a los copistas, editores, herederos y demás personas que manejaron sus originales. Para justificar esta hipótesis recurro a un texto que nos ofrece Anderson en el excepcional artículo que acabamos de citar, donde recoge unas curiosas afirmaciones de Manuela Manzanares (primera editora del soneto en Bogotá en 1939):

El soneto que damos a continuación es desconocido y, según mis noticias, todavía inédito. No fue escrito por Federico para publicarlo, sino que lo improvisó una noche en la tertulia del café, al suscitarse una discusión sobre la dificultad de hacer un buen soneto y cómo es distintivo de un gran poeta el lograrlo (cit. en Anderson, op. cit. p. 115).​

Como no he tenido acceso al texto completo de Manzanares no puedo saber cuáles son las fuentes en que se basa la autora para hablarnos acerca de esa apasionante competición poética. Pero Anderson, inmediatamente, nos previene contra el supuesto carácter "improvisado" del soneto lorquiano: sin duda Lorca ya lo tenía compuesto, pues existen de hecho fuentes anteriores, de modo que el poeta no tuvo más que escribirlo, realizando, muy probablemente imagino yo, una de sus celebradas actuaciones en que se representaba "a sí mismo en el papel de improvisador genial" (Margarita Ucelay informa, con estas mismas palabras, de un hecho similar cuando Federico escribió "improvisadamente" el poema "Amor, amor / que vengo herido" para el final del cuadro segundo de su Perlimplín durante los ensayos; cf. Margarita Ucelay (ed.), Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, Cátedra, Madrid 1996, p. 163).

Es curioso notar que precisamente el error aparece ya en este contexto de duelo poético (de donde pasa a todas las ediciones, como se puede apreciar en el muy aclarador esquema de Anderson en la página 120). En todo caso el manuscrito de 1935 tenido por originario debió de incluir también el singular; de otro modo Anderson lo habría hecho notar y todo quedaría aclarado. De modo, pues, que debemos retrotraer el fallo de rima hasta el mismo García Lorca, y reconocer que ha sido fielmente reproducido por todas las ediciones y que ha pasado sorprendentemente inadvertido para todos los estudiosos (que sepamos).

Por razones obvias la investigación documental ha de detenerse aquí y no puede ir más allá (a no ser que algún día apareciera un manuscrito o una fuente antigua hoy desconocidos). Otro asunto es el esclarecimiento del origen de este evidente error: si fue un simple fallo del poeta (como dice el refrán, el mejor escribano echa un borrón); si fue un fallo no tan simple que encierra una autocensura de su inconsciente (lo cual sería objeto de un psicoanálisis forense, al estilo de los que Sigmund Freud hizo con Dostoyevski y su novela Los hermanos Karamázov); o si fue un fallo percibido y consentido (opción, ésta, que parece realmente improbable, a no ser que Lorca considerase aún el poema en fase de elaboración y no conozcamos, pues, la versión definitiva). Pero la investigación ulterior, más allá de la crítica textual, acerca de esa "autocensura" religiosa que sugiere Jorge merece un estudio también detenido. Creo que en los próximos días podré preparar algo.

Espero no haber aburrido a nadie con esta larga contribución. O mejor: lamento haberos torturado con estos datos sin duda arduos. Pero reconozco que no he podido resistirme a indagar un poco para saber algo más de este bellísimo soneto y de ese fallo, descubierto para nosotros por Jorge, y que ha pasado inadvertido durante años o décadas para muchos. Para mí desde luego. Saludos.
 
Estimado: te agradezco la pasión que has puesto en esta indagación. Varios de tus hallazgos cierran interrogantes que yo tenía, y te confieso que muchas veces este tipo de interrogantes llegan a quitarme el sueño (sospecho, por lo que veo, que a ti te pasa algo semejante). Anoche llegué a casa a medianoche y me encontré tu mensaje. Lo leí y me sumergí a continuación en el excelente artículo de Andrew Anderson que mencionas. No he tenido aún tiempo, y no lo tendré hasta la semana venidera, como para reflexionar acerca de las consecuencias que su «stemma» tiene para este problema de la rima, aunque la anécdota de la tertulia en Bogotá, que parece haber dado origen a la primera publicación en 1939, bien puede explicar este descuido del poeta, o más bien de su memoria (suponiendo, claro, que las tres eses estuvieron alguna vez en su magín). Cierta esperanza cabe de que este mismo Andrew Anderson, que parece ser un investigador enjundioso y meticuloso, diga algo acerca de esta rima en su trabajo crítico sobre los últimos poemas de Lorca, «Lorca's Late Poetry: a critical study» (que analiza, según he visto en un comentario, verso a verso).

En cuanto a las connotaciones psicoanalíticas del asunto, me parece pertinente tu comentario, y ya en uno anterior he hablado de esto al aludir al difícil concepto de lo «real».

seguimos conversando
abrazo
Jorge
Esta tarde he podido acercarme a la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada para intentar documentar un poco el tema que nos ocupa: la rima defectuosa de la palabra "serena". Voy a intentar compartir con vosotros lo que he podido encontrar tanto allí como en Internet, con el fin de poder ordenar yo mismo las ideas.

1) Partimos del hecho de que las ediciones usuales del soneto que manejamos contienen la mencionada deficiencia, hecho que nos hizo notar recientemente Jorge: el singular "serena" es unánime en las ediciones usuales.

2) Pero además es también un hecho que el singular "serena" parece ser unánime en todas las ediciones. Esto lo afirmo después de consultar en la biblioteca de la Universidad y en la mía personal las siguientes ediciones de las obras completas de García Lorca:
  • Guillermo de Torre (ed.), Obras Completas (11ª edición), LOSADA, Buenos Aires 1956.
  • Arturo del Hoyo (ed.), Obras Completas, AGUILAR, Madrid 1973, 1977, 1986, 1987 (reimpresión) y 1991.
  • Miguel García-Posada (ed.), Obras Completas, GALAXIA GUTENBERG (ed. antigua sin año y ed. 2016) = AKAL (1989) = DEBOLSILLO (2004, reimpr. 2015). Nota: las tres editoriales mencionadas, más RBA Editores (no consultada), ofrecen el texto preparado por García-Posada.
En todas, antiguas o recientes, aparece invariablemente el singular "serena". He consultado también otra edición ya antigua del soneto fuera de las obras completas:
  • Diván del Tamarit, Llanto..., Sonetos [1924-1936], edición, introducción y notas Mario Hernández, Alianza Editorial, Madrid 1981. Las notas finales que enriquecen esta edición informan acerca de las variantes que presenta el soneto según las fuentes y ediciones remotas, no se indica nada acerca de la rima defectuosa.
He curioseado también una traducción francesa a cargo de un equipo encabezado por otro afamado lorquista, André Belamich:
  • Poèsies, trad. A. Belamich-P. Darmangeat-Cl. Couffon-B. Sesé-J. Supervielle-J. Prévost, Gallimard 1963.
En esta traducción los tercetos de "Le poète demande à son amour de lui écrire" son

Mais moi je souffre et j'ai ouvert mes veines
dans un tourment de lys et de morsures,
tigre et colombe au-dessus de ton sein.

Apaise donc d'un mot cette brûlure
ou bien laisse-moi vivre en ma sereine
nuit de l'âme à tout jamais obscure.

Como puede verse, el singular se mantiene incluso en esta traducción rimada.

3) Así, pues, parece que hay que admitir que el defecto de rima ha pasado desapercibido a toda la crítica lorquiana, incluso a aquellos que, como Andrew A. Anderson, ha rastreado la compleja historia textual de este soneto. Anderson cataloga hasta doce fuentes (entre manuscritos y ediciones) que coteja minuciosamente, tras de lo cual señala las siguientes divergencias que resumo telegráficamente aquí:
  • En la puntuación
  • En el título: Soneto de la carta / El poeta pide a su amor que le escriba / El poeta exige a su amor que le escriba / El poeta se queja de que su amor no le escriba
  • En el determinante de "serena": la serena / mi serena
Variantes también señaladas por Mario Hernández en la nota final de su edición de los sonetos en 1981. Pero ni una palabra acerca de la rima defectuosa en este esmeradísimo estudio cuya previsualización está disponible en la web:

Andrew A. Anderson, New Light on the Textual History of García Lorca's Sonetos del amor oscuro, en David Tatcher Gries (ed.), Negotiating Past and Present: Studies in Spanish Literature for Javier Herrero, Rookwood Press, Charlottesville (Virginia) 1997, pp. 109-126.

4) Por alguna razón que no acabamos de comprender, no sólo a la crítica y a los lectores, sino incluso hasta al mismo Lorca le pudo pasar desapercibido el detalle. En otras palabras, me inclino a pensar, después de todo lo estudiado, que el error de rima es imputable al propio poeta, y no a los copistas, editores, herederos y demás personas que manejaron sus originales. Para justificar esta hipótesis recurro a un texto que nos ofrece Anderson en el excepcional artículo que acabamos de citar, donde recoge unas curiosas afirmaciones de Manuela Manzanares (primera editora del soneto en Bogotá en 1939):

El soneto que damos a continuación es desconocido y, según mis noticias, todavía inédito. No fue escrito por Federico para publicarlo, sino que lo improvisó una noche en la tertulia del café, al suscitarse una discusión sobre la dificultad de hacer un buen soneto y cómo es distintivo de un gran poeta el lograrlo (cit. en Anderson, op. cit. p. 115).​

Como no he tenido acceso al texto completo de Manzanares no puedo saber cuáles son las fuentes en que se basa la autora para hablarnos acerca de esa apasionante competición poética. Pero Anderson, inmediatamente, nos previene contra el supuesto carácter "improvisado" del soneto lorquiano: sin duda Lorca ya lo tenía compuesto, pues existen de hecho fuentes anteriores, de modo que el poeta no tuvo más que escribirlo, realizando, muy probablemente imagino yo, una de sus celebradas actuaciones en que se representaba "a sí mismo en el papel de improvisador genial" (Margarita Ucelay informa, con estas mismas palabras, de un hecho similar cuando Federico escribió "improvisadamente" el poema "Amor, amor / que vengo herido" para el final del cuadro segundo de su Perlimplín durante los ensayos; cf. Margarita Ucelay (ed.), Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, Cátedra, Madrid 1996, p. 163).

Es curioso notar que precisamente el error aparece ya en este contexto de duelo poético (de donde pasa a todas las ediciones, como se puede apreciar en el muy aclarador esquema de Anderson en la página 120). En todo caso el manuscrito de 1935 tenido por originario debió de incluir también el singular; de otro modo Anderson lo habría hecho notar y todo quedaría aclarado. De modo, pues, que debemos retrotraer el fallo de rima hasta el mismo García Lorca, y reconocer que ha sido fielmente reproducido por todas las ediciones y que ha pasado sorprendentemente inadvertido para todos los estudiosos (que sepamos).

Por razones obvias la investigación documental ha de detenerse aquí y no puede ir más allá (a no ser que algún día apareciera un manuscrito o una fuente antigua hoy desconocidos). Otro asunto es el esclarecimiento del origen de este evidente error: si fue un simple fallo del poeta (como dice el refrán, el mejor escribano echa un borrón); si fue un fallo no tan simple que encierra una autocensura de su inconsciente (lo cual sería objeto de un psicoanálisis forense, al estilo de los que Sigmund Freud hizo con Dostoyevski y su novela Los hermanos Karamázov); o si fue un fallo percibido y consentido (opción, ésta, que parece realmente improbable, a no ser que Lorca considerase aún el poema en fase de elaboración y no conozcamos, pues, la versión definitiva). Pero la investigación ulterior, más allá de la crítica textual, acerca de esa "autocensura" religiosa que sugiere Jorge merece un estudio también detenido. Creo que en los próximos días podré preparar algo.

Espero no haber aburrido a nadie con esta larga contribución. O mejor: lamento haberos torturado con estos datos sin duda arduos. Pero reconozco que no he podido resistirme a indagar un poco para saber algo más de este bellísimo soneto y de ese fallo, descubierto para nosotros por Jorge, y que ha pasado inadvertido durante años o décadas para muchos. Para mí desde luego. Saludos.
 
Última edición:
Si puedes acceder a esa obra de Anderson, no dudes en darnos noticias, Jorge. Parece realmente interesante.

Vamos ahora a tratar de esclarecer algo acerca de la motivación personal que pudo original el error de rima de García Lorca en este soneto.

Para ello asumamos la interpretación freudiana de los actos fallidos (en este caso, un lapsus de escritura o de lectoescritura a la hora de componer el poema). Dicha tesis afirma que los errores se producen como una solución “de compromiso” entre un contenido inconsciente reprimido que quiere manifestarse y una censura psíquica (también inconsciente) transitoriamente debilitada que intenta impedir que dicho contenido emerja al campo de lo consciente. El error supone, técnicamente hablando, una transacción: la censura no puede impedir que aflore, pero logra transformarlo. Un estudio en profundidad de este fenómeno se encuentra en la obra clásica “Psicopatología de la vida cotidiana” de Sigmund Freud.

Antes de proseguir hay que hacer una apreciación: desde esta perspectiva es posible que podamos vislumbrar algo sobre las causas personales de Lorca que motivaron el lapsus, pero no podremos explicar por qué la crítica y los lectores han (hemos) pasado por alto el detalle masivamente durante tantas décadas. La razón es que los contenidos mentales inconscientes particulares del poeta son exclusivos de su persona, por lo que solamente explicarán el error por su parte, pero no el “error” o la deficiencia de los demás a la hora de detectar lo que es un fallo evidente.

Hecha esta apreciación la pregunta que surge es ineludible: ¿cómo podremos acceder al contenido interior de la mente del poeta? No sólo no podemos preguntarle a él, sino que, además, su correspondencia no arroja luz, como ya avancé hace unos días, sobre este asunto.

Y, sin embargo, hay que decir que, en el caso de Lorca, tenemos una herramienta valiosísima para caminar hacia lo que pretendemos. Tal herramienta es el análisis de la obra juvenil del poeta.

Como ya ha demostrado el especialista lorquiano Eutimio Martín, la juvenilia del poeta constituye una fuente insustituible para comprender toda su producción posterior. En los primeros escritos (anteriores a su primera obra Impresiones y paisajes) se encuentran ya, y con inusitada claridad a veces, las líneas maestras de los temas medulares que reaparecerán en sus creaciones de madurez enmascarados, a menudo, bajo un velo simbólico de impenetrable hermetismo (cf. E. Martín, Federico García Lorca, heterodoxo y mártir. Análisis y proyección de la obra juvenil inédita, Siglo XXI, Madrid 1986; o la reedición corregida y aumentada de esta tesis doctoral en E. Martín, El 5º Evangelio. La proyección de Cristo en Federico García Lorca, Santillana Ediciones Generales, Madid 2013).

La producción poética, teatral y en prosa del joven Federico, que ha permanecido inédita durante décadas, ha sido ya felizmente publicada por la editorial Cátedra:

  • F. García Lorca, Poesía inédita de juventud (ed. Christian De Paepe), Cátedra, Madrid 2008 (1ª ed. 1994).

  • F. García Lorca, Teatro inédito de juventud (ed. Andrés Soria Olmedo), Cátedra, Madrid 1996.

  • F. García Lorca, Prosa inédita de juventud (ed. Christopher Maurer), Cátedra, Madrid 1998.

También aparece recogida en el volumen IV de la edición de las obras completas preparada por Miguel García-Posada para Galaxia Gutenberg (1997).

Repasando para el caso que nos ocupa el volumen de poesía (uso la 4ª edición en Cátedra, la de 2008) he encontrado un curioso poema que, a mi entender, tiene mucho que ver con el Soneto de la Carta. El poema lleva el número 19 en esta recopilación y ocupa las páginas 130-131. Se titula Canción erótica con tono de elegía lamentosa, y aparece fechado por el editor, con dudas, hacia 1917. El texto completo es el siguiente (las negritas y las cursivas son mías, como explicaré seguidamente):

Canción erótica con tono de elegía lamentosa

Toda la oscuridad de las noches sin luna
Ha cuajado en mi alma una flor lamentable.
En su cáliz de acero hay esencias de Nuncas
Y sus pétalos tienen color de irrealizable.

Tu boca firme y roja no sentirá el contacto
De mis labios cansados de besar en el aire.
Ni mis manos sedientas en el dorado acto
Te dejarán violetas hendidas en tu carne.

Sobre el zarzal florido quedóse mi agonía
Desconchada y herida de Chopin y piano,
Iniciada en un ritmo sexual y sereno.
Y a lo lejos la diosa de la Melancolía
Troncha mi flor amarga con su cálida mano
Nevando mi cabeza con rosas de recuerdo.


Se trata de una especie de soneto en alejandrinos divididos en hemistiquios que combina rimas asonantes y consonantes, con los dos tercetos unidos en una sola estrofa. Estilísticamente nos recuerda la poesía modernista que por aquella época de su formación tanto gustaba a Lorca. Pero lo más interesante para nosotros es que esta canción comparte con el soneto de la carta un importante núcleo léxico (en negrita en el texto):

luna – noche – oscuridad – serenidad – alma – flor – aire

Además, si admitimos (y no es demasiado suponer) las equivalencias tronchar = marchitar (como decadencia, en definitiva, de la flor), zarzal = rasgué mis venas (por la relación con las heridas y el sangrado), esencias = miel (por ser ambas producto de la flor), la lista de elementos comunes se puede ampliar notablemente (son las palabras en cursiva).

Puesto que la canción es mucho más explícita que el soneto, esta composición juvenil nos sirve como un diccionario simbólico para desentrañar el sentido profundo del Soneto de la carta: ahora ya sabemos cuál es esa lamentable flor al principio dura como el acero que al final se marchita o se troncha, en qué circunstancia de soledad lo hace, y en qué consiste esa serenidad final (flor, por otra parte, con claras resonancias del mundo de los sonetos de Shakespeare, a menudo relacionados con los lorquianos).

Y aún más: podemos percibir una doble evolución comparando los dos poemas:

  • Evolución del estilo literario: si la canción juvenil es claramente deudora del modernismo tan del gusto de la época, un poema podríamos decir "de entrenamiento", el soneto está construido por medio de una poética enraizada en la clásica tradición mística española con sustanciales aportes de la poética personal del autor, ya en plena madurez. El ejemplo más claro puede ser la transformación de esa rebuscada diosa de la Melancolía de la canción en la luna que vierte miel helada: pasamos así de una mitología más o menos “prestada” a una genuina luna lorquiana que es la verdadera deidad que reina en el trasfondo mítico característicamente personal de Lorca (ver a este respecto el aún poco conocido librito, una verdadera joya, escrito por Ángel Álvarez de Miranda y titulado La metáfora y el mito. Intuiciones de la religiosidad primitiva en la obra de Lorca [Renacimiento, Sevilla 2011; 1ª ed. Revista de ideas estéticas 1953]).

  • Evolución personal y psíquica del poeta: ya no encontramos a un inexperto joven, asustado y melancólico ante lo que desea y presiente irrealizable o imposible, sino que hallamos a todo un hombre maduro que tiene que luchar contra la ausencia del objeto amoroso que está o no está; es decir, que se enfrenta a una satisfacción imperfecta, probablemente más dolorosa y frustrante que la depresiva intuición de eterna vacuidad de la juventud. El problema no es ya la piedra inerte o los besos en el aire que no han conocido el amor, pues se ha producido de hecho ese duelo de mordiscos y azucenas; el motivo de la locura o la agonía es que el amor no está disponible por completo o en todo momento, siendo entonces fuente más de insatisfacción que de otra cosa; experiencia ineludible para todo ser humano desde que sufre su primera experiencia de angustia al abandonar el seno materno. La salida a esta situación es expuesta en el soneto en clave dilemática: o hacerse el objeto de deseo presente de alguna forma (aunque sea con la mera palabra escrita), o desaparecer para siempre, de forma que el poeta pueda volver (sin vanas esperanzas que acarrearán la frustración) a estadios más primitivos, pero menos dolorosos, de satisfacción: esa noche oscura para siempre... y también “desde siempre”.
Naturalmente la serenidad consecuente a esta segunda opción (serenidad tan fisiológica como psíquica o anímica, dentro de la característica mística lorquiana que auna carne y espíritu) es algo tan personal e íntimo que no puede, sin más, expresarse abiertamente en un poema que todo el mundo podrá leer, y que incluso se comparte en un ambiente tan desenfadado como una competición poética en una cafetería. No nos extraña, por tanto, que la censura psíquica inconsciente haya entrado en acción, aun cuando se haya visto debilitada por no sabemos qué mecanismo (quizá una inspiración tan desbordante como la libido) ocasionando la pérdida de esa “s” que invalida la rima de los tercetos.

Preguntas o investigaciones ulteriores que intenten esclarecer la causa específica del lapsus (el porqué de esa “s” perdida, y no otra manifestación) escapan al alcance del análisis puesto que carecemos del testimonio personal del poeta. En todo caso, creo que podemos aceptar que, efectivamente, en el soneto existe un “mensaje cifrado” (y bien cifrado), aunque de naturaleza fundamentalmente inconsciente, y del todo consecuente con el carácter oscuro que estos sonetos llevan en su título. Aunque no podamos precisar más, creo que este comentario puede contribuir a acotar suficientemente el tipo de sentimientos y realidades que entran aquí en juego.
 
Última edición:
No conocía el soneto de La Carta de Lorca y al leer tu bello poema fui a leerlo y es muy bello y el error muy interesante pues he leído poetas que comenten errores parecidos y pensaba yo sí sería permitido tal error. En fin, que se aprende mucho al venir a leerte. Saludos y Bendiciones.
 
Interesante tu idea del análisis comparativo con la obra juvenil, aunque creo que nos lleva a un territorio especulativo muy fangoso...
Acerca de por qué nadie comenta acerca del error en la rima... pienso que muchos lo deben haber visto, pensaron que era un descuido de Lorca que este no pudo subsanar por su asesinato, y decidieron hacer la vista gorda. Pueden no haber visto, o haberla visto y descartado, la posibilidad de tratar de «leer» ese error, de interpretarlo, que ha sido eje de mi soneto y del debate posterior.

Se me ocurre una pregunta acerca de esta posible interpretación: ¿era Lorca supersticioso? No he visto nada al respecto.

Trataré de encontrar el artículo de Anderson sobre la poesía tardía de Lorca...

abrazo

Si puedes acceder a esa obra de Anderson, no dudes en darnos noticias, Jorge. Parece realmente interesante.

Vamos ahora a tratar de esclarecer algo acerca de la motivación personal que pudo original el error de rima de García Lorca en este soneto.

Para ello asumamos la interpretación freudiana de los actos fallidos (en este caso, un lapsus de escritura o de lectoescritura a la hora de componer el poema). Dicha tesis afirma que los errores se producen como una solución “de compromiso” entre un contenido inconsciente reprimido que quiere manifestarse y una censura psíquica (también inconsciente) transitoriamente debilitada que intenta impedir que dicho contenido emerja al campo de lo consciente. El error supone, técnicamente hablando, una transacción: la censura no puede impedir que aflore, pero logra transformarlo. Un estudio en profundidad de este fenómeno se encuentra en la obra clásica “Psicopatología de la vida cotidiana” de Sigmund Freud.

Antes de proseguir hay que hacer una apreciación: desde esta perspectiva es posible que podamos vislumbrar algo sobre las causas personales de Lorca que motivaron el lapsus, pero no podremos explicar por qué la crítica y los lectores han (hemos) pasado por alto el detalle masivamente durante tantas décadas. La razón es que los contenidos mentales inconscientes particulares del poeta son exclusivos de su persona, por lo que solamente explicarán el error por su parte, pero no el “error” o la deficiencia de los demás a la hora de detectar lo que es un fallo evidente.

Hecha esta apreciación la pregunta que surge es ineludible: ¿cómo podremos acceder al contenido interior de la mente del poeta? No sólo no podemos preguntarle a él, sino que, además, su correspondencia no arroja luz, como ya avancé hace unos días, sobre este asunto.

Y, sin embargo, hay que decir que, en el caso de Lorca, tenemos una herramienta valiosísima para caminar hacia lo que pretendemos. Tal herramienta es el análisis de la obra juvenil del poeta.

Como ya ha demostrado el especialista lorquiano Eutimio Martín, la juvenilia del poeta constituye una fuente insustituible para comprender toda su producción posterior. En los primeros escritos (anteriores a su primera obra Impresiones y paisajes) se encuentran ya, y con inusitada claridad a veces, las líneas maestras de los temas medulares que reaparecerán en sus creaciones de madurez enmascarados, a menudo, bajo un velo simbólico de impenetrable hermetismo (cf. E. Martín, Federico García Lorca, heterodoxo y mártir. Análisis y proyección de la obra juvenil inédita, Siglo XXI, Madrid 1986; o la reedición corregida y aumentada de esta tesis doctoral en E. Martín, El 5º Evangelio. La proyección de Cristo en Federico García Lorca, Santillana Ediciones Generales, Madid 2013).

La producción poética, teatral y en prosa del joven Federico, que ha permanecido inédita durante décadas, ha sido ya felizmente publicada por la editorial Cátedra:

  • F. García Lorca, Poesía inédita de juventud (ed. Christian De Paepe), Cátedra, Madrid 2008 (1ª ed. 1994).

  • F. García Lorca, Teatro inédito de juventud (ed. Andrés Soria Olmedo), Cátedra, Madrid 1996.

  • F. García Lorca, Prosa inédita de juventud (ed. Christopher Maurer), Cátedra, Madrid 1998.

También aparece recogida en el volumen IV de la edición de las obras completas preparada por Miguel García-Posada para Galaxia Gutenberg (1997).

Repasando para el caso que nos ocupa el volumen de poesía (uso la 4ª edición en Cátedra, la de 2008) he encontrado un curioso poema que, a mi entender, tiene mucho que ver con el Soneto de la Carta. El poema lleva el número 19 en esta recopilación y ocupa las páginas 130-131. Se titula Canción erótica con tono de elegía lamentosa, y aparece fechado por el editor, con dudas, hacia 1917. El texto completo es el siguiente (las negritas y las cursivas son mías, como explicaré seguidamente):

Canción erótica con tono de elegía lamentosa

Toda la oscuridad de las noches sin luna
Ha cuajado en mi alma una flor lamentable.
En su cáliz de acero hay esencias de Nuncas
Y sus pétalos tienen color de irrealizable.

Tu boca firme y roja no sentirá el contacto
De mis labios cansados de besar en el aire.
Ni mis manos sedientas en el dorado acto
Te dejarán violetas hendidas en tu carne.

Sobre el zarzal florido quedóse mi agonía
Desconchada y herida de Chopin y piano,
Iniciada en un ritmo sexual y sereno.
Y a lo lejos la diosa de la Melancolía
Troncha mi flor amarga con su cálida mano
Nevando mi cabeza con rosas de recuerdo.


Se trata de una especie de soneto en alejandrinos divididos en hemistiquios que combina rimas asonantes y consonantes, con los dos tercetos unidos en una sola estrofa. Estilísticamente nos recuerda la poesía modernista que por aquella época de su formación tanto gustaba a Lorca. Pero lo más interesante para nosotros es que esta canción comparte con el soneto de la carta un importante núcleo léxico (en negrita en el texto):

luna – noche – oscuridad – serenidad – alma – flor – aire

Además, si admitimos (y no es demasiado suponer) las equivalencias tronchar = marchitar (como decadencia, en definitiva, de la flor), zarzal = rasgué mis venas (por la relación con las heridas y el sangrado), esencias = miel (por ser ambas producto de la flor), la lista de elementos comunes se puede ampliar notablemente (son las palabras en cursiva).

Puesto que la canción es mucho más explícita que el soneto, esta composición juvenil nos sirve como un diccionario simbólico para desentrañar el sentido profundo del Soneto de la carta: ahora ya sabemos cuál es esa lamentable flor al principio dura como el acero que al final se marchita o se troncha, en qué circunstancia de soledad lo hace, y en qué consiste esa serenidad final (flor, por otra parte, con claras resonancias del mundo de los sonetos de Shakespeare, a menudo relacionados con los lorquianos).

Y aún más: podemos percibir una doble evolución comparando los dos poemas:

  • Evolución del estilo literario: si la canción juvenil es claramente deudora del modernismo tan del gusto de la época, un poema podríamos decir "de entrenamiento", el soneto está construido por medio de una poética enraizada en la clásica tradición mística española con sustanciales aportes de la poética personal del autor, ya en plena madurez. El ejemplo más claro puede ser la transformación de esa rebuscada diosa de la Melancolía de la canción en la luna que vierte miel helada: pasamos así de una mitología más o menos “prestada” a una genuina luna lorquiana que es la verdadera deidad que reina en el trasfondo mítico característicamente personal de Lorca (ver a este respecto el aún poco conocido librito, una verdadera joya, escrito por Ángel Álvarez de Miranda y titulado La metáfora y el mito. Intuiciones de la religiosidad primitiva en la obra de Lorca [Renacimiento, Sevilla 2011; 1ª ed. Revista de ideas estéticas 1953]).

  • Evolución personal y psíquica del poeta: ya no encontramos a un inexperto joven, asustado y melancólico ante lo que desea y presiente irrealizable o imposible, sino que hallamos a todo un hombre maduro que tiene que luchar contra la ausencia del objeto amoroso que está o no está; es decir, que se enfrenta a una satisfacción imperfecta, probablemente más dolorosa y frustrante que la depresiva intuición de eterna vacuidad de la juventud. El problema no es ya la piedra inerte o los besos en el aire que no han conocido el amor, pues se ha producido de hecho ese duelo de mordiscos y azucenas; el motivo de la locura o la agonía es que el amor no está disponible por completo o en todo momento, siendo entonces fuente más de insatisfacción que de otra cosa; experiencia ineludible para todo ser humano desde que sufre su primera experiencia de angustia al abandonar el seno materno. La salida a esta situación es expuesta en el soneto en clave dilemática: o hacerse el objeto de deseo presente de alguna forma (aunque sea con la mera palabra escrita), o desaparecer para siempre, de forma que el poeta pueda volver (sin vanas esperanzas que acarrearán la frustración) a estadios más primitivos, pero menos dolorosos, de satisfacción: esa noche oscura para siempre... y también “desde siempre”.
Naturalmente la serenidad consecuente a esta segunda opción (serenidad tan fisiológica como psíquica o anímica, dentro de la característica mística lorquiana que auna carne y espíritu) es algo tan personal e íntimo que no puede, sin más, expresarse abiertamente en un poema que todo el mundo podrá leer, y que incluso se comparte en un ambiente tan desenfadado como una competición poética en una cafetería. No nos extraña, por tanto, que la censura psíquica inconsciente haya entrado en acción, aun cuando se haya visto debilitada por no sabemos qué mecanismo (quizá una inspiración tan desbordante como la libido) ocasionando la pérdida de esa “s” que invalida la rima de los tercetos.

Preguntas o investigaciones ulteriores que intenten esclarecer la causa específica del lapsus (el porqué de esa “s” perdida, y no otra manifestación) escapan al alcance del análisis puesto que carecemos del testimonio personal del poeta. En todo caso, creo que podemos aceptar que, efectivamente, en el soneto existe un “mensaje cifrado” (y bien cifrado), aunque de naturaleza fundamentalmente inconsciente, y del todo consecuente con el carácter oscuro que estos sonetos llevan en su título. Aunque no podamos precisar más, creo que este comentario puede contribuir a acotar suficientemente el tipo de sentimientos y realidades que entran aquí en juego.
 
No conocía el soneto de La Carta de Lorca y al leer tu bello poema fui a leerlo y es muy bello y el error muy interesante pues he leído poetas que comenten errores parecidos y pensaba yo sí sería permitido tal error. En fin, que se aprende mucho al venir a leerte. Saludos y Bendiciones.
Gracias por tu visita, querida Lourdes. Acerca de tu pregunta... no hay un Inquisidor de la poesía que pueda decir «esto está permitido, esto está prohibido». Lo que si hay son definiciones, en este caso de la rima consonante, y esa rima de Lorca no responde a la definición; también hay una definición de soneto, que incluye la rima consonante. Estrictamente hablando, este error de la rima hace que el poema de Lorca no sea un soneto, y sabemos que Lorca en la época que lo compuso trataba de componer una colección de sonetos de perfección clásica. Si miras los comentarios anteriores, verás que hemos tratado de entender el origen de este «error», asunto peliagudo...

abrazo
Jorge
 
A partir de lo comentado en este otro hilo acerca de la rima consonante voy a escribir algo más sobre la rima que nos ocupa en este soneto.
http://www.mundopoesia.com/foros/te...oneto-de-rimas-separadas.607845/#post-6027138
Como sabemos García Lorca era natural de Fuente Vaqueros, localidad muy cercana a la capital granadina. Pues bien: es sabido que los "granainos" tenemos ciertas particularidades como hablantes del castellano (que pueden llegar al extremo de distinguir por el habla a los nativos de los distintos barrios de la capital) entre las que se encuentra una pronunciación tan sutil de las "s" finales de las palabras que puede llegar a ser casi nula.

Yo no tengo noticias de cómo era el habla de Federico, y cómo influyó en él su estancia en Madrid y en otros lugares, pero imagino que la pronunciación esmerada de las "s" finales no sería su especialidad. Yo mismo recuerdo, por ejemplo, a una muchacha de Ciudad Real que fue compañera mía durante la carrera de Matemáticas y que tuvo serios problemas para detectar algunos plurales en las explicaciones de los profesores cuando el artículo no lo aclaraba, hasta el punto de entender mal algún concepto o algún desarrollo.

En este sentido hay que decir que el "Soneto de la carta" recitado por un granadino puede resultar "perfectamente" consonante. Naturalmente García Lorca sabía que tal y como lo tenemos escrito es erróneo, y que la norma poética de su época no iba a admitir en absoluto la rima consonante "venas - azucenas - serena", pero es probable que en su recitado interno a la hora de componer este soneto, la peculiar pronunciación granadina fuese otro de los mecanismos que le jugó la mala pasada (esto no invalida los posibles mecanismos inconscientes que comenté antes; más bien se trataría de una convergencia de causas, o de una causa objetiva que sirve de apoyo al mecanismo inconsciente).
 
Última edición:
La verdad es que me parece muy interesante tu observación, que además introduce un enfoque del asunto por cierto más «terrenal» que los que veníamos discutiendo.

Creo que hay que distinguir dos aspectos: uno es el que hace al poema de Lorca, otro es el que hace a las «normas» en general.

En lo que hace a Lorca, habría que ver hasta que punto quería escribir sonetos de corte estrictamente clásico, por una parte, y por otra parte hasta que punto se hubiera comprometido en una batalla en defensa de la dicción «granaina». Si la segunda opción fuera válida, seguramente debería apreciarse en otras obras, la primera opción parece validada por abundantes testimonios de los amigos.

En cuanto al otro aspecto... creo que es intrincado. En el caso de la «s» y la «z» en las rimas, puede argumentarse estadísticamente: hay una gran mayoría de hablantes del español que no las distinguen en su dicción; pero saliendo del ámbito de la rima, no cabe duda de que en los encuentros de vocales cada poeta hace valer su dicción, lo que se considera válido. Un caso extraño, tendría que buscar la fuente, es el de Unamuno que escribe «verdá» y hace sinalefa con la palabra siguiente. Esto sería totalmente aceptable en un poema «localista», donde la descripción de la dicción fuera parte del contenido, como en nuestro «Martín Fierro», pero me parece cuestionable y raro en el caso de Unamuno. Sin embargo las particularidades de la dicción de Juan Ramón Jiménez, por ejemplo, se reflejan muchas veces en su métrica, y todos lo aceptamos sin escándalo.

Asunto muy interesante que nos lleva a problemas ajenos al problema histórico. Gracias por traerlo a colación.

buscaré la cita de Unamuno

abrazo
Jorge

Aquí está el poema de Unamuno (de 1908)(Obras completas, Biblioteca Castro, Tomo V, p. 962). Lo que no recordaba es que fuera parte de un diálogo, lo que sin duda le da otra validez a la licencia.

«¿Y Dios?», me preguntó muy compungido,
cuando cruzó el paseo
alta, arrogante,
el cielo interrumpiendo con su frente,
que era otro cielo,
y el campo humanizando con sus ojos,
y respondile al verla:
«¡la verdá es que es hermosa!»


A partir de lo comentado en este otro hilo acerca de la rima consonante voy a escribir algo más sobre la rima que nos ocupa en este soneto.
Como sabemos García Lorca era natural de Fuente Vaqueros, localidad muy cercana a la capital granadina. Pues bien: es sabido que los "granainos" tenemos ciertas particularidades como hablantes del castellano (que pueden llegar al extremo de distinguir por el habla a los nativos de los distintos barrios de la capital) entre las que se encuentra una pronunciación tan sutil de las "s" finales de las palabras que puede llegar a ser casi nula.

Yo no tengo noticias de cómo era el habla de Federico, y cómo influyó en él su estancia en Madrid y en otros lugares, pero imagino que la pronunciación esmerada de las "s" finales no sería su especialidad. Yo mismo recuerdo, por ejemplo, a una muchacha de Ciudad Real que fue compañera mía durante la carrera de Matemáticas y que tuvo serios problemas para detectar algunos plurales en las explicaciones de los profesores cuando el artículo no lo aclaraba, hasta el punto de entender mal algún concepto o algún desarrollo.

En este sentido hay que decir que el "Soneto de la carta" recitado por un granadino puede resultar "perfectamente" consonante. Naturalmente García Lorca sabía que tal y como lo tenemos escrito es erróneo, y que la norma poética de su época no iba a admitir en absoluto la rima consonante "venas - azucenas - serena", pero es probable que en su recitado interno a la hora de componer este soneto, la peculiar pronunciación granadina fuese otro de los mecanismos que le jugó la mala pasada (esto no invalida los posibles mecanismos inconscientes que comenté antes; más bien se trataría de una convergencia de causas, o de una causa objetiva que sirve de apoyo al mecanismo inconsciente).
 
Última edición:
Interesantes, sin duda, Musador, tu poema, tus anáforas, tus inferencias y tu investigación, buscando implicaturas no asequibles solamente a nivel semántico sino también pragmático.
Yo interpreto que la falta de respuesta (luz) de la persona amada en una situación límite como la que estaba viviendo el poeta y la soledad consecuente desembocan en el desborde emocional y en el soneto que es y representa la propia carta que se estaba jugando. Y en este caso la bivalencia del adjetivo oscura en singular es para mí un acierto ya que apunta a los dos sustantivos anteriores, enriqueciendo poderosamente la imagen en la misma ambigüedad (oscuridad) que nos deja, para mí más importante que la ausencia de una letra que tal vez colabore en el mismo sentido.
Saludos cordiales
 
Última edición:
Interesantes, sin duda, Musador, tu poema, tus anáforas, tus inferencias y tu investigación, buscando implicaturas no asequibles solamente a nivel semántico sino también pragmático.
Yo interpreto que la falta de respuesta (luz) de la persona amada en una situación límite como la que estaba viviendo el poeta y la soledad consecuente desembocan en el desborde emocional y en el soneto que es y representa la propia carta que se estaba jugando. Y en este caso la bivalencia del adjetivo oscura en singular es para mí un acierto ya que apunta a los dos sustantivos anteriores, enriqueciendo poderosamente la imagen en la misma ambigüedad (oscuridad) que nos deja, para mí más importante que la ausencia de una letra que tal vez colabore en el mismo sentido.
Saludos cordiales
Comparto tu criterio, aunque me resulta extraño que Lorca tolerara un «error» en la rima. Esa ambigüedad es el motivo central de mi soneto, por otra parte.
Andrew Anderson, todo un especialista en la obra tardía de Lorca, ha tenido la gentileza de hacerme llegar, a raíz de mi pregunta, su opinión de que, aún teniendo la oportunidad, Lorca no habría corregido esos versos.

abrazo
Jorge
 
En un sutil error de tu soneto
me dejaste la duda de tu llama,
esa duda del alma que reclama
la respuesta en el místico secreto.

Tímido fruto de tu sueño inquieto
el orden perturbado en anagrama,
la ausencia de la letra que derrama
sobre tu verso un silencioso veto.

Para siempre esa sombra luminosa
de tu pluma en la noche vacilante
gritando su mensaje de candela.

Para siempre del alma temblorosa
fluya la oscura sangre del amante
regando nuestra lengua con su esquela.



El soneto al que hago referencia en el primer verso es el llamado «Soneto de la carta», de Federico García Lorca.

Y qué otra cosa puedo yo hacer que no sea venir a disfrutar de este excelente soneto , que más que una poesía es una lección...
Ahora me pongo de pie y te aplaudo ( aunque no me veas)
Mi admiración a tu pluma amigo y maestro cuchillita.
 
Y qué otra cosa puedo yo hacer que no sea venir a disfrutar de este excelente soneto , que más que una poesía es una lección...
Ahora me pongo de pie y te aplaudo ( aunque no me veas)
Mi admiración a tu pluma amigo y maestro cuchillita.
Gracias por tu paso, querida Beatriz. Me alegro de que el soneto te haya gustado, aunque como de costumbre exageras.
beso
Jorge
 
«noche del alma para siempre oscura.» es el último verso de este soneto de Lorca. La referencia a Juan de Yepes es evidente (hay otra en el verso 4 a Teresa de Ávila), pero el orden está alterado: una cosa es «noche oscura del alma», otra es «noche del alma oscura». Juan de Yepes pinta esta «noche oscura del alma» como una noche de angustias, quizás de dudas, en el camino del alma hacia el Amado, pero el cambio en el orden introduce una ambigüedad esencial: el adjetivo «oscura» en el verso de Lorca, ¿se aplica a la noche o al alma? «alma para siempre oscura» es, claramente, alma condenada. Es sosteniendo esta ambigüedad que veo el temblor del poeta.

abrazo
J.

Dejo acá la primera lira de las «Canciones del alma» de Juan de Yepes.

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.


Cierto. No es lo mismo "noche oscura del alma" que "noche del alma oscura" Aquí el emplazamiento de la adjetivación determina un cambio de rumbo en el significado de la locución. Ëste es un soneto "de circunstancia"escrito a impulsos de un hecho preciso y concreto: una carta que espera.
Resulta cuando menos enigmática la falta de preceptiva rima en el verso 13 cuando le hubiera supuesto fácil emplazarla:

Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.


Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.



Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mis serenas
noches del alma para siempre oscura.


La conjetura que en verdad tuve en cuenta al escribir mi soneto es la de que Lorca compuso una primera versión con las tres eses, y por algún prurito religioso (o por respeto a Juan de Yepes) lo cambió, dejándolo así en boceto.

Tal vez, quién sabe.

Un cordial saludo.
 
Gracias, estimado Vicente. Usando la gastadísima metáfora del grano de arena y la perla, diría que un granito de realidad produce a nuestros ojos el hecho poético del que, si logramos revestirlo de lenguaje, nacerá quizás el poema. En este caso el granito de realidad fue el error en la rima del verso 13 del "Soneto de la carta": lo demás... es literatura o charlatanería, según se vea.

abrazo
j.



Cierto. No es lo mismo "noche oscura del alma" que "noche del alma oscura" Aquí el emplazamiento de la adjetivación determina un cambio de rumbo en el significado de la locución. Ëste es un soneto "de circunstancia"escrito a impulsos de un hecho preciso y concreto: una carta que espera.
Resulta cuando menos enigmática la falta de preceptiva rima en el verso 13 cuando le hubiera supuesto fácil emplazarla:

Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.


Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.



Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mis serenas
noches del alma para siempre oscura.


La conjetura que en verdad tuve en cuenta al escribir mi soneto es la de que Lorca compuso una primera versión con las tres eses, y por algún prurito religioso (o por respeto a Juan de Yepes) lo cambió, dejándolo así en boceto.

Tal vez, quién sabe.

Un cordial saludo.
 
Jorge, la he vuelto a leer pasado el tiempo,al principio no la asimilé bien, ahora saco en conclusión....¿que encontraría el poeta , en ese pequeño error de su verso?pienso que DESAMOR y luego "para siempre esa llama del amante",...que riegue nuestras letras otra vez,esto es alabanza o admiración al poeta ,en definitiva ese error contenía"un vacío" de dolor,seguiré otro día Jorge me canso, estoy intrigada, tal vez llegue a ver esto con más claridad en otro momento, marga
En un sutil error de tu soneto
me dejaste la duda de tu llama,
esa duda del alma que reclama
la respuesta en el místico secreto.

Tímido fruto de tu sueño inquieto
el orden perturbado en anagrama,
la ausencia de la letra que derrama
sobre tu verso un silencioso veto.

Para siempre esa sombra luminosa
de tu pluma en la noche vacilante
gritando su mensaje de candela.

Para siempre del alma temblorosa
fluya la oscura sangre del amante
regando nuestra lengua con su esquela.



El soneto al que hago referencia en el primer verso es el llamado «Soneto de la carta», de Federico García Lorca.
 
un momento, o un mensaje de AMOR, escapado sin querer en este error,luego dices....para siempre.....
En un sutil error de tu soneto
me dejaste la duda de tu llama,
esa duda del alma que reclama
la respuesta en el místico secreto.

Tímido fruto de tu sueño inquieto
el orden perturbado en anagrama,
la ausencia de la letra que derrama
sobre tu verso un silencioso veto.

Para siempre esa sombra luminosa
de tu pluma en la noche vacilante
gritando su mensaje de candela.

Para siempre del alma temblorosa
fluya la oscura sangre del amante
regando nuestra lengua con su esquela.



El soneto al que hago referencia en el primer verso es el llamado «Soneto de la carta», de Federico García Lorca.
 
Musador: Me quedé pensando en este tema y recordé un poema de Fray Luis de León que se llama justamente "Noche serena", tal vez pudo haber influido..., como antes mencionaron a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa. No sé, tal vez te sirva o no. por si acaso te lo dejo.

De "Noche Serena":

(...) Morada de grandeza,
templo de claridad y de hermosura:
mi alma que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel, baja, oscura?(...)

Del Soneto de la Carta de F. García Lorca:

(...)"Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Bueno, el singular, la rima en --ura y algunas palabras del léxico obrarían en este sentido, pero tú eres mejor observador y analista... Tal vez sean simples conjeturas que se me han ocurrido después de leer este extenso debate.
Un saludo cordial





 
Última edición:
Gracias, estimada Maygemay. Es sabido que García Lorca tenía una memoria prodigiosa y que era un lector muy inteligente (su famosa conferencia sobre Góngora da fe de ello). He leído trabajos serios donde dan por sentadas las referencias a Juan de Yepes en este poema, aunque no sé realmente cuál era el grado de intencionalidad de Lorca en esto. Tu aporte es, en ese sentido, interesante, al unir el adjetivo «serena » con el de «oscura», en estos juegos que los místicos practicaban sin descanso. Quizás habría que ir, ya que hablamos de Fray Luis, a mirar el «Cantar de los cantares», fuente común de los poetas místicos del siglo XVI...

Salvo que aparezca algún dato documental, creo que este intríngulis quedará en lo conjetural...

abrazo
j.
Musador: Me quedé pensando en este tema y recordé un poema de Fray Luis de León que se llama justamente "Noche serena", tal vez pudo haber influido..., como antes mencionaron a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa. No sé, tal vez te sirva o no. por si acaso te lo dejo.

De "Noche Serena":

(...) Morada de grandeza,
templo de claridad y de hermosura:
mi alma que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel, baja, oscura?(...)

Del Soneto de la Carta de F. García Lorca:

(...)"Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Bueno, el singular, la rima en --ura y algunas palabras del léxico obrarían en este sentido, pero tú eres mejor observador y analista... Tal vez sean simples conjeturas que se me han ocurrido después de leer este extenso debate.
Un saludo cordial




 
Acabo de advertir un caso análogo de rima defectuosa en otro soneto, esta vez uno bien mordaz de nada menos que todo un Góngora:

En la partida del Conde de Lemus
y del Duque de Feria a Nápoles y a Francia


El Conde mi señor se fue a Napóles;
el Duque mi señor se fue a Francía:
príncipes, buen vïaje, que este día
pesadumbre daré a unos caracoles.

Como sobran tan doctos españoles,
a ninguno ofrecí la Musa mía;
a un pobre albergue sí, de Andalucía,
que ha resistido a grandes, digo Soles.

Con pocos libros libres (libres digo
de expurgaciones) paso y me paseo,
ya que el tiempo me pasa como higo.

No espero en mi verdad lo que no creo:
espero en mi conciencia lo que digo,
mi salvación, que es lo que más deseo.

Dámaso Alonso en Góngora y el «Polifemo» (Madrid 1994) indica: "Obsérvese la reiteración de la palabra «digo» en rima, imaginamos que por descuido o inadvertencia de Góngora; en el manuscrito Montaner, en el verso 13.°, «sigo», que va bien al sentido y evita la repetición" (p. 335).

No voy a entrar aquí en ningún tipo de psicoanálisis forense, pero hay que hacer notar que el desprecio que muestra aquí don Luis por lo cortesano había sido algo largamente deseado por él: "Es evidente, creemos, que Góngora tuvo también aspiraciones a ser del séquito. Lo olfateamos, precisamente, en este soneto en que él, entre chistes, lo niega" (D. Alonso, op. cit. 334). Quizá lo reprimido emerge también aquí en un error de rima.

Lo cito aquí como otro ejemplo de presunto descuido en un gran poeta: dicen que el mejor escribano echa un borrón... sobre todo cuando tiene motivos para echarlo... ¿O no?

Otro mensaje cifrado.
 
Última edición:
Interesantes tus hallazgos, aunque sinceramente no me parecen equivalentes al de Lorca. El cambio de acentuación de las esdrújulas no era frecuente, pero si habitual en la época. En cuanto a la repetición de «digo», viola una norma estética, pero no la consonancia.

abrazo
Jorge

Acabo de advertir un caso análogo de rima defectuosa en otro soneto, esta vez uno bien mordaz de nada menos que todo un Góngora:

En la partida del Conde de Lemus
y del Duque de Feria a Nápoles y a Francia


El Conde mi señor se fue a Napóles;
el Duque mi señor se fue a Francía:
príncipes, buen vïaje, que este día
pesadumbre daré a unos caracoles.

Como sobran tan doctos españoles,
a ninguno ofrecí la Musa mía;
a un pobre albergue sí, de Andalucía,
que ha resistido a grandes, digo Soles.

Con pocos libros libres (libres digo
de expurgaciones) paso y me paseo,
ya que el tiempo me pasa como higo.

No espero en mi verdad lo que no creo:
espero en mi conciencia lo que digo,
mi salvación, que es lo que más deseo.

Dámaso Alonso en Góngora y el «Polifemo» (Madrid 1994) indica: "Obsérvese la reiteración de la palabra «digo» en rima, imaginamos que por descuido o inadvertencia de Góngora; en el manuscrito Montaner, en el verso 13.°, «sigo», que va bien al sentido y evita la repetición" (p. 335).

No voy a entrar aquí en ningún tipo de psicoanálisis forense, pero hay que hacer notar que el desprecio que muestra aquí don Luis por lo cortesano había sido algo largamente deseado por él: "Es evidente, creemos, que Góngora tuvo también aspiraciones a ser del séquito. Lo olfateamos, precisamente, en este soneto en que él, entre chistes, lo niega" (D. Alonso, op. cit. 334). Quizá lo reprimido emerge también aquí en un error de rima.

Lo cito aquí como otro ejemplo de presunto descuido en un gran poeta: dicen que el mejor escribano echa un borrón... sobre todo cuando tiene motivos para echarlo... ¿O no?

Otro mensaje cifrado.
 
En cuanto a la repetición de «digo», viola una norma estética, pero no la consonancia

Claro: ¿cómo va a violar la consonancia, si son palabras idénticas? Pero rimar palabras idénticas en un soneto no es ninguna genialidad... ¿o sí?
 
Claro: ¿cómo va a violar la consonancia, si son palabras idénticas? Pero rimar palabras idénticas en un soneto no es ninguna genialidad... ¿o sí?
Sabido es que ni los genios son todo el tiempo geniales... Incluso Homero duerme...
abrazo
 
Última edición:

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