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Nadie nos dijo...

Marla

Poeta fiel al portal
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina
Espléndido pasaje,que por lo general se deja para el final, para detallar el verdadero mal de nuestro tiempo, la esclavitud generada por la revolución industrial y el capitalismo concomitante. Aquí sagazmente enunciada por el reloj y las facturas. ¿Y luego qué? Y bueno, luego, la lucha diaria para no perdernos cada amanecer, algún arco iris y la sonrisa de los niños.
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.


No creo que pueda decirse más bonito ese ir adaptándose en la vida. Afortunado el ser que tuvo la suerte de encontrarse con tu sensibilidad. Maravillada me dejas, querida poetisa.

Un gran abrazo.

Palmira
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.

Me gusta tu alegato amiga María. Claro que nada es fácilmente estva vida. Pero hay que intentar no detenerse nunca a esperar que alguien nos lo solucione. A veces es más fácil de lo que parece, solo hay que intentar seguir hacia delante.
Un placer detenerse en tu obra querida compañera.
Un eterno abrazo desde estos cielos poéticos de un halcón.
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.
Bello andar en la travesía del amor en pareja.
Me agrado mucho.
Saludos.
 
No creo que pueda decirse más bonito ese ir adaptándose en la vida. Afortunado el ser que tuvo la suerte de encontrarse con tu sensibilidad. Maravillada me dejas, querida poetisa.

Un gran abrazo.

Palmira

Muchas gracias, Palmira, por tu generosidad con mis letras.

Un gran abrazo, amiga.
 
Me gusta tu alegato amiga María. Claro que nada es fácilmente estva vida. Pero hay que intentar no detenerse nunca a esperar que alguien nos lo solucione. A veces es más fácil de lo que parece, solo hay que intentar seguir hacia delante.
Un placer detenerse en tu obra querida compañera.
Un eterno abrazo desde estos cielos poéticos de un halcón.

Así es, seguir hacia adelante porque es la mejor opción que tenemos.

Gracias por tu amable huella, Halcón.

Un abrazo.
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.
Pues ya te lo había leído, pero es un poema para leer y releer mientras siguen pasando los años. Precioso.
Un saludo Marla.
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.
Las lecciones de vida, siempre nos llegan

Grato leerte de nuevo
 

POEMA DESTACADO

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Seleccionado por el Jurado

Con todo el cariño

MUNDOPOESIA.COM
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.

Excelente, querida amiga Marla, muy bello, profundo, y encantador poema, enhorabuena por el reconocimiento!! un abrazo, felices días.
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.
Excelente poema y muchas Felicitaciones por tu reconocimiento. Un abrazo
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.


Un placer leer esta obra. enfrentarse asi a la vida, ver que lo momentos nos
superan y que en ocasiones lo mas valido es proseguir sin miradas pasajeras
que rompar nuestro mas sentato amor intimo y personal. excelente.
salludos de luzyabsenta
 
Nadie dijo que fuera fácil
ganarle la partida al reloj
y sostenerse en la cuerda floja
de los sueños;
dejar atrás los números cuando llegas a casa;
olvidar las facturas, los cartas comerciales,
aparcar cada hora tejida a golpe de teclado,
en el pálido cajón de la rutina.

Nadie dijo que fuera fácil
recomponer el rostro ajado
de la noche
mientras conversas con tu soledad
o ametrallas un lienzo en blanco
cuando te vence el ansia
de vomitar el mundo
a través de las yemas de tus dedos.
Encender una hoguera
cuando la tarde sueña
con apagar sus párpados.

Sin embargo, amor,
cuando llegas a casa
y traes contigo la niñez y el incendio,
cuando abro las puertas de mis venas
al duende adolescente que brinca en tus pupilas,
los perros de la noche dejan de ladrarle
a todos los abismos,
los huesos ya no duelen, mi cuerpo recupera
su latido de infinitas pulsaciones
por abrazo.

Y aprenden a danzar como niños
nuestros cuatrocientos doce huesos
juntos,
y cincuenta más cincuenta
logran fundirse en compás
de veinte y veinte.


Por eso, amor, hemos sumado luces
a las sombras que nos acompañan,
esquivando (a duras penas) las trampas del dolor;
burlando, con pasitos torpes, las esquirlas
del tiempo que macera nuestros pasos.


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Bravo!! Excelente poema, que merece mil aplausos!! Me encantó pasar por tu hermoso trabajo.
Saludos, Azalea.
 

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