Naturaleza 5: La noche

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Sonando el despertador de la mañana,
los pájaros trinando, despertando
al sol de su sueño, el flequillo va levantando.

Rojos, rosáceos, marrones el iris se abre
como la puerta de la mañana se va abriendo,
el cielo llora sangre, el agua se enrojece,
recibe lentamente la luz del dios astro.

Levantándose ilumina el paisaje,
despidiendo a la luna
deshaciendo la fábula del cuento
que estaba viviendo.

Soy pasto ardiendo en el bosque del deseo,
los rayos del sol, tras las oquedades de los rutilantes
árboles, me ciega. Ando rodando ladera abajo,
como el ciego, cuando el viento lo va balanceando,
como las olas se mueven risueñas y contentas.

El valle me cobija, la nube me escribe,
la memoria del camino me corrige,
soy jilguero en la cresta de tu ola,
roble lastimero que me arrullas con tu credo.

El arroyo me conduce por senderos de paz,
las rocas me alegran el ambiente, en esta morada
de virginidad concupiscente, eterno exiliado,
buscando territorios nuevos.

Las fragancias que huelo, la tranquilidad
que transmites en este mundo obsceno,
es un regalo a los dioses, y una oración
al cielo.

Las flores cantan, las margaritas risueñas
se levantan temprano,
arriba en el promontorio, un galán bien entrajado
me lleva en volandas hacia el cielo
me recibe la luna riendo
ha llegado la noche oscura en silencio.
 
Una visión muy personal, dentro del paisaje que vuestra convivencia particular, con el ser
que amas, se eleva por sobre la rutina del diario convivir; para obsequiarte la profunda
intimidad de vuestro personal sentir. Cuando un sentimiento es realmente pleno y se
comparte con quién uno lo desea, ciertamente todo lo demás es posible en nuestras vidas.
Excelente poema, compañero José V.Y.
Cordialmente:
 
Última edición:


Sonando el despertador de la mañana,
los pájaros trinando, despertando
al sol de su sueño, el flequillo va levantando.

Rojos, rosáceos, marrones el iris se abre
como la puerta de la mañana se va abriendo,
el cielo llora sangre, el agua se enrojece,
recibe lentamente la luz del dios astro.

Levantándose ilumina el paisaje,
despidiendo a la luna
deshaciendo la fábula del cuento
que estaba viviendo.

Soy pasto ardiendo en el bosque del deseo,
los rayos del sol, tras las oquedades de los rutilantes
árboles, me ciega. Ando rodando ladera abajo,
como el ciego, cuando el viento lo va balanceando,
como las olas se mueven risueñas y contentas.

El valle me cobija, la nube me escribe,
la memoria del camino me corrige,
soy jilguero en la cresta de tu ola,
roble lastimero que me arrullas con tu credo.

El arroyo me conduce por senderos de paz,
las rocas me alegran el ambiente, en esta morada
de virginidad concupiscente, eterno exiliado,
buscando territorios nuevos.

Las fragancias que huelo, la tranquilidad
que transmites en este mundo obsceno,
es un regalo a los dioses, y una oración
al cielo.

Las flores cantan, las margaritas risueñas
se levantan temprano,
arriba en el promontorio, un galán bien entrajado
me lleva en volandas hacia el cielo
me recibe la luna riendo
ha llegado la noche oscura en silencio.
La noche como musa de todo poeta. Bellos y alegres versos, llenos de sentires dentro de la naturaleza. Un placer nuevamente, un abrazo poeta
 
Gracias Dani por tus comentarios, me halagan mucho y me dicen que en mi aprendizaje voy en el camino correcto. Un abrazo con la pluma del alma, amigo Dani
 

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