Cecilya
Cecy
No fueron sus huellas en la arena
a merced de una gentil llovizna de cristal.
No fue un azul jugando a disfrazarse de gris
aún así… hermoso.
No fueron las montañas agrestes
tapizadas de esmeraldas
ni la ruta junto a un pueblo de postal.
No fue la diosa luna blanca
como una medalla de honor para el silencio.
No fue la senda rítmica del tren, alguna tarde
o la certeza de un abrazo en la estación.
No fueron versos de placer en los oídos
pronunciados cual susurros.
No fue el hechizo latente de la historia
de viejas espadas y castillos.
No fue el deseo al arrojar una moneda
en la fuente mágica del sueño y la armonía.
No fue el viento furioso de la costa
en una noche de pasión y de presagios.
No fueron besos lujuriosos y adictivos
incentivados por un toque de ternura.
No fue una flor sobre la cama, una sonrisa
el aroma del té de frutos rojos en los labios.
No fue una antigua melodía en la distancia,
y las ansias de volver, para quedarse…
No fue verdad
no fue mentira
no fue ella
no fue él
no fue nada…
Apenas amor.
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Nota: Todos los escritores tenemos esos poemas antiguos, escritos en tinta y papel que a veces nos gusta devolver al presente.
Este es uno de ellos.
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