Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Hay fuerza en cuclillas y un ángulo confuso en esa mirada. Hay porvenir en el secreto de sus manos. Hay brillo donde gotear el valor. Hay horas oscuras en el agujero de su espalda. Hay minutos flotando en el aire y secos estallidos vueltos del revés rondando los segundos. Hay un disfraz de polvo rodeando el gesto dorado de su rostro. Despacio nos pregunta la luz del foco; si el aire es negro ¿de dónde la alegría?
Yo miro a lo lejos, cerca de su pensamiento que es el mío. He sido en otro tiempo el iris de sus ojos. En sí, la palabra es minero. No sé; es asombro, pero esa sonrisa abierta es tan real como las sombras que oscurecen la línea de sus cejas. Sombras en la ribera opuesta de la luz donde los sueños se deslían en la penumbra de las galerías, donde la brújula es el rastro del agua y el tiempo poco más que un temblor. Cómo iría su resplandor si se quejase de la tierra. Cómo se iría oscureciendo si es negra su labor y el carbón no tiene luz.
A alguien cuyo informe sobre el miedo podría ser el mío, le abatió la luz del relámpago bajo un alud de carbón y con manos apresuradas buscó todas las salidas, dejando el hueco a oscuras. Despertó con otras manos alzadas ante su cara y quedó mudo en medio del desconcierto al verlas a la altura de los ojos, casi luminosas en la oscuridad. Al agitar las suyas removió corazones ajenos como quien descubre que bajo los huecos oscuros siempre quedan ranuras donde florece la esperanza. No sé... es asombro.
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