cipres1957
Poeta veterano en el portal
Es la hora insostenible, la metafísica del tiempo,
cuando el trino calla sobre la montaña
y los dragones dragan la desesperanza.
Cuando deviene el río que va trepando
menguan los diques callados de castores
y los chillidos de colmillos sobre la madera
anuncian las muertes de los pinos.
Son mis pies entonces los que tiemblan
y mis dedos que rechazan crepúsculos sostenidos
del fino cristal de una gota congelada,
en la rama de otra aburrida encina.
Los vivos mueren y los muertos recuperan el habla
justamente cuando la insobornable noche abre
pisando la alfombra negra sin dar revanchas.
La cruz del sur se atraviesa en la garganta
y los puntos cardinales se confunden, se mixturan
y todo perece en las formas de un teorema,
de la hipótesis inconclusa del pánico,
del resistir sobre la roca trasnochada
alcohólica y vehemente, sin redes
que detengan la inconsistencia del ser.
No hay regreso entonces; las vías se cierran
en círculos y todo recomienza a la hora exacta
en el preciso instante de los relojes agotados,
de la esencia mutante, de las ranas en los pozos
que croan al cielo en los aljibes de piedras.
Y soy un batracio más, sumergido en la bruma,
náufrago anónimo en la misma inundación.
cuando el trino calla sobre la montaña
y los dragones dragan la desesperanza.
Cuando deviene el río que va trepando
menguan los diques callados de castores
y los chillidos de colmillos sobre la madera
anuncian las muertes de los pinos.
Son mis pies entonces los que tiemblan
y mis dedos que rechazan crepúsculos sostenidos
del fino cristal de una gota congelada,
en la rama de otra aburrida encina.
Los vivos mueren y los muertos recuperan el habla
justamente cuando la insobornable noche abre
pisando la alfombra negra sin dar revanchas.
La cruz del sur se atraviesa en la garganta
y los puntos cardinales se confunden, se mixturan
y todo perece en las formas de un teorema,
de la hipótesis inconclusa del pánico,
del resistir sobre la roca trasnochada
alcohólica y vehemente, sin redes
que detengan la inconsistencia del ser.
No hay regreso entonces; las vías se cierran
en círculos y todo recomienza a la hora exacta
en el preciso instante de los relojes agotados,
de la esencia mutante, de las ranas en los pozos
que croan al cielo en los aljibes de piedras.
Y soy un batracio más, sumergido en la bruma,
náufrago anónimo en la misma inundación.
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