Noviembre

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa
Tembló levemente la hoja.
Se sujetó a la rama
mientras sus compañeras
caían alfombrando el sendero.
Vestían de oro viejo el camino
y mullían los pasos del caminante.

Una nueva ráfaga consiguió soltarla.
Navegando vientos,
meciéndose en el aire,
terminó por depositarse
en el viejo banco.

Se estremeció con el frío de la escarcha,
pequeñas espículas de hielo
revestían los travesaños de madera.
Agradeció el banco la tenue caricia
y se alegró de la nueva presencia.

Extrañaba el canto de alondras
y oropéndolas, sus saltos
sobre el respaldo, los revoloteos,
la algarabía de los parloteos incomprensibles
de los pájaros en la mañana.

Tampoco acudían los ancianos
que cada día en el verano
se sentaban a cambiar impresiones,
a recordar otros tiempos...

Una lluvia fina lavó los maderos del banco
y arrastró al suelo a nuestra hoja.
Un regatillo, recién formado,
la llevó consigo, sendero abajo.
De pronto, el banco, se sintió solo.








 
Última edición:
Tembló levemente la hoja.
Se sujetó a la rama
mientras que sus compañeras
caían alfombrando el sendero.
Vestían de oro viejo el camino
y mullían los pasos del caminante.

Una nueva ráfaga consiguió soltarla.
Navegando vientos,
meciéndose en el aire,
terminó por depositarse
en el viejo banco.

Se estremeció con el frío de la escarcha,
pequeñas espículas de hielo
revestían los travesaños de madera.
Agradeció el banco la tenue caricia
y se alegró de la nueva presencia.

Extrañaba el canto de alondras
y oropéndolas, sus saltos
sobre el respaldo, los revoloteos,
la algarabía de los parloteos incomprensibles
de los pájaros en la mañana.

Tampoco acudían los ancianos
que cada día en el verano
se sentaban a cambiar impresiones,
a recordar otros tiempos...

Una lluvia fina lavó los maderos del banco
y arrastró al suelo a nuestra hoja.
Un regatillo, recien formado,
la llevó consigo, sendero abajo.
De pronto, el banco, se sintió solo.








Me alegra mucho verte publicar y me alegra más que se llame "Noviembre".
Aunque nuestros noviembres sean distintos, cada uno tiene la belleza de los equinoccios, la sabiduría de los términos medios.
Es hermosa la historia de la hojita y el banco. Me gustan los autores que tienen esa sensibilidad que los hace capaces de dar entidad a todo lo que existe. La mirada que ve mucho más que simples elementos del paisaje. Ojos que pueden ver seres sintientes donde otros solo pasan de largo. Se necesita un corazón especial para entender.
Ojalá siempre sigas escribiendo eso que tu mirada sabe atesorar.
Te admiro mucho, amigo.
Abrazos con cariño y mi amistad que celebra tu otoño y mi primavera.
 
Bello poema donde describe un hermoso paisaje y además describe esos momentos y situaciones diarias con una enorme añoranza.
Fue un gran placer leerle Luis, reciba un fuerte abrazo de mi parte.
El otoño y más concretamente noviembre, acarrean, al menos para mí, una gran carga de nostalgia y es lo que he querido representar en estos versos. Gracias por llegarte hasta ellos. Un cordial saludo.
 
Me alegra mucho verte publicar y me alegra más que se llame "Noviembre".
Aunque nuestros noviembres sean distintos, cada uno tiene la belleza de los equinoccios, la sabiduría de los términos medios.
Es hermosa la historia de la hojita y el banco. Me gustan los autores que tienen esa sensibilidad que los hace capaces de dar entidad a todo lo que existe. La mirada que ve mucho más que simples elementos del paisaje. Ojos que pueden ver seres sintientes donde otros solo pasan de largo. Se necesita un corazón especial para entender.
Ojalá siempre sigas escribiendo eso que tu mirada sabe atesorar.
Te admiro mucho, amigo.
Abrazos con cariño y mi amistad que celebra tu otoño y mi primavera.
Sabes bien, Cecy, que me gusta dar vida y sentimientos a todo lo que me rodea, como si viviese en un mundo mágico. En ese universo las hojas y los bancos sienten y se relacionan, aunque nos parezca imposible. Y vive en ellos esa nostalgia del tiempo ido y la inquietud del instante que llega. De ahí la importancia de un momento de contacto, de esa pequeña caricia cariñosa que depara el azar. Mis versos son así, un poco tarde para cambiar, pero que a mi me sirven como vía de expresión. Mi mundo tiene bancos, senderos que se cubren de hojas y ausencias del canto de las aves que, regresarán en primavera.
Gracias por tu presencia y por lo acertado de tu comentario. Siempre atenta y siempre presente en mis líneas que te deben tanto.
Un abrazo y mi agradecimiento más profundo.
 
Enorme dulzura y añoranza tienen tus versos Luis. Has pintado con tus palabras un paisaje otoñal muy cotidiano con personificaciones en una situación de soledad que conmueven al lector. Siempre es un lujo leer tus preciosas obras. Un gran abrazo con muchas sonrisas.
Gracias por llegarte hasta estas letras. Noviembre viene acompañado de nostalgia, de esa melancolía que surge de los días que se acortan, las hojas que caen y la necesidad de recluirte en casa más horas de las deseables. Y de eso van mis versos. Ojalá te hayan gustado y hayan sabido encontrar el camino de tu hermosa sensibilidad. Un cordial saludo.
 
Última edición:
Tembló levemente la hoja.
Se sujetó a la rama
mientras que sus compañeras
caían alfombrando el sendero.
Vestían de oro viejo el camino
y mullían los pasos del caminante.

Una nueva ráfaga consiguió soltarla.
Navegando vientos,
meciéndose en el aire,
terminó por depositarse
en el viejo banco.

Se estremeció con el frío de la escarcha,
pequeñas espículas de hielo
revestían los travesaños de madera.
Agradeció el banco la tenue caricia
y se alegró de la nueva presencia.

Extrañaba el canto de alondras
y oropéndolas, sus saltos
sobre el respaldo, los revoloteos,
la algarabía de los parloteos incomprensibles
de los pájaros en la mañana.

Tampoco acudían los ancianos
que cada día en el verano
se sentaban a cambiar impresiones,
a recordar otros tiempos...

Una lluvia fina lavó los maderos del banco
y arrastró al suelo a nuestra hoja.
Un regatillo, recien formado,
la llevó consigo, sendero abajo.
De pronto, el banco, se sintió solo.







Me encanta tu forma de expresarte y de darle alma a todo lo que nos rodea, Luis. Ya no sé si soy la hoja que intenta sujetarse y más tarde tirita, o el banco que agradece tanto una presencia. Es maravilloso ver cómo consigues en tan pocas líneas darles tanta personalidad, te felicito.
Como siempre, un placer leerte.
Saludos cordiales.
Javier
 
Me encanta tu forma de expresarte y de darle alma a todo lo que nos rodea, Luis. Ya no sé si soy la hoja que intenta sujetarse y más tarde tirita, o el banco que agradece tanto una presencia. Es maravilloso ver cómo consigues en tan pocas líneas darles tanta personalidad, te felicito.
Como siempre, un placer leerte.
Saludos cordiales.
Javier
Un placer tenerte entre mis letras. Y no te preocupes, a veces somos hoja, a veces somos banco o brizna de hierba que blanquea la helada. Al pasar por el mundo con los ojos abiertos, descubrimos infinidad de detalles que nos asombran, al menos es lo que a mí me ocurre. Gracias por tu presencia. Un abrazo, cordialmente.
 
Tembló levemente la hoja.
Se sujetó a la rama
mientras que sus compañeras
caían alfombrando el sendero.
Vestían de oro viejo el camino
y mullían los pasos del caminante.

Una nueva ráfaga consiguió soltarla.
Navegando vientos,
meciéndose en el aire,
terminó por depositarse
en el viejo banco.

Se estremeció con el frío de la escarcha,
pequeñas espículas de hielo
revestían los travesaños de madera.
Agradeció el banco la tenue caricia
y se alegró de la nueva presencia.

Extrañaba el canto de alondras
y oropéndolas, sus saltos
sobre el respaldo, los revoloteos,
la algarabía de los parloteos incomprensibles
de los pájaros en la mañana.

Tampoco acudían los ancianos
que cada día en el verano
se sentaban a cambiar impresiones,
a recordar otros tiempos...

Una lluvia fina lavó los maderos del banco
y arrastró al suelo a nuestra hoja.
Un regatillo, recien formado,
la llevó consigo, sendero abajo.
De pronto, el banco, se sintió solo.







Hermosísimos versos justo para otoño con aquellas hojas que caen lentas en mudos susurros. Me gusta el otoño, es una de las estaciones preferidas junto a la primavera, ambas llenas de colores. Me encantó leerle poeta, mis saludos cordiales
 
Hermosísimos versos justo para otoño con aquellas hojas que caen lentas en mudos susurros. Me gusta el otoño, es una de las estaciones preferidas junto a la primavera, ambas llenas de colores. Me encantó leerle poeta, mis saludos cordiales
Muchas gracias Bristy por pasar por mis letras y por el hermoso comentario. El otoño tiene su encanto, aunque para mí viene siempre envuelto en un halo de melancolía.
Agradezco mucho tu presencia. Un abrazo.
 
He tenido la suerte de encontrar este excelente poema... realmente profundo en su argumentación y lleno de una exquisita creatividad. Ciertamente mi estimado Luis algunas veces en nuestras vidas somos esa palpitante hoja que se aleja; y otras veces somos ese solitario banco. Celebro la profundidad del contenido poético y la habilidad del poeta para generar historias con "personajes impensados". Mis saludos y mis respetos como siempre, para su incuestionable pluma.
Afectuosamente:
 
Última edición:
He tenido la suerte de encontrar este excelente poema... realmente profundo en su argumentación y lleno de una exquisita creatividad. Ciertamente mi estimado Luis algunas veces en nuestras vidas somos esa palpitante hoja que se aleja; y otras veces somos ese solitario banco. Celebro la profundidad del contenido poético y la habilidad del poeta de generar historias con "personajes impensados". Mis saliudos y mis respetos como siempre, para su incuestionable pluma.
Afectuosamente:
Muy agradecido a su visita Iván. La vida es maestra y nos ofrece oportunidades en cada momento y cada instante si somos capaces de observar todo aquello que nos rodea. Yo, simplemente, es lo que pretendo hacer y darle voz. Muchas gracias por llegar hasta estas letras y dejar un hermoso comentario. Un cordial saludo.
 
Tembló levemente la hoja.
Se sujetó a la rama
mientras que sus compañeras
caían alfombrando el sendero.
Vestían de oro viejo el camino
y mullían los pasos del caminante.

Una nueva ráfaga consiguió soltarla.
Navegando vientos,
meciéndose en el aire,
terminó por depositarse
en el viejo banco.

Se estremeció con el frío de la escarcha,
pequeñas espículas de hielo
revestían los travesaños de madera.
Agradeció el banco la tenue caricia
y se alegró de la nueva presencia.

Extrañaba el canto de alondras
y oropéndolas, sus saltos
sobre el respaldo, los revoloteos,
la algarabía de los parloteos incomprensibles
de los pájaros en la mañana.

Tampoco acudían los ancianos
que cada día en el verano
se sentaban a cambiar impresiones,
a recordar otros tiempos...

Una lluvia fina lavó los maderos del banco
y arrastró al suelo a nuestra hoja.
Un regatillo, recien formado,
la llevó consigo, sendero abajo.
De pronto, el banco, se sintió solo.







La Naturaleza florece en cada uno de sus instantes, renovándose, vistiéndose de mil colores, dando forma a nuevas vivencias, volviendo a ser reminiscencia eterna de lo que fue, es y será su verdadera esencia.
Ayyyyyy Luís tienen vida propia tus versos, nos pueblan el alma de sensaciones placenteras, cada una de ellas a cual más bella, cada una de ellas hablándonos de tu talento y arte. Mil besos, entrañable amigo, rebosando admiración y cariño.....muáááácksssss
 
La Naturaleza florece en cada uno de sus instantes, renovándose, vistiéndose de mil colores, dando forma a nuevas vivencias, volviendo a ser reminiscencia eterna de lo que fue, es y será su verdadera esencia.
Ayyyyyy Luís tienen vida propia tus versos, nos pueblan el alma de sensaciones placenteras, cada una de ellas a cual más bella, cada una de ellas hablándonos de tu talento y arte. Mil besos, entrañable amigo, rebosando admiración y cariño.....muáááácksssss
Todas esas cosas nos rodean, Isabel y yo ya tengo edad para escucharlas, para entrar en sus pensamientos e intimidades. Instantes eternos, gestos sencillos. El resbalar de las gotas de lluvia por las hojas satinadas del magnolio. La soledad de un paseo o el fluir repetitivo y continuo de la fuente en un parque. Me hablan y yo, yo me limito a escucharlos.
Gracias por llegar a estas letras, es un lujo tenerte de lectora.
Un gran abrazo y muchos besos.
 
Última edición:
Todas esas cosas nos rodean, Isabel y yo ya tengo edad para escucharlas, para entrar en sus pensamientos e intimidades. Instantes eternos, gestos sencillos. El resbalar de las gotas de lluvia por las hojas satinadas del magnolio. La soledad de un paseo o el fluir repetitivo y continuo de la fuente en un parque. Me hablan y yo, yo me limito a escucharlos.
Gracias por llegar a estas letras, es un lujo tenerte de lectora.
Un gran abrazo y muchos besos.
Un lujo es tenerte de amigo, poeta y escritor y disfrutar de tu querida presencia....muááaaackssssss
 

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