La imagen femenina hermosamente sugerente, obra del pintor hiperrealista ruso Serge Marshennikov, es una verdadera provocación poética que has sabido materializar en estos versos de impecable factura y notable lirismo. Ya era hora de que la RAE aceptara el adjetivo «acechante» que hasta la anterior edición (22ª) no figuraba entre los vocablos oficiales de nuestra lengua. Un gran trabajo el que has hecho, amigo mío, digno de tu talentosa pluma y todo un obsequio para nosotros los amantes de la poesía.
Algunos detalles menores he encontrado (ver cita adjunta), pero el que más llama mi atención es el encabalgamiento entre el segundo serventesio, que termina sintácticamente en el tercer verso, y el primer terceto. En el verso * no entiendo el uso que le das al «;», tal vez un error de transcripción o una mala interpretación mía. En fin... ¡soberbio soneto! ¡Enhorabuena!
No me siento merecedor, amigo Elhi, y te hablo en serio, de tu elogio ni de la generosidad de tu palabra, aunque sin duda lo agradezco y lo valoro infinitamente.
Creo que en este soneto me he apartado un poco de mi tradicional purismo, algo que busqué a posta y de cuyo resultado me siento personalmente satisfecho.
He retocado los detalles de puntuación que, a buen seguro de manera acertada, me has sugerido. No entiendo sin embargo, el pecado que he podido cometer con el encabalgamiento entre el segundo cuarteto y el terceto, pues además de no considerarlo abrupto, creo que no tiene más delito que el que pueda cometerse si el encabalgamiento fuese entre cuartetos o tercetos.
Te dejo un par de muestras; una de mi adorada Delmira Agostini y otra de Borges, de este tipo de encabalgamientos
Un fuerte abrazo, mi pana.
Florecimiento. Delmira Agostini
La noche entró en la sala adormecida
arrastrando el silencio a pasos lentos...
Los sueños son tan quedos, que una herida
sangrar se oiría. Rueda en los momentos
una palabra insólita, caída
como una hoja de otoño... Pensamientos
suaves tocan mi frente dolorida
tal manos frescas, ¡ah!... ¿por qué tormentos
misteriosos los rostros palidecen
dulcemente?... Tus ojos me parecen
dos semillas de luz entre las sombra,
y hay en mi alma un gran florecimiento
si en mí los fijas; si los bajas, siento
como si fuera a florecer la alfombra.
Cinco sonetos Jorge Luis Borges
Encorvados los hombros, abrumado
por su testa de toro, el vacilante
Minotauro se arrastra por su errante
laberinto. La espada lo ha alcanzado
y lo alcanza otra vez. Quien le dio muerte
no se atreve a mirar al que fue toro
y hombre mortal, en un ayer sonoro
de hexámetros y escudos y del fuerte
batallar de los héroes. Ilusoria
fue tu aventura, trágico Teseo;
de la bifronte sombra la memoria
no ha borrado las aguas el Leteo.
Sobre los siglos y las vanas millas
ésta da horror a nuestras pesadillas.