Hotarubi
Poeta recién llegado
Optografía
Danzaba, entregada a la oscuridad.
Descalza, entre la memoria y el olvido,
nombre sobre nombre.
Sus pies se posaban en la punta del silencio,
como aquella libélula temblorosa,
que se detiene en la pompa de jabón.
Ingravidez corpórea del amor.
Bajo aquél árbol de Casandra,
un juramento se concebía en su lengua,
deshojando a la cempásuchil,
descansando a manera de pincel en el fudeoki.
Y su deseo respondía, al igual que,
la rodopsina a la luz,
un nido fluorescente de la avispa de papel.
Allí pudo ver su voz y fotografió su tacto,
llevándoselo con ella en la retina,
una promesa, entre las grietas de sus labios.