Has vuelto con un regalo maravilloso para los lectores, Lucía.
Es un poema con apenas unas pocas rimas asonantes, mayormente de verso blanco, sin rima, y es muy difícil hacer poesía de altura y con la necesaria musicalidad en ese estilo. Tu poema es una belleza musical. Cuando lo declamas su sonido acaricia el oído y el alma, es pura belleza intrínseca en sí mismo, en su continente. Lo he releído varias veces, para asegurarme que posee una perfecta acentuación en las sílabas que la requieren para dotarlo de un melodioso ritmo, y una perfecta y estética sonoridad, que, junto al rico y poético vocabulario con el que lo adornas, eleva este poema al pedestal donde la poesía se corona de laurel.
Y su contenido es la nostalgia, los recuerdos, la soledad nacida de las ausencias, todo eso, vestidos con la magia de tu pluma insigne para presentarlos como un halo de etérea belleza que despierta al espíritu del lector, en cuyo interior, se emociona profundamente ante tan hermosa creación poética.
Mis estrellas, bella dama, las del firmamento eterno, las coloco sobre vuestro techo celeste, con mi más rendida pleitesía, y, si la maquinilla me lo permite, una reputación muy merecida.
Besos, querida amiga, besos en alas de los vientos. Y gracias por este deleite.