Otro cuento de amor sin para siempre

Monje Mont

Poeta reconocido en el portal
Deshojada la ciudad se arremolina

y desde las ventanas los ojos siguen su trayecto.

La tarde ya cansada de oráculos inciertos, eclipsa las mentiras,

empaña las verdades, sigue perpetuando de Babel todos sus nombres.

En este escondrijo que es la vida, todas las lluvias parecen ser divinas.

No es otoño –aquí el invierno no se cura– pero la gente inventa su salida,

su vuelo seco, su clásico crujir cuando alguien les ultraja.


Las horas tardías barren sus cadáveres. Como ramas secas del árbol de la vida,

las avenidas maldicen abandonos, intentan el olvido de aquellas horas verdes,

de hojas de parra y de serpientes. En el pecho reza la sentencia:

“no hay vacantes” y un ave oscura sobrevuela la esperanza. Por las celosías,

un rumor de alas rotas acalla los rescoldos. Siempre arde el mundo por la tarde,

luego se infectan los ojos de cenizas.


Bésame, clama una pasión sobreviviente acurrucada

bajo el pórtico de un sueño. Clandestinas,

las miradas siguen al flautín del desenfreno

y naufragan paliando esos amores que no cedieron al olvido.

Fue así que Hamelín sobrevivió a la muerte de sus niños.

Y hoy nadie sabe de razones para intentar otras recetas.

Los viejos, ya de viejos, ya de astutos, tienen un oído selectivo.


Y se quiebran las doce en el asfalto – emperador taciturno de las prisas –.

La última cenicienta se guarece. Ha desperdigado muchas zapatillas.

“Alguna regresará con un príncipe en sus manos”, se dice, luego reza.

Las ratas también buscan sus guaridas, pero los niños tiemblan intemperies.


Y aunque llueve aun sobre los tálamos, los amantes tiritan al oído:

“¿por qué aqu
í no es para siempre?”
 
Cenicientas, príncipes y ciudades desojadas. A veces pienso que tendría que salir más. Creo que me estoy perdiendo de muchas cosas, claro que con esto que todos sabemos poco se sale. Antes me gustaba ver como las cenicientas perdían sus zapatillas, alguna vez hasta llegue a ser príncipe, alguna niña me vistió de azul inclusive . Un bello poema que es actual con elementos clásicos y que no esta exento de critica social :). Belo belo como le dije. Un abrazo.
 
Me encantó, poeta. Leerte es un lujo. Saludos con todo mi respeto.
Azalea.
 
Cenicientas, príncipes y ciudades desojadas. A veces pienso que tendría que salir más. Creo que me estoy perdiendo de muchas cosas, claro que con esto que todos sabemos poco se sale. Antes me gustaba ver como las cenicientas perdían sus zapatillas, alguna vez hasta llegue a ser príncipe, alguna niña me vistió de azul inclusive . Un bello poema que es actual con elementos clásicos y que no esta exento de critica social :). Belo belo como le dije. Un abrazo.
Gracias amigo por tu comentario amable y profundo y que me motiva. Un lujo contar con tu apoyo. Un abrazo.
 
Yo creo que los cuentos de hadas, como todo en la vida, los escribe cada uno a su medida,
lo que cambian con el tiempo son los argumentos, los finales pueden ser un para siempre
o no según lo que la gente se invente, tal como inventan la salida del otoño. Me encantó
leerte Monje, un poema que va desnudando el alma y sus intenciones.
Gracias por compartirlo, besitos cariñosos apretados en tus mejillas.
 
Yo creo que los cuentos de hadas, como todo en la vida, los escribe cada uno a su medida,
lo que cambian con el tiempo son los argumentos, los finales pueden ser un para siempre
o no según lo que la gente se invente, tal como inventan la salida del otoño. Me encantó
leerte Monje, un poema que va desnudando el alma y sus intenciones.
Gracias por compartirlo, besitos cariñosos apretados en tus mejillas.
Muchas gracias, estimada poeta, por tu apoyo. Un lujo encontrar tu huella en mis humildes trazos. Un abrazo.
 
Deshojada la ciudad se arremolina

y desde las ventanas los ojos siguen su trayecto.

La tarde ya cansada de oráculos inciertos, eclipsa las mentiras,

empaña las verdades, sigue perpetuando de Babel todos sus nombres.

En este escondrijo que es la vida, todas las lluvias parecen ser divinas.

No es otoño –aquí el invierno no se cura– pero la gente inventa su salida,

su vuelo seco, su clásico crujir cuando alguien les ultraja.


Las horas tardías barren sus cadáveres. Como ramas secas del árbol de la vida,

las avenidas maldicen abandonos, intentan el olvido de aquellas horas verdes,

de hojas de parra y de serpientes. En el pecho reza la sentencia:

“no hay vacantes” y un ave oscura sobrevuela la esperanza. Por las celosías,

un rumor de alas rotas acalla los rescoldos. Siempre arde el mundo por la tarde,

luego se infectan los ojos de cenizas.


Bésame, clama una pasión sobreviviente acurrucada

bajo el pórtico de un sueño. Clandestinas,

las miradas siguen al flautín del desenfreno

y naufragan paliando esos amores que no cedieron al olvido.

Fue así que Hamelín sobrevivió a la muerte de sus niños.

Y hoy nadie sabe de razones para intentar otras recetas.

Los viejos, ya de viejos, ya de astutos, tienen un oído selectivo.


Y se quiebran las doce en el asfalto – emperador taciturno de las prisas –.

La última cenicienta se guarece. Ha desperdigado muchas zapatillas.

“Alguna regresará con un príncipe en sus manos”, se dice, luego reza.

Las ratas también buscan sus guaridas, pero los niños tiemblan intemperies.


Y aunque llueve aun sobre los tálamos, los amantes tiritan al oído:

“¿por qué aqu
í no es para siempre?”
Y nos obsequias tu ventana y nos dejas mirar y mucho más allá; sentir como gotea la melancolía en tus muy logrados versos estimado Monje.
..."Siempre" se usa tanto y sin sentido.
Un gusto leerte de nuevo!
Un abrazo!
Camelia
 
Deshojada la ciudad se arremolina

y desde las ventanas los ojos siguen su trayecto.

La tarde ya cansada de oráculos inciertos, eclipsa las mentiras,

empaña las verdades, sigue perpetuando de Babel todos sus nombres.

En este escondrijo que es la vida, todas las lluvias parecen ser divinas.

No es otoño –aquí el invierno no se cura– pero la gente inventa su salida,

su vuelo seco, su clásico crujir cuando alguien les ultraja.


Las horas tardías barren sus cadáveres. Como ramas secas del árbol de la vida,

las avenidas maldicen abandonos, intentan el olvido de aquellas horas verdes,

de hojas de parra y de serpientes. En el pecho reza la sentencia:

“no hay vacantes” y un ave oscura sobrevuela la esperanza. Por las celosías,

un rumor de alas rotas acalla los rescoldos. Siempre arde el mundo por la tarde,

luego se infectan los ojos de cenizas.


Bésame, clama una pasión sobreviviente acurrucada

bajo el pórtico de un sueño. Clandestinas,

las miradas siguen al flautín del desenfreno

y naufragan paliando esos amores que no cedieron al olvido.

Fue así que Hamelín sobrevivió a la muerte de sus niños.

Y hoy nadie sabe de razones para intentar otras recetas.

Los viejos, ya de viejos, ya de astutos, tienen un oído selectivo.


Y se quiebran las doce en el asfalto – emperador taciturno de las prisas –.

La última cenicienta se guarece. Ha desperdigado muchas zapatillas.

“Alguna regresará con un príncipe en sus manos”, se dice, luego reza.

Las ratas también buscan sus guaridas, pero los niños tiemblan intemperies.


Y aunque llueve aun sobre los tálamos, los amantes tiritan al oído:

“¿por qué aqu
í no es para siempre?”
Buenos días
Unas lindas letras pones a mi alcance
Gracías
Un saludo
 
Deshojada la ciudad se arremolina

y desde las ventanas los ojos siguen su trayecto.

La tarde ya cansada de oráculos inciertos, eclipsa las mentiras,

empaña las verdades, sigue perpetuando de Babel todos sus nombres.

En este escondrijo que es la vida, todas las lluvias parecen ser divinas.

No es otoño –aquí el invierno no se cura– pero la gente inventa su salida,

su vuelo seco, su clásico crujir cuando alguien les ultraja.


Las horas tardías barren sus cadáveres. Como ramas secas del árbol de la vida,

las avenidas maldicen abandonos, intentan el olvido de aquellas horas verdes,

de hojas de parra y de serpientes. En el pecho reza la sentencia:

“no hay vacantes” y un ave oscura sobrevuela la esperanza. Por las celosías,

un rumor de alas rotas acalla los rescoldos. Siempre arde el mundo por la tarde,

luego se infectan los ojos de cenizas.


Bésame, clama una pasión sobreviviente acurrucada

bajo el pórtico de un sueño. Clandestinas,

las miradas siguen al flautín del desenfreno

y naufragan paliando esos amores que no cedieron al olvido.

Fue así que Hamelín sobrevivió a la muerte de sus niños.

Y hoy nadie sabe de razones para intentar otras recetas.

Los viejos, ya de viejos, ya de astutos, tienen un oído selectivo.


Y se quiebran las doce en el asfalto – emperador taciturno de las prisas –.

La última cenicienta se guarece. Ha desperdigado muchas zapatillas.

“Alguna regresará con un príncipe en sus manos”, se dice, luego reza.

Las ratas también buscan sus guaridas, pero los niños tiemblan intemperies.


Y aunque llueve aun sobre los tálamos, los amantes tiritan al oído:

“¿por qué aqu
í no es para siempre?”
Degustar estos maravillosos versos es como volver a la infancia y releer los cuentos de hadas, pero ya mirándolos con ojos de adultos, donde la realidad te dice que eso no existe, que la envidia y el egoísmo reinan en la eternidad del amor. Felicitaciones Monje Mont por su muy profunda y bella poesía, saludos Daniel
 
Y nos obsequias tu ventana y nos dejas mirar y mucho más allá; sentir como gotea la melancolía en tus muy logrados versos estimado Monje.
..."Siempre" se usa tanto y sin sentido.
Un gusto leerte de nuevo!
Un abrazo!
Camelia
Muchas gracias estimada poeta. Tu lectura y tu amable comentario me motivan. Un lujo contar con tu apoyo. Que estés bien. Un abrazo.
 
Degustar estos maravillosos versos es como volver a la infancia y releer los cuentos de hadas, pero ya mirándolos con ojos de adultos, donde la realidad te dice que eso no existe, que la envidia y el egoísmo reinan en la eternidad del amor. Felicitaciones Monje Mont por su muy profunda y bella poesía, saludos Daniel
Gracias estimado Daniel por tu lectura y tu amable y motivador comentario. Un gusto encontrar tu huella. Que estés bien. Un abrazo.
 
Deshojada la ciudad se arremolina

y desde las ventanas los ojos siguen su trayecto.

La tarde ya cansada de oráculos inciertos, eclipsa las mentiras,

empaña las verdades, sigue perpetuando de Babel todos sus nombres.

En este escondrijo que es la vida, todas las lluvias parecen ser divinas.

No es otoño –aquí el invierno no se cura– pero la gente inventa su salida,

su vuelo seco, su clásico crujir cuando alguien les ultraja.


Las horas tardías barren sus cadáveres. Como ramas secas del árbol de la vida,

las avenidas maldicen abandonos, intentan el olvido de aquellas horas verdes,

de hojas de parra y de serpientes. En el pecho reza la sentencia:

“no hay vacantes” y un ave oscura sobrevuela la esperanza. Por las celosías,

un rumor de alas rotas acalla los rescoldos. Siempre arde el mundo por la tarde,

luego se infectan los ojos de cenizas.


Bésame, clama una pasión sobreviviente acurrucada

bajo el pórtico de un sueño. Clandestinas,

las miradas siguen al flautín del desenfreno

y naufragan paliando esos amores que no cedieron al olvido.

Fue así que Hamelín sobrevivió a la muerte de sus niños.

Y hoy nadie sabe de razones para intentar otras recetas.

Los viejos, ya de viejos, ya de astutos, tienen un oído selectivo.


Y se quiebran las doce en el asfalto – emperador taciturno de las prisas –.

La última cenicienta se guarece. Ha desperdigado muchas zapatillas.

“Alguna regresará con un príncipe en sus manos”, se dice, luego reza.

Las ratas también buscan sus guaridas, pero los niños tiemblan intemperies.


Y aunque llueve aun sobre los tálamos, los amantes tiritan al oído:

“¿por qué aqu
í no es para siempre?”


El desamor existe, creo que a los "para siempres" los matan los egos.
Ningún amor es perfecto pero aquel que perdura es que se nutre del aprendizaje diario y la lucha contra la rutina.
Este mundo es muy adverso para quienes deciden emprender la bella tarea de amar, pero con tantos obstáculos el reto se vuelve más interesante.
Tus obras son un lujo para disfrutar y reflexionar.
Un abrazo y muy feliz viernes.
 
El desamor existe, creo que a los "para siempres" los matan los egos.
Ningún amor es perfecto pero aquel que perdura es que se nutre del aprendizaje diario y la lucha contra la rutina.
Este mundo es muy adverso para quienes deciden emprender la bella tarea de amar, pero con tantos obstáculos el reto se vuelve más interesante.
Tus obras son un lujo para disfrutar y reflexionar.
Un abrazo y muy feliz viernes.
Te agradezco mucho tu lectura y tu comentario profundo, amable y enriquecedor, estimada amiga. Un lujo contar con tu apoyo. Que estés bien. Un abrazo.
 

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