jalvarez_delgado
Poeta veterano en el portal
Me duelen éstas tierras,
estas islas,
estos mares
que sumergen
con su mirada extensiva
el horizonte,
este horizonte dolorido,
herido
por un exterminio.
Me vuelvo con toda mi ira
hacia el humano portentoso
hacia el capitalista inescrupuloso,
destructor,
y quisiera dispararle bosques verdes,
lanzas de araucarias,
y ahogarlo bajo las ramas y redes vengativas ,
paralisarlo con el frío de las lluvias
con el soplo oceánico de junio.
Y me duele,
tanto poder
en unos pocos,
y miles y miles de chilotes
desvalidos,
me duele la impotencia
con la cual también vive
el hombre sencillo.
Me hiere venir del continente
y comprobar las devastadas selvas
en las que Soñé penetrar;
los bosques eran manantiales de su propia
sangre
las verdes copas
las cabelleras gigantes
vistiendo de cenizas,
por aquí pasaron
los gigantes motores.
Comprobar los escasos
mariscos y pescados
que puedo encontrar;
quisiera escupirles mejillones
peces y tiburones,
escupirles la fetides
de su extermiño.
Sólo queda un rugido indomable
que sopla sobre las viviendas de alerce
y los palafitos que han salvado
de la orden de erradicar del alcalde,
sólo queda la lluvia persistente
como un llanto desconsolado
implorando por esta tierra.
Castro junio 89.
estas islas,
estos mares
que sumergen
con su mirada extensiva
el horizonte,
este horizonte dolorido,
herido
por un exterminio.
Me vuelvo con toda mi ira
hacia el humano portentoso
hacia el capitalista inescrupuloso,
destructor,
y quisiera dispararle bosques verdes,
lanzas de araucarias,
y ahogarlo bajo las ramas y redes vengativas ,
paralisarlo con el frío de las lluvias
con el soplo oceánico de junio.
Y me duele,
tanto poder
en unos pocos,
y miles y miles de chilotes
desvalidos,
me duele la impotencia
con la cual también vive
el hombre sencillo.
Me hiere venir del continente
y comprobar las devastadas selvas
en las que Soñé penetrar;
los bosques eran manantiales de su propia
sangre
las verdes copas
las cabelleras gigantes
vistiendo de cenizas,
por aquí pasaron
los gigantes motores.
Comprobar los escasos
mariscos y pescados
que puedo encontrar;
quisiera escupirles mejillones
peces y tiburones,
escupirles la fetides
de su extermiño.
Sólo queda un rugido indomable
que sopla sobre las viviendas de alerce
y los palafitos que han salvado
de la orden de erradicar del alcalde,
sólo queda la lluvia persistente
como un llanto desconsolado
implorando por esta tierra.
Castro junio 89.
Última edición: