Norainu
Poeta fiel al portal
Paquita.
Paquita era, el pueblo entero.
Las manos, las grietas del campo
y las manzanas estaban en su cara.
El blanco de la cal se acostumbró a su sombra,
a sus pasos de delantal y sonrisa amplia.
El pan y las alcachofas, las zanahorias y los puerros,
todas las sopas y estofados que se cocían en el fuego.
El fuego de ella.
Ancha y profunda, con la simpleza que tiene la vida.
Nos achatamos y encojemos para ser parte del arado
y de la sombra de los árboles.
Paquita era, el pueblo entero.
Paquita era, el pueblo entero.
Las manos, las grietas del campo
y las manzanas estaban en su cara.
El blanco de la cal se acostumbró a su sombra,
a sus pasos de delantal y sonrisa amplia.
El pan y las alcachofas, las zanahorias y los puerros,
todas las sopas y estofados que se cocían en el fuego.
El fuego de ella.
Ancha y profunda, con la simpleza que tiene la vida.
Nos achatamos y encojemos para ser parte del arado
y de la sombra de los árboles.
Paquita era, el pueblo entero.
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