Pensares: El vaso de las penas

Luis Prieto

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La noche tendió su manto preñada de estrellas, callada y en silencio la luna se desliza por la mesa nocturna
acariciando con sus besos mi vaso medio lleno y la botella vacía.
Una música humilde acompaña el vaso de las penas que es arca de palabras de un alma herida por otros labios.
Detrás de la penumbra, yace una ilusión que un día brotó cual primavera, llenando de luz y color mi quimera pero todo quedó en un triste sueño cuando la flor que siempre quise, abría sus pétalos en otro jardin.
Las viejas fotos no mienten y me recuerdan que soy un tiempo pasado viviendo en el presente abrazado por el aroma de muebles viejos y desteñidos que guardan alguna historia en algún cajón ennegrecido y polvoriento.
El pasado humedece los ojos reclamando alegrías añejas, llevándome a épocas ya distantes aunque mejores donde todo era azul, todo eran estrellas, donde las pupilas vivían llenas de vida y hoy miran muertas la frustrada huella de la felicidad desapareciendo en la penumbra.
El viejo reloj de pared no gira hacia atrás y las manecillas en su monotonía, marcan una vejez lenta.
Nuestro amor fue áspero con una corona de espinos cardos, ninguno de los dos supimos que el amor se llamaba amor y cuando lo descubrimos, los caminos ya estaban marcados. El cielo, quiso que te buscara por todas partes con tu nombre en mi boca, en la suave brisa de la tarde, en noches sombrías y gélidas, en mis sueños y fantasías, en los caminos donde anduvimos asidos de la mano a pesar de que nadie recordaba tu nombre.
Te busqué por los campos dorados, por altas miradas de los árboles, por las nubes abrazando montañas y valles llevando tu nombre al aire sin embargo... sólo encontré el eco del silencio.
El tiempo puso en las fotos el amarillento color de la nostalgia pernoctando en las desgastadas hojas del álbum.
Viendo pasar las viejas fotos, se me va pasando la vida, borrándose la alegría del pasado cuando se unieron tu corazón y el mío...
Y estoy aquí, sintiendo la nostalgia de mi juventud perdida cuando soñaba ser alguien en el amor. Las horas van pasando y sigo sentado a la mesa, con el vaso que embriagará mi hastío para ahogar juntos a la parida mentira que aquél otoño se aferro a mi carne.
Callada y en silencio, la luna se levanta de la mesa y yo mirando a la botella, me doy cuenta de que soy la botella misma.

Luis
 
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La noche tendió su manto preñada de estrellas, callada y en silencio la luna se desliza por la mesa nocturna
acariciando con sus besos mi vaso medio lleno y la botella vacía.
Una música humilde acompaña el vaso de las penas que es arca de palabras de un alma herida por otros labios.
Detrás de la penumbra, yace una ilusión que un día brotó cual primavera, llenando de luz y color mi quimera pero todo quedó en un triste sueño cuando la flor que siempre quise, abría sus pétalos en otro jardin.
Las viejas fotos no mienten y me recuerdan que soy un tiempo
pasado viviendo en el presente abrazado por el aroma de muebles viejos y desteñidos que guardan alguna historia en algún cajón ennegrecido y polvoriento.
El pasado humedece los ojos reclamando alegrías añejas,
llevándome a épocas ya distantes pero mejores donde todo era azul, todo eran estrellas, donde las pupilas vivían llenas de vida y hoy miran muertas la frustrada huella de la felicidad desapareciendo en la penumbra.
El viejo reloj de pared no gira hacia atrás y las manecillas en su monotonía, marcan una vejez lenta.
Nuestro amor fue áspero con una corona de espinos cardos, ninguno de los dos supimos que el amor se llamaba amor y cuando lo descubrimos, los caminos ya estaban marcados. El cielo, quiso que te buscara por todas partes con tu nombre en mi boca, en la suave brisa de la tarde, en noches sombrías y gélidas, en mis sueños y fantasías, en los caminos donde anduvimos asidos de la mano pero nadie recordaba tu nombre. Te busqué por los campos dorados, por altas miradas de los árboles, por las nubes abrazando montañas y valles llevando tu nombre al aire pero sólo encontré el eco del silencio.
El tiempo puso en las fotos el amarillento color de la nostalgia pernoctando en las desgastadas hojas del álbum.
Viendo pasar las viejas fotos, se me va pasando la vida, borrándose la alegría del pasado cuando se unieron tu corazón y el mío...
Y estoy aquí, sintiendo la nostalgia de mi juventud perdida cuando soñaba ser alguien en el amor. Las horas van pasando y sigo sentado a la mesa, con el vaso que embriagará mi hastío para ahogar juntos a la parida mentira que aquél otoño se aferro a mi carne.
Callada y en silencio, la luna se levanta de la mesa y yo mirando a la botella, me doy cuenta de que soy la botella misma.

Luis
Ayyy Luís, recuerdos y añoranzas que precipitan su vacío sobre una mesa donde las sombras caminan con tristeza. Un pasado feliz que se niega a volver, que no ahoga su pena en el más puro licor, que aprendió a nadar dentro de tu herido corazón... ayyy cuánta nostalgia y melancolía destilan estas bellas letras, tan aderezadas de sentimiento y lirismo, ayyy mi querido amigo, como siempre me voy impregnada del arte de tu singular pluma, siempre encantada de leerte. Besazos pa que sobren mi querido amigo y admirado Escudero.....muááááaacksssss...
 
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La noche tendió su manto preñada de estrellas, callada y en silencio la luna se desliza por la mesa nocturna
acariciando con sus besos mi vaso medio lleno y la botella vacía.
Una música humilde acompaña el vaso de las penas que es arca de palabras de un alma herida por otros labios.
Detrás de la penumbra, yace una ilusión que un día brotó cual primavera, llenando de luz y color mi quimera pero todo quedó en un triste sueño cuando la flor que siempre quise, abría sus pétalos en otro jardin.
Las viejas fotos no mienten y me recuerdan que soy un tiempo
pasado viviendo en el presente abrazado por el aroma de muebles viejos y desteñidos que guardan alguna historia en algún cajón ennegrecido y polvoriento.
El pasado humedece los ojos reclamando alegrías añejas,
llevándome a épocas ya distantes pero mejores donde todo era azul, todo eran estrellas, donde las pupilas vivían llenas de vida y hoy miran muertas la frustrada huella de la felicidad desapareciendo en la penumbra.
El viejo reloj de pared no gira hacia atrás y las manecillas en su monotonía, marcan una vejez lenta.
Nuestro amor fue áspero con una corona de espinos cardos, ninguno de los dos supimos que el amor se llamaba amor y cuando lo descubrimos, los caminos ya estaban marcados. El cielo, quiso que te buscara por todas partes con tu nombre en mi boca, en la suave brisa de la tarde, en noches sombrías y gélidas, en mis sueños y fantasías, en los caminos donde anduvimos asidos de la mano pero nadie recordaba tu nombre. Te busqué por los campos dorados, por altas miradas de los árboles, por las nubes abrazando montañas y valles llevando tu nombre al aire pero sólo encontré el eco del silencio.
El tiempo puso en las fotos el amarillento color de la nostalgia pernoctando en las desgastadas hojas del álbum.
Viendo pasar las viejas fotos, se me va pasando la vida, borrándose la alegría del pasado cuando se unieron tu corazón y el mío...
Y estoy aquí, sintiendo la nostalgia de mi juventud perdida cuando soñaba ser alguien en el amor. Las horas van pasando y sigo sentado a la mesa, con el vaso que embriagará mi hastío para ahogar juntos a la parida mentira que aquél otoño se aferro a mi carne.
Callada y en silencio, la luna se levanta de la mesa y yo mirando a la botella, me doy cuenta de que soy la botella misma.

Luis



El recuerdo siempre haciendo sus algarabías dentro del corazón...Triste prosa, de un viento que pernocta en sus vidrios...Mis abrazos amigo.
 
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La noche tendió su manto preñada de estrellas, callada y en silencio la luna se desliza por la mesa nocturna
acariciando con sus besos mi vaso medio lleno y la botella vacía.
Una música humilde acompaña el vaso de las penas que es arca de palabras de un alma herida por otros labios.
Detrás de la penumbra, yace una ilusión que un día brotó cual primavera, llenando de luz y color mi quimera pero todo quedó en un triste sueño cuando la flor que siempre quise, abría sus pétalos en otro jardin.
Las viejas fotos no mienten y me recuerdan que soy un tiempo
pasado viviendo en el presente abrazado por el aroma de muebles viejos y desteñidos que guardan alguna historia en algún cajón ennegrecido y polvoriento.
El pasado humedece los ojos reclamando alegrías añejas,
llevándome a épocas ya distantes pero mejores donde todo era azul, todo eran estrellas, donde las pupilas vivían llenas de vida y hoy miran muertas la frustrada huella de la felicidad desapareciendo en la penumbra.
El viejo reloj de pared no gira hacia atrás y las manecillas en su monotonía, marcan una vejez lenta.
Nuestro amor fue áspero con una corona de espinos cardos, ninguno de los dos supimos que el amor se llamaba amor y cuando lo descubrimos, los caminos ya estaban marcados. El cielo, quiso que te buscara por todas partes con tu nombre en mi boca, en la suave brisa de la tarde, en noches sombrías y gélidas, en mis sueños y fantasías, en los caminos donde anduvimos asidos de la mano pero nadie recordaba tu nombre. Te busqué por los campos dorados, por altas miradas de los árboles, por las nubes abrazando montañas y valles llevando tu nombre al aire pero sólo encontré el eco del silencio.
El tiempo puso en las fotos el amarillento color de la nostalgia pernoctando en las desgastadas hojas del álbum.
Viendo pasar las viejas fotos, se me va pasando la vida, borrándose la alegría del pasado cuando se unieron tu corazón y el mío...
Y estoy aquí, sintiendo la nostalgia de mi juventud perdida cuando soñaba ser alguien en el amor. Las horas van pasando y sigo sentado a la mesa, con el vaso que embriagará mi hastío para ahogar juntos a la parida mentira que aquél otoño se aferro a mi carne.
Callada y en silencio, la luna se levanta de la mesa y yo mirando a la botella, me doy cuenta de que soy la botella misma.

Luis
Todo un placer disfrutar de esta prosa con tantos tintes poéticos encerrados en sus líneas y en esas fotografías que perecen ser protagonistas en el devenir del tiempo, tan bien evocado. Celebro haber pasado por este espacio, querido Luis, en el que nos das nueva muestra de tus magníficas capacidades.
Recibe un fuerte abrazo y mis muchos afectos.
Salvador.
 
Ayyy Luís, recuerdos y añoranzas que precipitan su vacío sobre una mesa donde las sombras caminan con tristeza. Un pasado feliz que se niega a volver, que no ahoga su pena en el más puro licor, que aprendió a nadar dentro de tu herido corazón... ayyy cuánta nostalgia y melancolía destilan estas bellas letras, tan aderezadas de sentimiento y lirismo, ayyy mi querido amigo, como siempre me voy impregnada del arte de tu singular pluma, siempre encantada de leerte. Besazos pa que sobren mi querido amigo y admirado Escudero.....muááááaacksssss...

Muchas gracias mi querida amiga por dejar estas bellas palabras que sabes que siempre valoro. Te mando un fuerte abrazo y muchos besos Isabel
 
Todo un placer disfrutar de esta prosa con tantos tintes poéticos encerrados en sus líneas y en esas fotografías que perecen ser protagonistas en el devenir del tiempo, tan bien evocado. Celebro haber pasado por este espacio, querido Luis, en el que nos das nueva muestra de tus magníficas capacidades.
Recibe un fuerte abrazo y mis muchos afectos.
Salvador.

Te pido disculpas mi buen amigo ante la tardanza en contestarte...ya sabes, la vida laboral.
Muchas gracias por tus gratas palabras y halagos que siempre valoro.
Recibe un fuerte y fraternal abrazo mi buen Salva.
 
El vaso medio vacío pide cancha para ahogar el dolor y la frustración de lo que pudo ser la vida con amor. ¡Impresionante prosa! Un verdadero placer disfrutar de este íntimo y magistral escrito. Luis, reciba la más cordial felicitación y saludo.
 
El vaso medio vacío pide cancha para ahogar el dolor y la frustración de lo que pudo ser la vida con amor. ¡Impresionante prosa! Un verdadero placer disfrutar de este íntimo y magistral escrito. Luis, reciba la más cordial felicitación y saludo.

Mi buen amigo Daniel, que alegría saber de usted máxime con su grata presencia en estas letras acompañadas por un vaso medio lleno... (digamos de agua) pues no soy de alcohol.
Reciba un fuerte y afectuoso abrazo de admiración Daniel.
 
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La noche tendió su manto preñada de estrellas, callada y en silencio la luna se desliza por la mesa nocturna
acariciando con sus besos mi vaso medio lleno y la botella vacía.
Una música humilde acompaña el vaso de las penas que es arca de palabras de un alma herida por otros labios.
Detrás de la penumbra, yace una ilusión que un día brotó cual primavera, llenando de luz y color mi quimera pero todo quedó en un triste sueño cuando la flor que siempre quise, abría sus pétalos en otro jardin.
Las viejas fotos no mienten y me recuerdan que soy un tiempo pasado viviendo en el presente abrazado por el aroma de muebles viejos y desteñidos que guardan alguna historia en algún cajón ennegrecido y polvoriento.
El pasado humedece los ojos reclamando alegrías añejas, llevándome a épocas ya distantes pero mejores donde todo era azul, todo eran estrellas, donde las pupilas vivían llenas de vida y hoy miran muertas la frustrada huella de la felicidad desapareciendo en la penumbra.
El viejo reloj de pared no gira hacia atrás y las manecillas en su monotonía, marcan una vejez lenta.
Nuestro amor fue áspero con una corona de espinos cardos, ninguno de los dos supimos que el amor se llamaba amor y cuando lo descubrimos, los caminos ya estaban marcados. El cielo, quiso que te buscara por todas partes con tu nombre en mi boca, en la suave brisa de la tarde, en noches sombrías y gélidas, en mis sueños y fantasías, en los caminos donde anduvimos asidos de la mano pero nadie recordaba tu nombre. Te busqué por los campos dorados, por altas miradas de los árboles, por las nubes abrazando montañas y valles llevando tu nombre al aire pero sólo encontré el eco del silencio.
El tiempo puso en las fotos el amarillento color de la nostalgia pernoctando en las desgastadas hojas del álbum.
Viendo pasar las viejas fotos, se me va pasando la vida, borrándose la alegría del pasado cuando se unieron tu corazón y el mío...
Y estoy aquí, sintiendo la nostalgia de mi juventud perdida cuando soñaba ser alguien en el amor. Las horas van pasando y sigo sentado a la mesa, con el vaso que embriagará mi hastío para ahogar juntos a la parida mentira que aquél otoño se aferro a mi carne.
Callada y en silencio, la luna se levanta de la mesa y yo mirando a la botella, me doy cuenta de que soy la botella misma.

Luis


Luis debo repetirte que narras de maravilla, la prosa en tu mano se luce libremente, en esta nostálgica entrega las sombras gatean en el recuerdo de un amor que no supo que lo era y por falta de identidad murió en el vacío. Es contagiosa la melancolía que desprende de tu poética historia, embellecida con imágenes tan magníficamente construidas.
No me queda mas que felicitarte
dejándote mis aplausos, mi afecto en un abrazo.
 
Las emociones van danzando/ al compas de los recuerdos/ muchas escenas describiendo/ y la luna como cuna/
con nostálgica atención/ la música de la laguna/ inspiración de corazón/ como tema de canción.
Un gran saludo cordial.
 
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La noche tendió su manto preñada de estrellas, callada y en silencio la luna se desliza por la mesa nocturna
acariciando con sus besos mi vaso medio lleno y la botella vacía.
Una música humilde acompaña el vaso de las penas que es arca de palabras de un alma herida por otros labios.
Detrás de la penumbra, yace una ilusión que un día brotó cual primavera, llenando de luz y color mi quimera pero todo quedó en un triste sueño cuando la flor que siempre quise, abría sus pétalos en otro jardin.
Las viejas fotos no mienten y me recuerdan que soy un tiempo pasado viviendo en el presente abrazado por el aroma de muebles viejos y desteñidos que guardan alguna historia en algún cajón ennegrecido y polvoriento.
El pasado humedece los ojos reclamando alegrías añejas, llevándome a épocas ya distantes pero mejores donde todo era azul, todo eran estrellas, donde las pupilas vivían llenas de vida y hoy miran muertas la frustrada huella de la felicidad desapareciendo en la penumbra.
El viejo reloj de pared no gira hacia atrás y las manecillas en su monotonía, marcan una vejez lenta.
Nuestro amor fue áspero con una corona de espinos cardos, ninguno de los dos supimos que el amor se llamaba amor y cuando lo descubrimos, los caminos ya estaban marcados. El cielo, quiso que te buscara por todas partes con tu nombre en mi boca, en la suave brisa de la tarde, en noches sombrías y gélidas, en mis sueños y fantasías, en los caminos donde anduvimos asidos de la mano pero nadie recordaba tu nombre. Te busqué por los campos dorados, por altas miradas de los árboles, por las nubes abrazando montañas y valles llevando tu nombre al aire pero sólo encontré el eco del silencio.
El tiempo puso en las fotos el amarillento color de la nostalgia pernoctando en las desgastadas hojas del álbum.
Viendo pasar las viejas fotos, se me va pasando la vida, borrándose la alegría del pasado cuando se unieron tu corazón y el mío...
Y estoy aquí, sintiendo la nostalgia de mi juventud perdida cuando soñaba ser alguien en el amor. Las horas van pasando y sigo sentado a la mesa, con el vaso que embriagará mi hastío para ahogar juntos a la parida mentira que aquél otoño se aferro a mi carne.
Callada y en silencio, la luna se levanta de la mesa y yo mirando a la botella, me doy cuenta de que soy la botella misma.

Luis


A veces nuestro corazón es tan leal que el cuerpo vive en el presente, pero él aún en el pasado. Excelente prosa. Un saludo.
 
Luis debo repetirte que narras de maravilla, la prosa en tu mano se luce libremente, en esta nostálgica entrega las sombras gatean en el recuerdo de un amor que no supo que lo era y por falta de identidad murió en el vacío. Es contagiosa la melancolía que desprende de tu poética historia, embellecida con imágenes tan magníficamente construidas.
No me queda mas que felicitarte
dejándote mis aplausos, mi afecto en un abrazo.

Sólo puedo darte infinitas gracias por tus bellas palabras para con mi persona. Siempre intento dar más de lo que puedo y tus halagos Mireya me dan más fuerza si cabe para seguir mejorando.
Muchísimas gracias mi buena amiga por acompañarme.
Recibe un fuerte y cálido abrazo hasta tu orilla Mireya.
 

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