El amarillo viento de otoño
atusaba el espejo del lago,
la pena iluminaba
sus mejillas sin besos,
las nubes eran pálidas pero
más pálida era su alma.
Sobre el agua, su triste mirada,
bajo el agua, quedaban palabras
que fueron mariposas
volando por su vientre
y dibujadas sobre su piel
por dedos de su amante.
¡Ay, pobre mujer rica,
su tez es su desdicha!
No pudo ser aquello que quiso,
sólo jugaron, solo al amor...
y de tantos amores
y de otros tantos besos,
ya todo era tan simple,
que se olvidaron de los te quiero.
Y de aquellos gemidos de carne
sin pronunciar palabra,
de aquellos labios que se buscaban
apasionadamente...
se tornaron en odio
y ardientes corazones de hielo.
¡Ay, pobre mujer rica,
ataviada y sin dicha!
Mientras que el tibio viento de otoño
atusaba el espejo del lago,
bajo el agua quedaba
aquel sueño ahogado,
aquel verbo jamás conjugado...
y sobre el agua, una hoja de otoño
se llevaba sus lágrimas.
Luis
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