Autobiografía de DAMAMISTERIOSA
El 31 de Mayo de 1,976 nace una niña, morenita y regordeta en un hospital público de Guatemala, el Hospital Roosevelt. Mi padre estaba tan feliz de ser padre a los 17 años, que estuvo a punto de morirse de un infarto, sin antes haberse echado a llorar. Y mi madre, una hermosa mujer de 22 años entonces, se quedó al lado de mi padre dándole aire y treinta años después, con tres hijos, le sigue dando aire, porque por cada nacimiento habido: Cada vez más cerca del infarto. Pero sigue vivo y coleando, y mi madre le abanica y de vez en vez le cae a palos.
¿De dónde viene mi nombre? Diana del Rosario: El primer nombre por la fascinación de mi padre con la mitología. Rosario, la fortuna de que así se llame mi madre.
Recorrí una infancia mayoritariamente feliz, siempre con sus tropiezos y con las fatalidades que todo niño vive y sobrevive ya que el perder al jugar avioncito o perderse un capítulo de Candy era para que el mundo se me viniera encima
Siendo una niña precoz (según el juicio de mis padres) me gradué a la edad de 10 años de Mecanógrafa Profesional y a los 11 años de Taquígrafa Profesional, razones de sobra para ganarme la vida sin seguir estudiando, lo cual, obviamente, era una utopía en mi mundo de muñecas y trastecitos. Entonces, ante estas habilidades, mi padre optó por darle descanso a su Secretaria personal de toda la vida (mi madre), para encomendarme a mí la labor de transcribir a máquina de escribir (mecánica, Remington que todavía está por acá en casa y que siempre será mía, ya pedí que cuando me entierren, metan en mi ataúd ese vejestorio) sus borradores sobre los trabajos de literatura que le dejaban en la universidad, cosa que yo hacía con el más profundo placer, ya que comencé entonces a entrar al mundo de Edgar Allan Poe, Miguel Angel Asturias, Ruben Darío, Homero, Dante Alighieri y otros. A los trece años yo ya había leído varios libros de estos autores y comenzaba a interesarme por otros que a mi paso fui descubriendo, como Neruda, Bécquer, Giovanni Bocaccio. Entonces, si a alguien debo agradecerle esto, es, sin duda alguna a mi viejo.
Siempre fui estudiante del estilo nerd, una situación de mi personalidad que me dio muchos problemas en secundaria, ya que mi círculo de amigos se reducían a mis libros, a mis cuadernos y mis lápices. Sin embargo, alguien descubrió mi lado demente y comenzaron los problemas en el colegio. Desde rellenarle de basura las mochilas a mis compañeras (ya que me tuvieron estudiando en colegios de señoritas, no sé por qué), hasta tirarle pastel en la cara a la directora en una ocasión cuando celebramos su cumpleaños, pero aclaro aquí que lo hice por jugar y porque estaba tan emocionada que agregara más años de tortura para nosotras, que no encontraba la forma de agradecérselo. Pertenecí a una escuela de teatro que formaron en el colegio en el diversificado, me gradué con honores y llegué ebria a portar la Bandera Nacional de Guatemala, ¡el momento más gratificante cuando me llamaron para darme una medalla de honor y me caí en medio del escenario porque ya no podía sostenerme en pie! Obtuve al final el título de Secretaria Ejecutiva Bilingüe (Español-Inglés) con Especialidad en Computación. Se lee pomposo pero redúzcanlo a Secretaria. Y de eso trabajo hoy en día. La universidad la dejé por pura rebeldía y hoy pago el haberla abandonado, pero eso
es otra historia.
Desde los seis llenaba ya mis pequeños diarios (los que odiaba porque mi madre me compraba de aquellos libritos adornados con encajes y candaditos, pero como no tenía medios para comprarme los que me gustaban tuve que aguantarme con esos) con mis consabidos dramas mentales y luego, cuando ya al fin pude viajar sola, iba a una ciudad cerca de la capital de Guatemala: Antigua. Allí, en el cementerio San Lázaro, escribía bajo la sombra de un árbol mis primeros poemas, comencé a ver más allá de la trivialidad de la muerte (o al menos a tratar de) y a preguntarme muchas cosas que mis padres no lograban entender por qué las preguntaba. Me reprendieron mucho al darse cuenta de mi tendencia al escribir, ni qué decir de la música de trova cuando me comenzó a gustar. Y aún hoy escucho las cintas que alcancé a salvar cuando mi madre me tiró todo eso a la basura, apenas se escuchan pero me hacen recordar con dicha aquellos tiempos. Y leo los pedazos de cuadernos quemados que logré rescatar y son como haber guardado rompecabezas de lo que es DamaMisteriosa al día de hoy.
No recuerdo bien cómo o por qué llegué a Mundo Poesía, pero siento que esto ahora no importa, lo que importa es que aquí estoy, que aquí soy libre (cuando Julia no me regañe) y que si hay algo que no cambiaría jamás por nada, sería el compartir lo que habita dentro de mi mente (que viaja tanto, que ya es cliente preferente de la locura) con ustedes
y como buena gótica (que no lo soy), déjenme morir así: Con mi máquina de escribir vieja, mis pensamientos, mi Mundo y mis poemas.
Y como mi estilo me impide ponerme cursi, no los quiero... los odio con toda mi alma jejejejjee
DAMAMISTERIOSA