MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Lejano,
distante,
a veces.
Una carcajada solitaria
ante tanta derrota distraída.
Es un puño
en la muela de la guerra.
Una piedra
en el vidrio de la muerte.
Una ausencia
en la fiesta de los ricos.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Su delirio es un barco
en medio del océano.
Es un guerrero
buscando alguna estrella,
inventando algún fuego,
pescando una canción,
construyendo un refugio.
No conoce límites
ni fronteras,
ni contratos,
ni diplomas,
ni templos de esos,
que no tienen dios,
ni lo buscan.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
No lo invites a fiestas.
No irá contigo a divertirse
en el boliche de moda.
No irá.
No disfruta corriendo
en la ruedita de la jaula.
No pretende volar
entre veinte paredes
herméticas,
cuadriculadas,
iguales,
programadas.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
No da para pedir.
No busca distraerse
de sus reflexiones
y búsquedas.
No compite.
No envidia.
No ambiciona.
No busca ilusionarse
ni desilusionarse.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Sus fiestas son fogones.
Abrazos entre hermanos.
Palabras que no aten.
Besos que no lastimen.
Miradas que no callen.
Encuentros para siempre.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Pasa,
incomprendido,
por un mundo de títeres.
Lleva luz en los pasos.
Pasajero galáctico
sin pasaje ni abismo.
Su destino es el viento.
Y es felíz.
Muy felíz,
tan sólo
caminando el camino.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Que no puede parar de reír,
ni de vivir.
Y es un aburrimiento tan,
pero tan divertido...
es un ser aburrido.
Lejano,
distante,
a veces.
Una carcajada solitaria
ante tanta derrota distraída.
Es un puño
en la muela de la guerra.
Una piedra
en el vidrio de la muerte.
Una ausencia
en la fiesta de los ricos.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Su delirio es un barco
en medio del océano.
Es un guerrero
buscando alguna estrella,
inventando algún fuego,
pescando una canción,
construyendo un refugio.
No conoce límites
ni fronteras,
ni contratos,
ni diplomas,
ni templos de esos,
que no tienen dios,
ni lo buscan.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
No lo invites a fiestas.
No irá contigo a divertirse
en el boliche de moda.
No irá.
No disfruta corriendo
en la ruedita de la jaula.
No pretende volar
entre veinte paredes
herméticas,
cuadriculadas,
iguales,
programadas.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
No da para pedir.
No busca distraerse
de sus reflexiones
y búsquedas.
No compite.
No envidia.
No ambiciona.
No busca ilusionarse
ni desilusionarse.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Sus fiestas son fogones.
Abrazos entre hermanos.
Palabras que no aten.
Besos que no lastimen.
Miradas que no callen.
Encuentros para siempre.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Pasa,
incomprendido,
por un mundo de títeres.
Lleva luz en los pasos.
Pasajero galáctico
sin pasaje ni abismo.
Su destino es el viento.
Y es felíz.
Muy felíz,
tan sólo
caminando el camino.
Un poeta peregrino
es un ser aburrido.
Que no puede parar de reír,
ni de vivir.
Y es un aburrimiento tan,
pero tan divertido...
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