Por fin te soñé, como a un poema que solo en la patria de los sueños se nos da. A la vez, fue tan real, como una clara música o algo maravilloso que – sí lo es - se convierte en posibles deseos. Y por fin, como nunca nos miramos con un delicioso sabor en los ojos, en el alma y en la sangre, largo y profundamente.
Aunque nunca seamos amistad, en la quimera fuimos viejos amigos, confidentes, nos convertimos en ese sentir que se vive después de la muerte, en ese horizonte que allá atrás más allá de ellos mismos, los amantes, dejan de mirar. Tan solo son palabras soñadas, pero anheladas y se distinguen de las normales o despiertas ya que estas deben estar claramente separadas. Por demás, es recomendado – por mi – porque asi se evitan ideas o términos confusos como, versos de otro mundo y de los cuales no hay evidencias que sean o vengan de allí.
Te soñé y con paciencia besé la sureña belleza de tus cejas, tus pestañas, estrellitas de hilo que constantemente guardan y besan a tu mirada. Toqué tu pelo, olí el aromático rio que yace en la cabeza de tu mundo. Y aunque quise acariciar a cada uno de tus cabellos, no pude, pero a los que si, con curioso sentir les agradecí el extenso y mágico misterio que de ti ejercían sobre de mi. De tus encantos, del sexo y tu susurrada voz. Dentro de los limites de un milagro soñado, fue una impaciente dulzura, y como ninguno, un gozo el pasear por los pasillos de tu belleza y sensitivo ser.
Fue un vivir de tan diferentes lunas, un casi a las afueras de este mundo y extrañamente quedo escrito en hojas de un color celeste y blanco, como el color del tiempo. Algo interesante es que sentí morir o el más allá, la idea que después del trance o la partida no sabemos ni que siquiera esto sucedió. Percibí otros días, cosas secretas, una mezcla entre el espíritu y las lineas de mis poemas. Bueno, por fin te he soñado y aunque contento con este breve milagro, no pierdo la esperanza que en este nuestro tiempo y espacio seas la elusiva ilusion de mis quimeras.
Fidel Guerra, Oregon, Dic, 30, 2020.
Aunque nunca seamos amistad, en la quimera fuimos viejos amigos, confidentes, nos convertimos en ese sentir que se vive después de la muerte, en ese horizonte que allá atrás más allá de ellos mismos, los amantes, dejan de mirar. Tan solo son palabras soñadas, pero anheladas y se distinguen de las normales o despiertas ya que estas deben estar claramente separadas. Por demás, es recomendado – por mi – porque asi se evitan ideas o términos confusos como, versos de otro mundo y de los cuales no hay evidencias que sean o vengan de allí.
Te soñé y con paciencia besé la sureña belleza de tus cejas, tus pestañas, estrellitas de hilo que constantemente guardan y besan a tu mirada. Toqué tu pelo, olí el aromático rio que yace en la cabeza de tu mundo. Y aunque quise acariciar a cada uno de tus cabellos, no pude, pero a los que si, con curioso sentir les agradecí el extenso y mágico misterio que de ti ejercían sobre de mi. De tus encantos, del sexo y tu susurrada voz. Dentro de los limites de un milagro soñado, fue una impaciente dulzura, y como ninguno, un gozo el pasear por los pasillos de tu belleza y sensitivo ser.
Fue un vivir de tan diferentes lunas, un casi a las afueras de este mundo y extrañamente quedo escrito en hojas de un color celeste y blanco, como el color del tiempo. Algo interesante es que sentí morir o el más allá, la idea que después del trance o la partida no sabemos ni que siquiera esto sucedió. Percibí otros días, cosas secretas, una mezcla entre el espíritu y las lineas de mis poemas. Bueno, por fin te he soñado y aunque contento con este breve milagro, no pierdo la esperanza que en este nuestro tiempo y espacio seas la elusiva ilusion de mis quimeras.
Fidel Guerra, Oregon, Dic, 30, 2020.
Última edición: