Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Por qué lloras a solas,
princesita encantada?,
si bien sabes que soy
tu guardián y tu aldaba,
el amor del silencio,
quien no grita, quien calla,
el amante que espera
al trasluz, en tu cama,
añorando el calor
de tus sábanas blancas,
recordando tu risa,
tus esquivas miradas,
el que ansiando tus besos
floreció entre las calas,
transformado en susurros
desde aquella mañana
que la muerte poluta
le hizo pasto en sus llamas.
¿Por qué lloras a solas,
princesita encantada?,
si he burlado el averno
revertido en luz y alba
y seré eternamente
tu fortuna y baraka,
hasta el último día,
cuando seas anciana
y se muestre Azrael
entre espejos del agua,
reclamando tu cuerpo
y librando tu alma
de las tantas tormentas
y otras tantas batallas
que te toca vivir
sin siquiera desearlas.
¡Ya no llores a solas,
princesita encantada!
princesita encantada?,
si bien sabes que soy
tu guardián y tu aldaba,
el amor del silencio,
quien no grita, quien calla,
el amante que espera
al trasluz, en tu cama,
añorando el calor
de tus sábanas blancas,
recordando tu risa,
tus esquivas miradas,
el que ansiando tus besos
floreció entre las calas,
transformado en susurros
desde aquella mañana
que la muerte poluta
le hizo pasto en sus llamas.
¿Por qué lloras a solas,
princesita encantada?,
si he burlado el averno
revertido en luz y alba
y seré eternamente
tu fortuna y baraka,
hasta el último día,
cuando seas anciana
y se muestre Azrael
entre espejos del agua,
reclamando tu cuerpo
y librando tu alma
de las tantas tormentas
y otras tantas batallas
que te toca vivir
sin siquiera desearlas.
¡Ya no llores a solas,
princesita encantada!
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