C
Cisne
Invitado
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.
Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.
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Eladio Parreño Elías
22-Diciembre-2011
Dulcinista
Mientras tomo mi café caliente esta mañana he podido disfrutar de este relato de ratones y de muslos, pienso en la sensualidad que se nos despierta al contemplar lo que no es de nosotros - los muslos de la señora Pelz - y en la diferencia de actitudes...creo que tienes razón con ese cierre, la misma mujer que tiembla ante un ratón, te aseguro que, puede aplastarlo si esta rabiosa ...jejeje
Me ha gustado leerte, seguramente a nuestra querida compañera Mary Mura, le encantará.
felicitaciones y un abrazo
Ana