Ratones y muslos

Hola, tu sabes que hacia una ratita en una esquina????? esperando un ratito ;) Me gusto tu relato esta cómico, picaresco y realista y yo la verdad leyendo tu relato me pregunto, por que será no? que deseamos lo que no tenemos?????? ;) Buen dia, un abrazo.
 
¡Wow! ¡Qué gran relato! Nunca dejes de compartir tu talento con nosotros, por favor.

Un abrazo.
 
Interesante amigo y colega... aunque el refrán diga que "es mejor lo viejo conocido que lo nuevo por conocer", de ilusión es bueno vivir la vida para no amargárnosla después. Saludos y estrellas a la realidad de tu escrito. Abrazos,
 
¡hay los ratones y los muslos! menuda imaginación Eladio, eres un caso, lo he pasado genial leyendo tu tema, y ese final resignado sin pan y con esposa, desde luego. Un verdadero placer tu ingenio. Un abrazo.
 
Bueno que ni pan ni muslos, asi te quedas jajaja
diverdito leerte estimado amigo,
gracias por compartir tu creatividad
estrellitas marineras y un abrazo.
 
Pequeñito ratón y grandes muslos, magnífica imaginación para crear hermosos relatos.
Saludos.
 
Jajajaaja toda una gama de sentimientos en su relato. un gusto pasear en ellos
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



Carlus.jpg


Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011












 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



Carlus.jpg


Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011














Jajajajja amigo, lo que tú querías era probar los muslos de tu vecina,
y ya no te importaba ni el ratón ni el pan. jajajajaj
un poema dedicado.
besos por hacerme reir.
 
[FONT=&quot]Lo que hace un insignificante roedor con las mujeres y hasta con algunos hombres, les brota el pánico, jajajaja
[FONT=&quot]
[FONT=&quot]Y después anda quien los aguanta
[FONT=&quot]Jajaja
[FONT=&quot]
[FONT=&quot]Muy buena narración querido Eladio, me gusto mucho tu obra
[FONT=&quot]
[FONT=&quot]Saludos y abrazos
 
jajajajaja, genial relato,
ahhh, a ti no hay como abrazarte, ni por miedo a un ratón que te aprovechas...
usfff, digo,perdón, al autor de tu relato, jajaajaja.

muy lindo, fresco, e ingenioso.

gracias por hacerme reír.

Pd. Cuando me suba a una silla por miedo a un ratón, cuidaré de no alzar la falda, jjajajjajaja.
 

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